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Alonso y la guerra de los diseñadores

Ferrari, al contrario que Red Bull, no tuvo un coche innovador, y ahora la escudería debe recuperar terreno ante los cambios: gomas Pirelli, vuelve el KERS y no habrá doble difusor ni conducto f

Aún con la decepción a cuestas por haber perdido el título mundial en la última carrera, Fernando Alonso proclamó a los cuatro vientos que no se había equivocado. "Estoy en el equipo adecuado. Ahora me siento más ferrarista que nunca. Ganaremos el año que viene", afirmó el asturianO, seguro de sí mismo y del potencial de una escudería que a lo largo de la historia de la F-1 ha sido la más laureada.

Todos en Ferrari quieren enterrar lo antes posible el pasado más reciente para centrarse en un futuro que aparece más incierto de lo que sus directivos desearían. El F10 no fue precisamente un coche ingenioso ni innovador. Aunque Alonso dijera al comienzo del curso que era el "mejor" coche que "nunca" había conducido, en la pista se vio superado por otros coches que habían sido diseñados con unas miras mucho más amplias y con la intención de exprimir al máximo las posibles lagunas reglamentarias.

En ese aspecto, no hay nadie como Adrian Newey (Red Bull) y como Ross Brawn (Mercedes). Y ninguno está ahora en Ferrari. Newey ha sido el responsable de la creación del Red Bull que a lo largo de toda la temporada se ha mostrado superior a los Ferrari, y que en la última carrera, en Abu Dabi, acabó arrebatándole a Alonso el título de pilotos. Nadie puede discutir los méritos tanto de Red Bull como de su joven piloto, Sebastian Vettel, que logró nada menos que 10 poles antes de proclamarse campeón.

Hace meses que Ferrari está trabajando ya en el coche de la próxima temporada. La escudería italiana mantiene un grupo de gente, dirigido por Aldo Costa en la fábrica de Maranello, estrujando el reglamento para agotar todas las posibilidades técnicas. En este equipo está un nuevo ingeniero, salido de la factoría McLaren, Pat Fry, un hombre con una gran experiencia en diseño en el que se confía mucho. Quieren un coche ganador. Y no importa el dinero que deban invertir en conseguirlo. Por algo es el equipo que cuenta con un presupuesto más alto: supera los 300 millones de euros.

La aportación de Alonso y su implicación volverán a ser importantes en los detalles que acabarán configurando el coche. "Su ayuda es notable. Es un gran diagnosticador, sabe cuáles son las virtudes y las necesidades del coche en cada momento", comenta Chris Dyer, jefe de ingenieros de pista de Ferrari. Alonso no solo participará este fin de semana en las pruebas de neumáticos que Ferrari realizará en Abu Dabi, sino que viajará a menudo a Maranello para mantenerse al día de los trabajos que el equipo realice con el nuevo coche.

Sin embargo, el propio Stefano Domenicali, director deportivo, es consciente de las múltiples dificultades que van a plantearles los próximos cambios reglamentarios técnicos: "Vuelve el KERS, se suprimen el doble difusor y el conducto F, se cambia a neumáticos Pirelli, habrá un difusor trasero regulable. Todo eso obliga a cambiar muchos aspectos aerodinámicos del coche. Será un gran reto".

Un enorme reto, porque en años de cambios reglamentarios importantes hay dos ingenieros que sobresalen por encima de los demás: Adrian Newey y Ross Brawn. La historia de Newey se inició en la Indy Cart y culminó en la F-1, cuando convirtió en campeona a la escudería Williams a principios de los años 90. Después, cuando en el 98 se abandonaron los neumáticos slicks (lisos) y el coche se redujo en 20 centímetros, Newey diseñó un McLaren imbatible con el que Mika Hakkinen ganó sus títulos de 1998 y 1999. Su último reto lo afrontó en Red Bull. Llegó a la escudería en 2006 y lo transformó todo. En 2009 fue el único capaz de luchar contra el doble difusor ideado por Ross Brawn, en el coche que ganó el título. Y esta temporada, mejoró el doble difusor, introdujo un alerón delantero, bajó los escapes hacia el difusor y modeló la centralita para que el motor no dejara de crear gases cuando el piloto frenara. Seguro que el próximo año, Newey y Brawn vuelven a sorprender. La cuestión es saber si Ferrari habrá aprendido la lección de los dos últimos años y logrará tener un coche innovador, rápido y fiable. Si no, deberá copiar, como en 2010. Y eso es lo que no quieren Alonso ni Domenicali.

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