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Míchel y el vacío de Juande

El Sevilla confía en que el madrileño detenga la vulgarización de un equipo que ha devorado a cuatro técnicos desde la salida de Ramos

"Míchel es para los sevillistas el mejor entrenador del mundo", proclamó ayer José María del Nido en la presentación de José Miguel González (Madrid, 1963), sentado a su derecha y eternamente sonriente. El presidente del Sevilla escenificó un discurso que ha repetido en tres ocasiones más en tan solo dos años. En febrero de 2010, el técnico era Manolo Jiménez. Ahora lo es Míchel después de que hayan pasado por el banquillo Antonio Álvarez, Gregorio Manzano y Marcelino García Toral. Por el camino se mantuvieron conversaciones con Luis Aragonés y Marcelo Bielsa. La conclusión es evidente: desde la marcha de Juande Ramos, en octubre de 2007, no se ha encontrado al preparador que cumpla los objetivos deportivos y satisfaga las exigencias del club y de la afición.

"El problema no es de plantilla". Esto fue lo primero que advirtió Míchel para deleite de Del Nido y Monchi, el director deportivo, a los que excusó. Míchel llega al Sevilla, por cierto, después de que la primera opción para relevar a Marcelino, Quique Sánchez Flores, no cuajase.

Con su adiós inesperado, Juande provocó un problema insospechado. El Sevilla ganó cinco títulos entre 2006 y 2007 (dos Copas de la UEFA, una Supercopa europea, una Copa del Rey y una Supercopa española). Del Nido y Monchi entendieron que el equipo, con sólidas estructuras, podría mantenerse en la cima con un entrenador de perfil discreto. A Jiménez le tocó lidiar con un grupo campeón, pero muy tocado tras la repentina muerte del defensa Puerta. En su segunda temporada, en 2009, dejó al Sevilla tercero, pero no gozó nunca del cariño de los aficionados. El sevillismo, colmado de títulos, pensaba que Jiménez malgastaba el potencial de una gran plantilla.

A Jiménez le sucedió Álvarez, otro hombre de la casa, que ganó la Copa y quedó en la cuarta posición en la Liga en 2010, pero en el que no se confiaba. Renovado su contrato en el verano, fue destituido a la conclusión de la quinta jornada de la pasada temporada. Manzano, su sustituto, se encontró con un plantel cada vez más débil. Monchi, el hombre milagro antaño, erraba ahora con los fichajes. Aun así, Manzano detuvo la caída del conjunto, que quedó quinto y que ahora, con Marcelino, ha presentado sus peores números desde 2004. "Asumo el mayor reto de mi carrera deportiva", dijo Míchel, el penúltimo as de Monchi en la búsqueda del técnico idóneo para el Sevilla.

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