Sinkewitz, primer ciclista positivo por hormona de crecimiento

Si el contraanálisis confirma el hallazgo, el corredor alemán, de 30 años y sancionado por testosterona en 2007, será suspendido de por vida

Si como ciclista no se puede decir que fuera una maravilla -una Vuelta a Alemania en 2004, algunos triunfos menores también, regularidad sin más-, hay algo que no se le puede negar a Patrick Sinkewitz, un alemán de 30 años, y es el don de la oportunidad, un sentido de la grandeza que convierte cada una de sus acciones en noticia de primera página.

La primera vez que dio positivo -testosterona, en junio de 2007, un control por sorpresa durante la concentración pirenaica pre-Tour, una pomada aplicada en el brazo la víspera de la visita de los inspectores: mientras, en la habitación de al lado, a los dueños de T-Mobile, el gigante telefónico alemán que patrocinaba a su equipo, de visita en el stage se deshacían en elogios hacia la política antidopaje de un conjunto duramente castigado el año anterior por la implicación de Jan Ullrich y Óscar Sevilla en la Operación Puerto-, Sinkewitz consiguió con un solo análisis (cuyo resultado, para su desgracia, se conoció durante el Tour de Francia, la mayor cámara de resonancia conocida) que las dos cadenas de televisión alemanas que transmitían en directo la carrera se retiraran de la misma, y que pocas semanas después Deutsche Telekom anunciara que, aunque seguiría abonando el contrato de patrocinio a que se había comprometido, no quería que su nombre volviera a asociarse nunca más con la actividad ciclista.

En 2007, Alemania tenía tres equipos entre los mejores del mundo: T-Mobile, Milram y Gerolsteiner; en 2011 no queda ninguno. La Vuelta a Alemania, competición que, como el ciclismo en Alemania, había cobrado tremendo auge a raíz de la victoria de Ullrich en el Tour de 1997, se disputó por última vez en 2008. "Fui la persona necesaria en el momento necesario y me convertí en el chivo expiatorio de todos los males del ciclismo", dijo Sinkewitz en noviembre de 2007 a Der Spiegel en una entrevista en la que confesó que además de testosterona también había recurrido a la EPO y a las transfusiones de sangre, y eso desde 2004, desde que estaba en el Quick Step. "De repente, todo era culpa mía: la falta de credibilidad de la política antidopaje, la noción de que nada había cambiado en el ciclismo... Hubo mucha gente que se aprovechó de mí para mejorar su imagen pública".

Como colaboró con la policía, delató a compañeros, denunció a los médicos del equipo, ayudó en las investigaciones, a Sinkewitz se le redujo a un año una sanción de dos. Volvió a correr en 2009. En 2010, fichó por un equipo italiano, Neri-ISD, que en 2011 pasó a llamarse Farnese Vini. Con ese equipo, el ciclista alemán ganó el Giro de Romagna en 2010 y con el que disputó el Giro de Lugano el pasado 27 de febrero. Aquel día, las autoridades antidopaje suizas le tomaron una muestra de sangre para un control.

Hoy al mediodía, cuando se ha conocido el resultado del control, Patrick Sinkewitz, al que le gusta hacer todo a lo grande, se ha convertido en el primer ciclista de la historia que da positivo por hormona de crecimiento recombinante, una de las sustancias más utilizadas en el doping planificado -es la gran pareja de baile del dopaje sanguíneo, dúo al que los tramposos añaden habitualmente los días de carrera Hmg, la hormona de la menopausia para disparar los niveles de testosterona endógena-, sustancia tan escurridiza que, aunque existe un costoso y laborioso método para su detección en plasma desde hace un par de años, apenas ha logrado encontrarse. Una de las razones para ello es que antes de su eliminación total solo deja huella en el organismo durante 48 horas. El hallazgo tuvo lugar en el laboratorio de Lausana (Suiza).

Al anunciar su positivo y su suspensión provisional, la Unión Ciclista Internacional (UCI), también informó de que Sinkewitz tiene derecho a solicitar un contraanálisis. Si se confirma el caso de dopaje, Sinkewitz será suspendido de por vida. La última competición de una carrera profesional tan extraordinaria y de tan abrupto fin habrá sido entonces la Tirreno-Adriático, que terminó 48º, anónimo en el centro de un pelotón en el que solo destacó por razones indeseadas.

Sinkewitz, en su etapa en el T-Mobile.
Sinkewitz, en su etapa en el T-Mobile.AFP

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