CICLISMO | VUELTA A ESPAÑA

Conocimiento del medio

Andy Schleck pierde en el primer puerto de primera más tiempo que en todos sus Tours

Se maravillaba Andy Schleck del trajín y el movimiento de coches arriba y abajo, agua para unos, barritas para otros, que acompañaba al pequeño grupo de rezagados en el que se había refugiado en la ascensión del puerto del León, en la raya de la Axarquía, el primer primera de la Vuelta. "Menudos atascos se montan aquí", les decía Andy, palmario su desconocimiento del medio, a los compañeros de la minigrupeta. El jovencito luxemburgués perdió 14m 10s en la meta, más tiempo que el que ha cedido sumando la montaña de los tres Tours y del Giro que ha disputado. Nunca haría eso su amigo Contador, que ha ganado las últimas cuatro vueltas de tres semanas que ha corrido. "Es que desde el Tour ha estado de vacaciones", disculpaban en su equipo a un corredor cuya imagen multiplica su palmarés, en el que solo figuran tres triunfos de cierto nivel, una Lieja y dos etapas del Tour. "Es que aquí he venido a ayudar a mi hermano mayor", se disculpó él, que no estuvo al lado de Fränk en la tortuosa subida bajo el calor africano.

Contador no está en la Vuelta, pero sí Purito Rodríguez, el héroe de Mende, que cree que puede ganarla. Hoy, en un final, la subida al Parador de Gibralfaro, un murito de una milla a plomo sobre la Malagueta, que parecía hecho aposta para su estilo, su agudeza, astucia y fuerza, dejó pasar una ocasión de levantar los brazos -desconocimiento del medio: "no la conocía", dijo el catalán, quien después dijo que le recordaba a la subida del Puy, en Estella, el final del GP Indurain que ganó esta primavera-, pero enseñó su rueda trasera a todos los demás favoritos en una etapa que sirvió como primer escáner de la Vuelta, una ecografía completa del pelotón. Un retrato: ¿quién sigue de vacaciones? (unos cuantos), ¿quién se toma en serio esto? (bastantes), ¿quién tendrá las piernas y el espíritu de sus deseos? (unos cuantos menos), ¿cómo están los favoritos? (así, así). "He visto muy bien a Mosquera y a Fränk", dijo Nibali, que, en un terreno que no era el suyo, demasiado explosivo el final para sus capacidades, mantuvo muy bien el tipo; "me he visto muy bien, tenía impaciencia para ponerme a prueba", dijo Igor Anton, otro escalador. Y si el estado de forma de sus coequipiers es un índice, Mosquera, el líder del Xacobeo debe de estar imparable: su compañero Serafín Martínez anduvo 152 kilómetros en fuga por un terreno imposible que parecía un Jalabert. Se quedó a un kilómetro de su primera victoria. También Menchov estuvo bien, no tanto Sastre, que se quedó en la panza del primer grupo a 30s del ganador.

Por delante de todos ellos, sin importarle un comino las señales que emitían, estuvo Philip Gilbert, un corredor belga e importante, piernas de dinamita, instinto único, un especialista en clásicas que hizo patente, él sí, su conocimiento del medio. Por la mañana, aprovechando que durmió en Málaga, reconoció en coche la subida al parador. Y lo que le vio le complació. "Me recordó al Cauberg [el muro final de la Amstel, que ganó esta primavera]. Un poco más larga, quizás, pero ideal para subirla con el 53 y hacer diferencias". Lo hizo con notable facilidad: a 600 metros, un contrapié al acelerón de Nibali le dio la ventaja justa. "Ahora, a entrenarme para el Mundial. Conozco el circuito de Melbourne por un simulador y me ha gustado. Mucha gente subestima su dureza".

Philippe Gilbert, al llegar a meta tras ganar la tercera etapa de la Vuelta.
Philippe Gilbert, al llegar a meta tras ganar la tercera etapa de la Vuelta.AFP

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