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El 'caso Griezmann'

El futbolista francés se impone la ley del silencio tras otra salida de tono con la Real

Suena a título de novela negra o a esas obras de arte de Graham Green. Pero en realidad se trata simplemente de una declaraciones desafortunadas de un futbolista, que ha convertido la pretemporada y el principio de la actual campaña en un polvorín inesperado. Griezmann tiene 20 años y es un futbolista más que prometedor, pero cuando habla, la Real tiembla. Quizás por eso desde el club se ha tratado permanentemente de regular sus comparecencia públicas porque el futbolista francés tiende al exceso, a la falta de medida.

Su último incendio se ha saldado con un anuncio voluntario de ley del silencio y un cambio de representante, acusado por el jugador y su familia como instigador de una posible salida del club donostiarra al término de la presente temporada. La verdad, no obstante, es que el futbolista también colaboró en ese intento cuando afirmó en la concentración con la selección francesa sub 21 que quería "renegociar la cláusula de rescisión de su contrato con al Real —fijada en 30 millones— para poder salir del club y que todos nos beneficiemos de ello".

Llovía sobre mojado, porque Griezmann, durante el verano atendió solícito a los cantos de sirena que le situaban en la órbita del Atlético, equipo al que llenó de alabanzas, sugiriendo un interés personal en cambiar la capital donostiarra por la capital de España. El público de Anoeta no le perdonó el devaneo y le recibió con silbidos que poco a poco han ido desapareciendo de la grada, gracias a su buen nivel de juego. El extremo francés fue capital en el empate contra el Barcelona y a punto estuvo de remontar al Athletic en el clásico vasco.

Su última polémica le ha devuelto al nudo de la tormenta. No es un chico fácil de llevar. "Es muy joven, tiene solo 20 años, y los periodistas le buscan", dice su padre buscando fuera de su entorno a los culpables de su mala cabeza.

De momento, Griezmann ha resuelto de un plumazo ambas cuestiones. Ha abandonado a John Williams, su agente, y se ha autoimpuesto una ley del silencio "para pensar solo en fútbol y hablar en el campo", según afirmaba en un comunicado oficial publicado en la página web del club donostiarra. Todos dicen haber entendido sus errores y sus rectificaciones. Así lo piensa el presidente Aperribay, quien le apercibió por su error, y el entrenador Muntanier, que también ha aceptado sus disculpas y solo piensa en recuperarle futbolísticamente, dejando al margen las cuitas de sus declaraciones. Mañana, en Zaragoza, tendrá que hablar sin palabras. Hablar con las piernas y con la cabeza como le demandan sus compañeros para ser el chico prometedor que es y no la figura que alguien quiso convencerle que era.

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