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Tour auténtico

La primera hora y media de carrera, hasta la escapada, fue un verdadero zafarrancho, sin un segundo de descanso

De izquierda a derecha, Devenyns, Sorensen y Fédrigo, durante la etapa.
De izquierda a derecha, Devenyns, Sorensen y Fédrigo, durante la etapa.Bryn Lennon / Getty Images

“Ha sido una etapa de Tour auténtico”, declaró Egoi Martínez, del Euskaltel, que la ha sufrido en su piel y que disfrutará mañana del segundo día de descanso, un día de descanso más auténtico que el primero.

Y no ha hablado de auténtico Tour, sino de Tour auténtico; el matiz tiene su importancia. Una etapa de auténtico Tour sería por ejemplo una de montaña en la que los favoritos se diesen leña hasta quedar exhaustos, y eso no es lo que hemos visto hoy. Lo de hoy ha sido de Tour auténtico. Y no se refería Egoi ni a las figuras que hacen los granjeros con sus tractores y la balas de paja, ni a las pintorescas aldeas pre-pirenaicas que han atravesado. Ni siquiera al galipó del asfalto derretido por la inclemencia del sol de las rutas secundarias francesas ni al terreno rompepiernas que han recorrido durante todo el día, ese que en el pelotón solo tiene un nombre: “pestoso, muy pestoso”.

Con Sorensen de puente, y sin clemencia de los escapados, los de Saxo bank tiraron del pelotón. O vais con él, o no vais

Hacía referencia Egoi a la primera hora y media de carrera, hasta que se formó la escapada que —uf, ya era hora— se marchó en busca de Pau y de la victoria en la etapa. Zafarrancho total, ni un segundo de descanso, ataques y más ataques, grupos que se formaban y que se neutralizaban en un terreno que cuando no era hacia arriba, era hacia abajo. Menos cuatro que aspiran a metas mayores, todo el mundo tenía la orden de estar ahí, en las fugas, y nadie estaba dispuesto a dejar escapar el tren. Un grupo en el que se encontraba Millar peleó duro durante muchos kilómetros enfrentándose al inconformismo de los equipos que no estaban representados allí delante. El parón no llegaba, y sin él no había nada que hacer. Voeckler probó suerte en un duro repecho, con Fédrigo muy atento al movimiento, y se formó un grupo de cinco corredores que, con su empeño, consiguió alzar la bandera blanca en el pelotón cuando se llevaban ya más de 60 kilómetros recorridos. Llegó la paz al grupo y el Sky de Wiggins dio su visto bueno; pero un Saxo Bank, Sorensen, no se conformó y se marchó en solitario.

Entonces, con el pelotón ya calmado y con Sorensen haciendo de puente entre estos y la fuga, este último aventurero pidió clemencia a los fugados, pues sabía de sobra que un pulso de cinco contra uno estaba perdido de antemano. La clemencia le fue negada. Así que Saxo Bank, en una jugada maestra, puso a todo su equipo a tirar del pelotón dando a entender a los fugados que, o vais con Sorensen, o no vais. Los de adelante, perros viejos, entendieron el mensaje y esperaron al danés para forzar así la calma que necesitaban.

El más listo —o el más fuerte o ambas cosas— en Pau fue Fédrigo. Pero la resolución final fue como el capítulo final de un buen libro, uno de esos que te enganchan desde la primera página y que devoras con ansiedad; no importa tanto que el final te deje más o menos satisfecho, el disfrute ha sido ya llegar hasta allí.

Cualquiera de los seis fugados se merecía la victoria. Las fuerzas estaban muy justas e igualadas, y cada uno sacó a relucir sus mejores armas en el arte de rematar. Así que en una etapa de Tour auténtica, ganó un corredor de Tour auténtico, el francés Fédrigo.

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