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China ya tiene una campeona

Li vence a Schiavone en una buena final y es la primera ganadora de un 'grande' del país asiático

Los seguidores se afanan por detener lo que está sucediendo en la pista. "¡Forza Francesca!", cantan uniformados con sus camisetas de colores fluorescentes mientras la china Na Li ataca el servicio de la italiana Schiavone desde el inicio. Con una propuesta más propia de pistas duras, la finalista del Abierto de Australia 2010 va haciendo suyo el encuentro. Solo cede tres puntos al saque en los cuatro primeros juegos. Se procura su primera bola de break en el primer saque de la italiana. Golpea con saña el revés a una mano de Schiavone, obligada a la tortura de defenderse con golpes cortados o dificilísimas derechas invertidas. Es Li quien manda. Son los aficionados de Schiavo quienes gritan, azuzados por los gestos de la campeona, que da su último zarpazo llevándose el partido hasta el tie-break de la segunda manga después de ir set y break abajo. Ahí, sin embargo, pierde 4-6 y 6-7 (0). China ya tiene a su primera campeona de un grande. Li, genial en el desempate, es la nueva reina de París.

La china, de 29 años, castigó cada bola corta de Schiavone. Lenta de piernas, la italiana no encontró la manera de rodear la pelota, proteger su revés y atacar con la derecha. Ella quería un partido de ritmo en el que pudiera imponer su mezcla de velocidades y alturas, incomodísima para todas las rivales. Su contrincante, sin embargo, consiguió que el encuentro marchara por otro cauce, el de sus rápidas y contundentes decisiones, sin espacio para los peloteos. Mientras ella superó la veintena de golpes ganadores, su rival apenas llegó a la decena. Solo cuando Li olfateó el título empezó a carburar la italiana, aprovechando que a su contrincante se le agarrotaba el brazo.

El público saludó a su nueva campeona entre gritos de "Allez Na Li!" y de "Jia You", el "¡vamos!" chino. El partido había crecido con el reloj. La italiana, animada por los suyas con canciones y saltos, igual que si la central fuera un campo de fútbol, vendió caro su título, atacando, yéndose a la red y voleando. La china jugó un tie-break de ensueño, brillante, de línea en línea. Fue un encuentro a la altura de lo que decidía. También, quizás, el del inicio de una nueva era. China, el país gigante, ya tiene una campeona de tenis.