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El Bizkaia no ve la luz

Los tiros libres deciden a favor del Gran Canaria un partido muy ajustado

No es para el Bizkaia un buen ejemplo los guarismos bajos. Quizás no es el camino, menos ante el que era extraño colista de la ACB que se movió con comodidad en la tónica general de una Liga donde las canastas están más intactas que nunca. No es la defensa lo que actualmente mejor define al equipo de Katsikaris, menos aún sin los largos brazos de Hervelle (al que se ha sustituido temporalmente por el bosnio Krupalija, del Hyères-Toulon francés), ni la multitud de puntos de un gran Marko Banic, lo que mejor define el ataque del equipo vizcaíno. Gran Canaria no era un mal sitio para romper el síndrome del abandono frente al efecto Miribilla.

Se siente el Bizkaia como ausente, teresiano, cuando sale de Bilbao y la cancha de un presuntamente apocado equipo insular, paracía un nido adecuado para dejar los polluelos de la victoria que rompiesen tanta frustración. Hasta el público cantaba a su equipo eso tan doloroso de "pío, pío" cada vez que perdía en la Roca, ahora un tanto agujereada.

GRAN CANARIA 77 - BIZKAIA BB 71

Parciales: 13-14, 19-17, 17-13, 28-27

Gran Canaria: Palacios (11), Bellas (3), Beirán (9), Haynes (15) y Rey (6) —quinteto inicial—, Nelson (6), Green (10), Martínez (8), Savané (-), Bramos (3) y Ekperigin (6).

Bizkaia BB: Jackson (9), Banic (17), Fischer (6), Vasileiadis (7), Grimau (10) —quinteto inicial— Fisher (-), Mavroeidis (3), Mumbrú (10), López (6) y Blums (3).

Árbitros: Mitjana, Guirao y Cardús. Eliminado por faltas personales a Román Martínez, del Gran Canaria.

Unos 4.237 espectadores en el Centro Insular de Deportes

Fue un duelo bajo la techumbre: ahora tiras tú, ahora yo. Y tiró mejor el equipo canario

Pero no, el síndrome continuó. De poco sirvió la igualdad en el marcador en cada cuarto, en el que nadie permitía escapadas de caballo jerezano. Eran como dobles parejas. Los arranques de Haynes y Palacios eran contrarrestados por las respuestas de Banic y Fischer. Luego, tras un ajustado final de primera parte (32-31), las acometidas de Beirán y Rey fueron defendidas por los escudos de Mumbrú y Grimau. Y todo así, con poco nivel de conjunto.

Parecía flaquear el Bizkaia en el último cuarto, cuando el Gran Canaria alcanzó un 72-69 a falta de 1,15m. Ahí se desató el duelo de tiros libres. Ahí, donde derivan los partidos que no han tenido jerarquía, ni jefes, ni pistoleros adecuados. Ahí, como un duelo bajo la techumbre, ahora tú, ahora yo, ahora tú, ahora yo. Los tiros libres, en los tramos finales son el argumento de suspense que buscan quienes solo ven los finales del partido, alargando el mito de que en el baloncesto, el resto sobra.

Es un asunto emotivo, por decisivo, pero nada ilustrativo, por aleatorio. Y le tocó al equipo canario llevarse el partido, más fino con el gatillo que el Bizkaia, que no encuentra el nivel que le pertenece y se escapa de los puestos de play off. Y de su propia personalidad, que es lo más preocupante.

Es largo el camino, y por lo tanto muchas las posibilidades de encontrar la senda adecuada, pero de momento la brújula sigue dando algunos bandazos inadecuados y cediendo decisiones acertadas que podrían fomentar la autoestima de un equipo que vive su temporada más ilusionante: Liga, ¿Copa?, Euroliga. Lo soñado. Pero le falta un punto. Hoy no han sido los tiros libres sino su incapacidad para gobernar sus posibilidades. Vamos que le pasa como a Europa. Nada nuevo bajo la techumbre.

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