Yo, Claudio Bravo

El portero de la Real se ha convertido en el primer argumento de la solidez del equipo

Cuando Claudio Bravo llegó a San Sebastián en 2006 ya era alguien. La Real llevaba un tránsito taciturno, plagado de entrenadores, jugadores que iban y venía n y lo que era más importante, multitud de 0porteros que afeaban la tradición de guardametas guipuzcoanos. Cuando Claudio Bravo llegó a San Sebastián venía con el título de campeón del Torneo Apertura ganado con Colo Colo, además, al Universidad de Chile, su máximo rival. Y venía además con dos penaltis parados en la final exhibiendo su agilidad de gato que en el segundo, el que le sacó a Candelo fue un ejercicio portentoso de velocidad: se fue, engañado, a un lado y regresó, con tiempo al otro para detener el lanzamiento.

Bravo hace honor a su apellido. Sobre todo es un guardameta intrépido. El domingo le detuvo un penalti al malaguista Apoño que llevaba ocho goles en nueve lanzamientos y aún tuvo tiempo para repeler también el remate subsiguiente de otro delantero malacitano. Los penaltis nunca le han asustado a Bravo, casi le excitan. Con sus 184 centímetros, se mueve bien en la línea de gol y apela a su intuición para detener el máximo castigo a un guardameta, la desprotección absoluta. La pasada temporada ya detuvo, en Segunda, dos consecutivos al Córdoba y al Levante. Y antes, con la selección chilena, de la que ejerce como capitán y titular in discutible, también se lo detuvo a Ronaldinho en un partido que, sin embargo, acabó 3-0 a favor de la canarinha

El atrevimiento le define. Atrevido en la detención de penaltis y atrevido en el juego con los pies que más de una vez le ha dejado con el culo al aire por exceso de confianza. Y atrevido para lanzar libres directos como el que mandó a la red el 14 de febrero ante en Nàstic que le consagró como un portero de todo el campo.

Bravo ha resuelto desde 2006 el debate de la portería de la Real, un asunto nada baladí en un club convulso durante mucho tiempo. En los tiempos más exigentes en los económico (ahora han bajado de alerta roja a naranja), la Real tomó la decisión de renovarle en la confianza de que el Mundial le revalorizase y pudiera acceder a una venta productiva. Renovó hasta 2013 y luego hasta 2015. En Primera, Claudio Bravo quizás sea más imprescindible que el dinero que pudiera producir. Como cuando, por ejemplo, el Barcelona mostró algún interés por tenerlo como guardaespaldas de Valdés.

Decía Howard Kendal, ex del Everton y del Athletic, que todos los equipos comienzan por tener un buen portero "y si no, empiezan mal". La Real ha encontrado a un tipo que cumplía aquella máxima de otro entrenador que le requería a su portero que "quiero que pares las imparables, porque las otras están en la nómina". Bravo es de esos: de los que aparece cuando no se le espera, aunque de vez en cuando, travieso como es, esté donde nunca debía estar.

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