El Madrid exhibe su pegada

El conjunto de Laso impone todo su arsenal ofensivo ante un luchador Banca Cívica (92-84)

Sergio Llull supera la defensa de Satoransky.
Sergio Llull supera la defensa de Satoransky.Andreu Dalmau (EFE)

Por encima de otras consideraciones, este Real Madrid tiene mucha pegada. No le hace falta al conjunto de Laso tener una noche memorable, e incluso pueden sufrir varios lapsus durante los partidos y, aun así, alcanzar registros que a otros equipos les cuesta un mundo. En eso se parece mucho a sus colegas del equipo de fútbol, que metían goles en Madrid al Racing al mismo ritmo que en Barcelona caían las canastas. Porque si algo distingue y reluce en esta plantilla es que la mayoría de sus jugadores atesora unas capacidades ofensivas destacables. Llull, Sergio Rodríguez, Carroll, Singler, Mirotic o Tomic se sienten mucho más cómodos con la pelota que sin ella, viven mirando el aro, se liberan corriendo hacia delante, son gente de rachas y pueden anotar en cuanto se les da un metro. Lo llevan haciendo toda la temporada, potenciados desde la banda por el estilo que intenta imponer Pablo Laso, tan parecido al que gustaba desarrollar en su etapa de jugador.

Estos valores convierten al Madrid en un enemigo incómodo, sobre todo cuando dejas que el partido se convierta en un duelo de canastas, cosa que sorprendentemente intentó el Banca Cívica, lo que llevó las anotaciones por encima de los ochenta puntos, terreno mucho más propicio para el Madrid que para los sevillanos, mejor diseñados para otro tipo de partido. Eso sí, lo pelearon hasta el final, y lograron un resultado digno, a pesar de que en dos ocasiones pareció que les iba a caer un buen chaparrón.

No se puede decir que el Madrid no aprendiese alguna lección del día anterior. Sacando el mismo quinteto inicial, su comportamiento fue bien distinto. Empezando por Llull, influyente siempre, para lo bueno y para lo malo. No termina siempre el base madridista en cuadrar su juego. Olvidada salvo momentos ocasionales la época en que compaginaba dos posiciones, ser base-base le exige gestionar simultáneamente su juego y el de su equipo. Botar, mandar, pasar, tirar o entrar a canasta son unos cuantos factores a manejar, y no siempre le sale bien su combinación.

Durante el primer cuarto, Llull encontró la receta perfecta entre lo individual y lo colectivo, y de su mano el Madrid llevó al Banca Cívica de cabeza hasta hacerles encajar 27 puntos, que se convirtieron en 30 (16 de diferencia) en el primer ataque del segundo cuarto, con un triple precisamente de Llull.

Era el Madrid de los halagos, de la búsqueda de la canasta sin demasiados reparos, del muestrario de buenos tiradores de distancia que posee. Se jugaba al ritmo que mejor le sienta al Madrid y peor al Banca Cívica, un equipo más dedicado normalmente a llevar bien sujetas las bridas de su juego que a entablar una lucha canasta a canasta con su contrincante. Aun así, eligieron el mismo camino que el Madrid había usado para herirles. A la carrera, a triplazo limpio, hasta endorsarle a los blancos 30 puntos en el segundo cuarto (46-44).

Visto que la rotación no había hecho otra cosa que empeorar la situación, Laso volvió a su equipo base y se reeditó lo ocurrido en el primer cuarto del encuentro. El Madrid se convirtió en una máquina de hacer puntos, sobresaliendo esta vez Mirotic, al que últimamente se le estaba echando algo en falta. Es tanto el talento que atesora este jugador que siempre se espera lo mejor.

Contagiados por el acierto de Mirotic, en el Madrid se sumaron todos y Carlos Suárez, con el enésimo triple del equipo (14 de 25 en el partido, un escándalo de acierto) pareció liquidar el partido (72-49, a dos minutos para el final del tercer cuarto). Pero así como la producción ofensiva es una de las fortalezas del Madrid, la gestión de las ventajas no está entre ellas. Banca Cívica no se rindió y de la mano de Calloway se aprovechó del bajón de tensión del Madrid, que dio el partido por concluido antes de tiempo. Pero la ventaja era tan amplia que su esfuerzo solo sirvió para actuar como maquillaje.

La final está servida. Los dos archienemigos, la mayor rivalidad que existe, el mejor ataque frente a la mejor defensa, Madrid contra Barcelona. La cosa promete.

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