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El 'pichichi' paciente

Jonathan Soriano, máximo goleador de Segunda División con 32 tantos, triunfa en el filial del Barça a punto de cumplir 24 años

Jonathan Soriano (Pont de Vilomara, Barcelona; 1985) ha completado una temporada brillante. Sus 32 goles le han convertido en el máximo goleador de Segunda División y han empujado a su equipo, el Barcelona B, a terminar en tercera posición. Se ha erigido, de paso, en el máximo artillero en la historia del filial azulgrana en Segunda al destrozar la marca de 15 goles que estableció José Antonio Domínguez en la temporada 1988-89. Pero no solo eso, sino que también es uno de los pichichis más goleadores de la historia de la categoría de plata. Solo le superaron Quino, del Betis, que en la campaña 1968-69 logró 33 dianas; Baltazar, del Celta, que marcó 34 en la temporada 1986-87; y Ricardo, que tiene el récord absoluto con 46 tantos en el curso 1956-57 con la elástica del Sporting.

Los números de Jonathan Soriano han oscurecido las muy meritorias cifras de otros arietes de la categoría. El blanquivioleta Javi Guerra, por ejemplo, hubiese sido máximo goleador de Segunda en muchas temporadas con sus 28 tantos. Lo mismo se puede decir del bético Rubén Castro, que firmó 26 dianas. Todo ha quedado sepultado con las actuaciones del delantero del filial azulgrana, que ya fue el máximo artillero de su equipo el año pasado, cuando marcó 22 goles con el Barça B, que acabó subiendo a Segunda. Sus actuaciones no pasaron desapercibidas para Pep Guardiola y Soriano realizó este curso la pretemporada con el primer equipo, con el que ya había debutado en un partido de Copa frente a la Cultural Leonesa en octubre de 2009. Él, sin embargo, no tiene confianza en instalarse en el primer equipo: "Solo pienso en el filial porque es muy difícil llegar con las bestias que tengo por delante. Es un caramelo, pero no me lo planteo".

Su rendimiento ya ha atraído a varios equipos españoles y extranjeros, que han sonado como posible destino del ariete. Soriano, sin embargo, siempre se muestra precavido con su futuro. Sabe que para triunfar hay que ser paciente. Lo descubrió en el Espanyol, el club en el que se crió. En los filiales blanquiazules se hinchó a marcar goles, debutó con las categorías inferiores de la selección y pronto despertó grandes ilusiones en el conjunto perico. Sin embargo, no se llegaba a asentar en el primer equipo y tuvo que salir cedido al Almería y al Polideportivo Ejido, en 2006 y 2007 respectivamente. Tampoco allí tuvo suerte y, de hecho, guarda malos recuerdos de su segundo destino. "Me sentí engañado", llegó a decir. En 2007, regresó al Espanyol. Pero entre que Tamudo no le dejaba demasiado hueco y que tampoco aprovechó sus oportunidades, no consiguió asentarse y se fue otra vez cedido, esta vez al Albacete. "Cuando Tamudo no ha estado, tampoco he tenido confianza. Él ha sido una pequeña sombra, pero tampoco es excusa", aseguró en su despedida.

En el verano de 2009, tras un paso gris por el Albacete, acabó contrato con el Espanyol. Recibió entonces ofertas de equipos de Segunda, pero prefirió marcharse al filial del Barça, en Segunda B, con compañeros más jóvenes que él. No quería volver a moverse de Barcelona. La familia le tiraba demasiado. "Garantiza gol", dijo Txiki Begiristain, entonces director deportivo del club azulgrana. 54 dianas en dos temporadas le dan la razón.