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Luis Enrique: el largo adiós a Roma

El entrenador asturiano deja el equipo un año después de llegar, fuera de competiciones europeas, “agotado” y enfrentado a la prensa

Luis Enrique en la banda del Olimpico de Roma.
Luis Enrique en la banda del Olimpico de Roma. REUTERS

“¿Dimitir?”, se le preguntó a Luis Enrique, entrenador del Roma, en diciembre. “Nunca digas nunca”, respondió el técnico asturiano. Ese momento ha llegado, y el técnico asturiano ya ha franqueado la puerta que dejó abierta hace seis meses. Franco Baldini, director general del club, ha confirmado esta mañana que Luis Enrique no seguirá en el equipo la temporada que viene porque el entrenador así lo quiere. No desea continuar porque se siente “agotado”, y aunque se le ha pedido que recapacite, Luis Enrique ha dicho no. El exjugador del Barcelona y del Real Madrid, de 42 años, se marcha después de una temporada en el club romano, al que no ha conseguido clasificar para competiciones europeas. Es séptimo, con 53 puntos, a falta de un partido para la conclusión del campeonato.

El adiós de Luis Enrique estaba cantado, al menos para los medios de comunicación italianos, que habían informado de su marcha hace días. Baldini ya ha encontrado el motivo de la marcha del entrenador: la razón de su agotamiento es que el asturiano es una persona pasional. Esa intensidad emocional le ha vaciado, porque en la adversidad la pasión es dolorosa, según se desprende de las palabras del director general. “Es una persona que vive visceralmente su trabajo, por lo que los resultados han influido mucho”, ha dicho el italiano a la televisión Skytg24. También ha anunciado que el preparador se tomará un año sabático.

Es una persona que vive visceralmente su trabajo, por lo que los resultados han influido mucho

Franco Baldini, director general del Roma

No ha sido una temporada fácil para Luis Enrique. El Roma ha rendido por debajo del potencial intuido, ya sea porque se ha visto lastrado por momentos puntuales de mala suerte, ya sea porque la intuición era errada. Por mala suerte perdió a Osvaldo en enero, fichado esta temporada del Espanyol, cuando mejor funcionaba el equipo y justo después de vender a su recambio natural, Borriello, al Juventus. Se quedó sin pólvora en el momento más inoportuno. También se molestó con el árbitro del duelo capitalino que el Roma perdió ante el Lazio en marzo (1-2). "No sé qué he hecho para merecer esta mierda", soltó. Pero la intuición era equivocada con algunos jugadores: Bojan no ha rendido como se esperaba en su primera temporada fuera del Barcelona –solo ha anotado siete goles-, y ha terminado siendo increpado por los aficionados. Tampoco Stekelenburg ha sido el portero infranqueable que se pretendía. Erik Lamela y Pablo Osvaldo han tenido más protagonismo por los puñetazos que se dedicaron que por sus actuaciones en el campo. Y a Totti, eterno referente, ya no se le puede exigir que resuelva partidos todas las semanas. Va camino de los 36 años y ha firmado su peor campaña goleadora desde la temporada 1999-2000. Ocho tantos ha marcado el máximo goleador de la historia del Calcio con una sola camiseta (215). Pero el primer contratiempo lo sufrió Luis Enrique ya en agosto: Iván de la Peña, que iba a ser su ayudante, se bajó de la nave antes de embarcar.

Desde que llegó, el técnico mantuvo una tormentosa relación con los medios de comunicación, con la grada y con la estrella histórica del equipo, Francesco Totti. A la prensa le espetó un “podéis estar tranquilos, queda un día menos para irme de aquí”, después de perder contra el Fiorentina (1-2), el 25 de abril. Y la prensa le respondió al día siguiente, contundente: “Lucho, tienes razón, toda la culpa es tuya”. La grada le ha reprochado no solo los malos resultados –sin tener en cuenta que el palmarés del Roma solo contempla tres scudettos- sino decisiones técnicas. Por encima de todas ellas, la decisión de sentar a Totti. Y con Totti se las tuvo tiesas porque el capitán, suplente al principio, no cede el caudillaje aunque vislumbre la retirada y sea consciente de que hoy es más corazón que piernas.

Baldini parece haber tenido en cuenta todos estos factores, porque hoy ha insistido en que el entrenador “no ha fracasado”, y ha destacado que, según encuestas y estadísticas que el club maneja, el equipo es “tercero en calidad de juego” en el Calcio. El Roma seguía confiando en Luis Enrique, pero no ha podido retenerlo. El entrenador español, visceral dentro y fuera del campo, estaba agotado de tanta guerra. Ni la reconciliación con Totti ha impedido que Luis Enrique cruce una puerta que empezó a abrir en diciembre.