SEMIFINALES | PORTUGAL - ESPAÑA

La fiera en paz

Pepe, un marcador implacable, solo ha cometido una falta en cuatro partidos

Pepe, en el entrenamiento de Portugal
Pepe, en el entrenamiento de PortugalFRANCISCO LEONG / AFP

Suele decir Xavi que, si se tranquilizase, Pepe podría convertirse en el mejor defensa central de la historia del Madrid. Pero la tranquilidad suele ser un bien escaso en Valdebebas, donde es preciso gozar de un temperamento linfático para permanecer ajeno al alboroto. En Opalenica es diferente. El perfume embriagador de los bosques de robles y plátanos siberianos que rodean al majestuoso hotel que aloja a Portugal, en la parte occidental de Polonia, debe de haber causado un efecto salutífero en el espíritu exaltado de Pepe, que vive en paz desde que se concentra con su selección.

Las estadísticas de la UEFA revelan que la fiera permanece en estado de latencia. En Polonia y Ucrania, el defensa brasileño de 29 años, nacionalizado portugués, solo ha liberado su instinto de marcador determinado, atento e implacable. No ha necesitado de violencias ni de imposturas para sostener a Portugal en la primera fase del torneo. Pepe es el central de la Eurocopa que menos faltas ha hecho. Ningún jugador tiene un promedio más bajo de infracciones: una cada 360 minutos disputados.

Cristiano Ronaldo, el capitán de Portugal, defendió a su lugarteniente en Marca: “Para mí, es el mejor central el mundo. Indiscutiblemente. Nadie tiene la intensidad de Pepe. Me hace feliz que sea uno de los capitanes porque es un líder a su manera. Es injusta la mala fama que tiene. A los jugadores que tenemos muchas cualidades las personas nos buscan defectos. Aunque no los tengamos. Pepe no tiene maldad. Siempre es leal y defiende sus colores”.

“Usted dedíquese a jugar”, le advirtió el árbitro Webb antes del partido con los checos

El defensa, que llegó al Madrid en 2007, acumularía un historial envidiable de no ser por sus episodios de enajenación mental transitoria. Patadas, pisotones, plantillazos y una inexplicable serie de conductas melodramáticas en el terreno de juego, normalmente dirigidas a fingir agresiones, le convierten en una figura sospechosa para la parte moderada de la hinchada, que es la mayoría. En el vestuario del Madrid, la coincidencia es casi general: Pepe es un buen tipo cuya nobleza infantil le lleva a obedecer a las figuras que se muestran protectoras con él. En ocasiones, ha obedecido ciegamente sin venir a cuento. En 2011 saltó como un resorte al oír el llamado de Rui Faria, el preparador físico de José Mourinho, que le incitó a que se metiera en el vestuario del Barça, durante las semifinales de la Champions, para salvar el honor de no se sabe quién. Dicen los testigos que Puyol le asestó tal puñetazo que le derribó como a un muñeco de goma. También cuentan que Pepe se levantó como si no le hubieran hecho ni cosquillas y regresó a la batahola. Nada fácil de explicar. Nada extraordinario en la vida de Pepe en los últimos años.

“Al final, se dirigió de nuevo a él: “Le felicito. Siga así y llegará a ser el mejor central del mundo”

El árbitro Howard Webb, inglés, se dirigió a Pepe antes del partido de los cuartos de final contra la República Checa. “Usted dedíquese a jugar”, le dijo con tono tutelar. Con Portugal ya clasificada, volvió a buscarle: “Le felicito. Siga así, que, por ese camino, será el mejor central del mundo”.

El seleccionador portugués, Paulo Bento, le ha nombrado capitán. Pepe lo agradece. Se muestra más sereno. “Yo, si juego a medias, no sé jugar”, ha dicho alguna vez para justificar sus excesos. Este campeonato prueba que la calma no está reñida con su entrega. En los peores momentos de su selección, contra Dinamarca y Holanda, siempre apareció para cortar todo por arriba y por abajo, para anticiparse, para dirigir a los zagueros o para corregir los desajustes. Ante ningún compañero se muestra más receptivo Cristiano que ante Pepe, el único que se atreve a retarlo en el campo para que ayude en la defensa. Junto a él, Bruno Alves, el otro central del equipo, cuestionado antes del torneo, ha comenzado a colocarse mejor y responder con solvencia.

Antonio Gaspar, el fisioterapeuta más valorado por los jugadores lusos, decía ayer en Opalenica que la carrocería privilegiada no es la mejor cualidad del jugador: “Lo que de verdad distingue a Pepe no es su calidad muscular, ni esa elasticidad ni esa combinación de potencia y resistencia, sino su continua vocación de superarse. En cada entrenamiento, en cada partido, intenta ser el mejor y mejorarse a sí mismo”.

“Estoy muy contento de estar jugando bien”, dijo Pepe tras la victoria sobre los checos; “me gustaría dedicar el trofeo a mi hija”. Quizá la paternidad le haya invitado a la reflexión. De momento, la niña puede estar orgullosa de las pocas patadas que propina su padre últimamente. La metamorfosis es llamativa en vísperas de la semifinal contra España del miércoles. Pepe ha pasado de que le piten una falta por partido en la última Liga a que le piten una falta cada cuatro partidos en la Eurocopa.

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