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La aparición Thievy

El delantero del Espanyol le endosa un triplete al Barcelona y conquista la Copa Catalunya

Ya no se adorna en el pase ni persigue la posesión como un bien preciado, sino que prefiere atender a la herencia histórica del contragolpe como el mejor recurso y el ataque vertical como el filón a explotar. Este Espanyol de Pochettino, independientemente de quién juegue, ha menguado en cuanto a toque pero aspira a ganar en dentellada. Uno, dos y disparo; uno, dos y gol. Así llegaron las dianas del Espanyol, todas del francés Thievy, que resolvió el derbi frente al Barça, que conquistó la Copa de Catalunya, la copa de los niños.

Desbravada la competición desde las alineaciones iniciales, sin jugadores del primer equipo del Barça y tres del Espanyol, el duelo resultó competido porque era una oportunidad de oro para los juveniles -la edad media blanquiazul se quedó en 22,4 y la azulgrana en 19,6 (jugó, por ejemplo, el lateral Grimaldo, de 15)-, un posible salvoconducto para tener algún día una taquilla en el Camp Nou o en Cornellà. Pero más allá de las individualidades, el fútbol no fue coral ni plástico, como habitúan los equipos de las categorías inferiores de ambos clubes.

BARCELONA, 0 - ESPANYOL, 3

Barcelona:Oier; Rosell (Balliu, m. 46), Sergi Gómez, Armando, Grimaldo; Gustavo (Riverola, m. 60), Espinosa (Dos Santos, m. 46), Rafinha; Deulofeu, Saúl (Carmona, m. 46) y Cuenca (Dongou, m. 72). No utilizados: Miño, Calvet, Lobato y Ayala.

Espanyol: Casilla; Galán (Pau Senent, m. 46), Canal, Zou, Clerc; Javi López, Cristian Gómez; Pirulo (Víctor Álvarez, m. 75), Luis García, Cristian Alfonso (Kilian, m. 75) y Thievy (Albarrán, m. 86). No utilizados: Cristian Álvarez, Raúl Rodríguez, Sergio García, Verdú, Héctor Rodríguez.

Goles: 1-0. M. 51. Thievy resuelve tras un pase interior de Cristian Gómez. 0-2. M. 60. Thievy sienta a Armando y bate a Oier. 0-3. M. 77. Thievy, en una jugada personal.

Árbitro: Miranda Torres.

Nou Estadi. 5.809 espectadores.

La pelota la gobernó el Espanyol, mejor plantado en el campo, más musculoso y de presión asfixiante, excelente en el trabajo de restar las líneas de pase y de impedir que el rival se girara, siquiera tuviese tiempo a pensar en la siguiente mezcla. Más que suficiente para despersonalizar al Barcelona, incómodo sin el balón entre los pies, incapaz de resquebrajar a la zaga rival a través del pase. Pero los azulgrana tenían, sin embargo, a Deulofeu, un futbolista que se sale del guion, que no necesita del rondo para significarse. Los blanquiazules, a Thievy, menos técnico pero más eficiente, letal a la hora de poner el lazo a las jugadas.

Sin el cuero, al Barça no le quedó otra que encomendarse a Deulofeu, extremo de quiebro fácil e inquieto, de profundidad abrumadora, siempre directo y sin menudeces. Se reserva, sin embargo, los adornos para el final, quizá con un regate de más y un pase de menos. Pero fue el único que rompió al Espanyol, por la derecha y por la izquierda. Aunque sin acertar en la definición. Bien en el remate; bien en el pase. Fútbol, en cualquier caso, de muchos quilates. Pero por pulir.

La réplica del Espanyol, poco hábil en la construcción, venía al contragolpe. Con Cristian Alfonso como trampolín, con Thievy como rematador. A la que se encontraron, llegó un balón que le cuchicheó al palo. Pero en el segundo acto, en un visto y no visto, Thievy resolvió. Primero fue Cristian Gómez quien le encontró con un pase interior y al hueco. Desmarque, chut y gol. Después fue Luis García, todo picardía, quien sacó una falta rápida y le plantó delante de Oier. De nuevo, Thievy levantó la cabeza y envió la pelota a la red. Pero, insatisfecho, el delantero peleó un balón con Sergi Gómez, le sisó la cartera y arrancó en un eslalon que culminó con otro gol, para certificar que tiene más de una versión, que es un delantero a tener en cuenta. La Copa de Catalunya es suya.

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