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España va para largo

La selección sub-19 gana a Grecia y conquista el Europeo ● La mezcla del desequilibrante Deulofeu con Jesé, goleador de la noche y ‘pichichi’ del torneo, resultó capital

Jesé celebra el título con sus compañeros. Ampliar foto
Jesé celebra el título con sus compañeros. AFP

No se discute el modelo, sino que se aplica. España se define y distingue por la persistencia en el pase y en la posesión, incluso por los laureles. Y todas las categorías inferiores de La Roja pretenden calcar el estilo, siempre con el balón por bandera, lejos de un físico colosal porque eso ya llegará; si llega. No es una excepción la sub-19 de Julen Lopetegui, por más que tire de las individualidades. Y su cóctel particular, el de la asociación en la construcción hasta la ruptura en los metros concluyentes, fue definitivo para descuajaringar a Grecia y conquistar por sexta vez —en 11 intentonas— el Europeo. Deulofeu agujereó la zaga y Jesé se ratificó como el pichichi del torneo (5 goles), consecuencia lógica de gobernar duelo, rival y balón, todo en uno. España va para largo.

ESPAÑA, 1-GRECIA, 0

España: Kepa; Joni, Ramalho, Osede, Grimaldo; Campaña, Suso (Denis Suárez, m. 71); Jesé (Bernat, m. 91), Oliver Torres, Deulofeu (Juanmi, m. 84); y Alcácer. No utilizados: Ortolá; Insúa y Salvador Ruiz.

Grecia: Dioudis; Marinakis, Kourmpelis, Bougaidis, Stafylidis; Katidis (Bouchalakis, m. 90), Ballas, Fourlanos (Bakasetas, m. 85); Giannotas, Diamantakos (Lykogiannis, m. 67) y Mavrias. No utilizados: Rougalas; Tsintotas, Triantafyllopoulos.

Gol: 1-0. M. 80. Jesé aprovecha un pase interior de Deulofeu, que realizó una estupenda jugada individual.

Árbitro: Danny Makkelie (HOL). Amonestó a Katidis y Kepa.

Estadio Lillekula de Tallin (Estonia). 7.000 espectadores.

Ausente Saúl por una lesión ante Francia en semifinales, recuperó Lopetegui la figura del delantero centro —tan a pecho se toman eso de ser como la absoluta que en varios duelos han jugado con un 9 mentiroso—, a un Paco Alcácer que no dribla ni descuenta rivales con el balón, pero, todo olfato y puntería, sí que se cobra las posiciones con su cuerpo para fijar a los centrales, jugar de primeras con la línea anterior, soltar latigazos. Lo aclaró al levantarse la persiana al duelo, con dos disparos mal atinados, buenos avisos.

Poco agradeció Grecia que no le presionaran en exceso en la salida del balón —daba pelotazos para alejarse de los problemas—, pero tampoco les incomodó sobremanera el hecho de perseguir casi siempre la pelota, de ensamblarse en su campo para salir al contragolpe, fútbol genético también. Le bastó con eso ante Inglaterra en las semifinales, aderezado con pulmones y corazón, porque aguantó 75 minutos con uno menos. Pero España es otra cosa. Un equipo que solo concedió una ocasión clara —remate demasiado cruzado de Katidis tras una gran jugada de Giannotas— y que se multiplicó en ataque hasta conseguir su gol.

Sustentado por Campaña y Suso en el eje, tan diligentes en el pase como estupendos al corte, España aguardó a la inspiración de Oliver Torres, mediapunta que descifra el juego como pocos, que pone el pase en el momento y lugar adecuado. O, lo que es lo mismo, a las carreras de los extremos. Al principio apareció Jesé, pertinaz en las carreras por el flanco derecho, todo un torbellino por más que en ocasiones equivocara la elección. Probó fortuna en el chut, bien replicado por el guardameta griego, y lo intentó con el centro sin encontrar receptor. Después fue Deulofeu el que reclamó los focos, demoledor en el quiebro, chupón porque se lo exige el equipo, maquiavélico porque siempre insinúa una cosa con la cintura y hace lo contrario con los pies. Uno, dos, tres, cuantos rivales se le pusieran al paso. Pero, de nuevo, los guantes del meta Dioudis e incluso los postes —uno de Campaña y otro de Suso en una falta— esquivaron el gol.

Pero llegó la mezcla de los extremos, el desequilibrio de España. Deulofeu trazó una diagonal hasta el balcón del área y provocó la embestida rival; hueco para el pase, para que Jesé, frente al portero, definiera a gol. Nuevo título de una España que no se acaba.

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