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Un chaval de Euskadi

Muniain pone la guinda de calidad a la victoria de la selección vasca frente a Venezuela

ay partidos y partidos. Partidos de compromiso, partidos sentimentales y partidos amistosos. El de la selección de Euskadi tiene todas las condiciones. Es un compromiso faltado tres años por un ejercicio de hipocresía; es un ejercicio sentimental porque la grada se llena de chiquillada que sueña con gana a Alemania en un Mundial y está en su derecho y al mismo tiempo sabe que debe comportarse como un buen anfitrión en una amistosa fiesta.

Lo malo para Euskadi es que ha tardado mucho en montarse el andamiaje, porque siempre le importan más las nubes que la tierra. Tan en las nubes estaba que la selección de aspirantes de Venezuela tuvo la osadía natural de adelantarse en el marcador en la primera jugada en las que se asomaba a la portería de Iraizoz. Bastó un adelantamiento de Vizcarrondo a la defensa de Euskadi para meter la caña y conseguir un gol en la pedrea del partido.

EUSKADI 3 - VENEZUELA 1

Euskadi: Iraizoz (Riesgo, m. 46); Oier, Ansotegi (Labaka, m. 46), Amorebieta (Mikel González, m. 46), Sirieix (Koikili, m. 46); Gurpegui (Xabi Alonso, m. 60), Aranburu (Javi Martínez, m. 46; Xabi Prieto (Susaeta, m. 46), Zurutuza (Toquero, m. 46), Gabilondo (Muniain, m. 46); y Joseba Llorente (Agirretxe, m .46).

Venezuela: Hernández; Romero (Rivero, m. 72), Vizcarrondo, Perozo, Fuenmayor (Granados, m. 59); Guerra (Febles, m. 83), Evelio Hernández (Flores, m. 67), Di Giorgi, Orozco (Gómez, m. 46; Angel Flores, m. 93); Rondón (Chourio, m. 59) y Arismendi (Del Valle, m. 67).

Goles: 0-1. M. 31: Vizcarrondo. 1-1. M. 55: Gurpegui. 2-1. M. 70: Labaka. 3-1. M.86: Muniain.

Arbitro: Iturralde González Amonestó a Oier, Koikili y Evelio Hernández.

Unos 38.000 espectadores en San Mamés.

El debutante, el pequeño, el chiquitín, de repente se inventó un quiebro

Para un equipo hecho con alfileres, el papel no era fácil ante los centroamericanos

Euskadi atacaba y Venezuela defendía pero eso eran argumentos demasiado escasos como para construir un buen partido. Había espíritu, profesionalidad, incluso ansiedad, pero el fútbol era un buen escaso reducido a las habilidades de Xabi Prieto y a la movilidad de Zurutuza. Venezuela miraba al diablo, esperando a que se fuera el azufre, esperando su momento, su ocasión, su momento de gloria, reservado a Vizcarrondo que adelantó a su equipo de una forma tan habilidosa como ocasional.

Para un equipo hecho con alfileres la papeleta no era fácil. Euskadi movió peones, sobre todo musculosos: Toquero, Javi Martínez. Pero también, probablemente el jugador joven más inquietante del fútbol español. Y la máquina carburó. Empató Gurpegui con la aquiescencia de un defensa que desvió su escaso disparo. El siguiente carbón lo echó Labaka, tras un saque de esquina, en una segunda mitad en la que Venezuela no existió. Estuvo, pero no existió. Andaba por allí. Y llegó el pequeño, el chiquitín, el debutante, el eléctrico, es decir, Muniain, para inventarse un quiebro. El fútbol es a veces así de sencillo. Ni esquemas, ni transiciones, un movimiento de cuerpo, un cambio de pie y al otro lado del portero. Así de fácil, así de sencillo, así de singular. Y otra victoria en el partido del reencuentro. ¿Y ahora qué? De momento, queda Muniain.

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