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Un superviviente

Ferrero, que solo había ganado un partido en 2012 tras lesionarse la muñeca izquierda en la playa, remonta a Monfils y jugará los octavos con el vencedor del Federer-Berlocq

Ferrero golpea la bola durante su partido ante Anderson. Ampliar foto
Ferrero golpea la bola durante su partido ante Anderson. EFE

Fue una victoria tejida desde la experiencia y el dolor vencido. Juan Carlos Ferrero llegó a octavos del Masters 1000 de Roma después de ganar 7-5 y 6-3 al francés Monfils, el número 14 mundial, que mandaba 4-1 en la primera manga. Nadie le esperaba­: cuando llegó a Italia, el ex número uno mundial, hoy número 47, solo había ganado un encuentro en 2012. Todo empezó con una uña infectada en Melbourne y acabó en un accidente jugando al vóley playa en Acapulco (México). El talento del español, uno de los competidores más coordinados del circuito, quedó encadenado por una escayola en la muñeca izquierda. Antes de su victoria en Roma, donde Rafael Nadal debuta el miércoles con el alemán Mayer, la historia de un calvario sufrido a los 32 años.

Desde el Abierto de EEUU, ha sufrido un calvario

Antonio Cascales, mentor de Ferrero

“No deja de ser un tema físico, como en estos últimos años”, cuenta Antonio Martínez Cascales, su mentor y entrenador de siempre. “Llegó al Abierto de Australia con problemas en un pie, y jugó el primer partido con el dedo gordo dormido, anestesiado. Al volver, tuvieron que quitarle la uña. Ya le habían quitado la del otro dedo gordo. En total, tres desde el Abierto de Estados Unidos de 2011. Un calvario”, continúa. “Hasta Oviedo, cuando fue convocado para la Copa Davis, no pudo entrenarse a tope. Ahí, contra el kazajo Kukushkin, tuvo que jugar cinco sets. Ganó [su única victoria de 2012 hasta Roma], pero se hizo una rotura fibrilar. Hubo que volver a parar. Fuimos luego a Brasil, aterrizó por la mañana, jugó por la tarde, y se volvió a romper… sin que lo supiéramos. Por eso nos fuimos a jugar a Buenos Aires, donde perdió en tres sets sin moverse. En el hospital se hizo una ecografía y no salió nada”, añade. “Así, pese a que yo no quería, fuimos a Acapulco… ¡y se fracturó una muñeca! Fue al darse con un poste durante un partido de vóley-playa con Almagro, Starace o Nalbandian. Luego, montado en una moto acuática, salió dolorido del mar. El golpe parecía no haber sido nada, pero estuvo semanas escayolado y luego con una férula”.

Antes del inicio de la gira estadounidense de cemento, Ferrero consultó con el médico de los Clippers de Los Ángeles de la NBA y con el del torneo de Indian Wells. Luego, con su doctor de siempre en Valencia. Acabó con una escayola que luego dio paso a una férula, y más tarde se vio obligado a andar un camino que conoce sobradamente.

Entre 2010 y 2011, el español estuvo siete meses sin jugar tras operarse una muñeca y una rodilla. En 2009, maltratado por los dolores de esa muñeca derecha, ya se planteaba la retirada, como volvería a hacer a mediados de 2011. Antes, casi desde que se alzó hasta el número uno (2003), siempre compitió sin continuidad, amargado por la enfermedad (varicela, en 2004) o los dolores en las costillas (2005). Varias veces, la última en 2011, salió de entre los 100 mejores del mundo. Su carrera, que arrancó como un cometa en 2000, cuando lideró la conquista de la primera Copa Davis de España, ha sido una constante remontada.

En eso sigue Ferrero: el jueves, tras ver cómo David Ferrer eliminaba a Fernando Verdasco (6-3 y 7-6), igual que Marcel Granollers a Feliciano López (6-4 y 6-4), se enfrentará al vencedor del Federer-Berlocq. Otra prueba más para un auténtico superviviente.

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