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Spanoulis se come al Barça

El equipo azulgrana se estrella contra el base griego y la eficacia del Olympiacos

Marcelinho trata de eludir a Spanoulis
Marcelinho trata de eludir a Spanoulis AFP

Vassilis Spanoulis le jugó la peor pasada al Barcelona Regal, noqueado desde el primer minuto de un partido que le vino demasiado ancho y en el que no pudo recobrar la lucidez imprescindible para ganarse el pase a la final de la Euroliga. El precio lo conocía muy bien el Barça y no fue capaz de asumirlo. Le faltó desparpajo, decisión y, por supuesto, acierto. No logró desestabilizar lo suficiente a la defensa del Olympiacos, fue casi todo el tiempo a remolque y se perdió irremisiblemente en la tarea de arañar punto a punto sin ritmo, sin precisión.

El Olympiacos consiguió llegar con siete puntos de ventaja (63-56) a los tres minutos y medio finales, un pecado mortal para el Barcelona ante un rival de las características del conjunto griego, que, a partir de ese momento, incrementó su juego especulativo y leyó a la perfección lo que requería cada una de las últimas jugadas.

OLYMPIACOS, 68 BARCELONA REGAL, 64

Olympiacos: Spanoulis (21), Mantzaris (4), Kelsej (0), Dorsey (8) y Antic (4) —equipo inicial—; Hynes (2), Papanikolaou (9), Printezis (14), Sloukas (2), Katsivelis (0) y Law (4).

Barcelona Regal: Marcelinho Huertas (4), Navarro (18), Eidson (0), Lorbek (9) y N'Dong (10) —equipo inical—; Sada (6), Perovic (2), Vázquez (8), Wallace (3), Ingles (0) y Mickael (4).

Árbitros: Luigi Lamonica (Italia), Robert Lottermoser (Alemania) y Tolga Sahin (Italia). Law, eliminado por cinco faltas personales (m. 38).

Sinan Erdem Arena, de Estambul: 16.000 espectadores en la segunda semifinal.

El Barcelona tampoco consiguió dar entonces un golpe de riñones, imprescindible con el marcador como estaba en esa fase crucial. Anotó sus últimos ocho puntos desde la línea de los tiros libres. Y en la defensa se desangró con cada una de las arremetidas lanzadas por el cuadro heleno.

Llegó el Barcelona a situarse a tan solo dos puntos un par de veces (63-61 y 66-64) cuando ya apenas faltaban 43 segundos de juego. Pero la iniciativa, el que llevaba la batuta, siempre fue del Olympiacos. De Spanoulis mayormente, verdugo impenitente y machacón. Marcelinho Huertas falló a 35 segundos de la bocina un triple y completó el horroroso balance de su equipo en la distancia con únicamente tres aciertos en sus 19 lanzamientos. Dominar en el rebote, con diez capturas más, tampoco le valió al Barça debido a sus malos porcentajes en el tiro.

El equipo de Xavi Pascual se pasó el partido con la lengua fuera, persiguiendo a un rival que siempre encontró la receta para volver a poner tierra de por medio cada vez que se estrechaba la brecha en el marcador. Empezó con mal pie el Barça, encajó dos triples de Spanoulis y Mantzoris, se vio abrumado por un 8-0 inicial. A partir de ahí, todo fueron dificultades. A los azulgrana les costó un mundo anotar, sobre todo a sus aleros altos, Mickael, Eidson y también Ingles.

El Olympiacos se movió en su territorio, con posesiones largas del balón, corriendo de vez en cuando, con menos prisas y con más precisión. Al Barcelona le costó todo mucho más, desde mover la pelota hasta buscar su evidente ventaja a veces en el interior de la zona y también ajustar la mirilla. Navarro tardó en conseguir su primera canasta, muy acosado por Mantzaris o Law.

El epicentro de los males que lastraron el juego del Barcelona fue Spanoulis. El Olympiacos se mueve al son de su base, del que depende la creación y el ritmo y muchas veces también la finalización, bien porque anota o bien porque asiste: acabó con 21 puntos y seis asistencias. De los dos bases del Barça, Sada fue el que mejor le contuvo. Marcelinho se vio sobrepasado por la batalla. Defendió mal y se movió sin la precisión y la fantasía de sus mejores días. El Barça fue perdiendo jirones de piel. No afinaba Marcelinho, no se entonaba Eidson, no le entraban a Mickeal, las aportaciones de Ingles, Wallace y Perovic fueron muy limitadas...

El panorama resultó muy desalentador. Pascual no acertó a encontrar el punto de inflexión. Los relevos produjeron efectos muy limitados, cuando no directamente contraproducentes. Ni Navarro, ni Ndong ni Lorbek, los mejores dentro del flojo balance, pudieron revertir la situación y el Barcelona se atrancó una vez más en las semifinales, la sexta.

Así, serán el Olympiacos y el CSKA de Moscú los que se jueguen mañana al supremacía del baloncesto europeo.

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