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Godín vuelve a tiempo

El central del Villarreal, "agresivo y fiable" según su entrenador en España, reparece hoy ante Holanda

Cuatro décadas. Eso es lo que ha tenido que esperar Uruguay, dos veces campeona (1930 y 1950), para volver a las semifinales de un Mundial. Y para ello, su mejor carta de presentación es su estilo defensivo, solidario y trabajado, implantado por El Maestro Tabárez, un zorro viejo de esto. Dos goles encajados, contra Corea del Sur y contra Ghana en los cruces, todo lo que la muralla ha concedido a sus rivales. Con Muslera bajo palos, cuatro hombres regentan su área... y de ellos, Godín (Rosario, Uruguay; 1986), su joven central, manda.

"Es un jugador muy importante con proyección internacional, muy cotizado y uno de los mejores centrales del mundo". Juan Carlos Garrido, su entrenador en el Villarreal, se deshace en elogios sobre su pupilo uruguayo. Es uno de sus predilectos, como lo muestra su sempiterna presencia en El Madrigal. "Es titular indiscutible", incide. De notoria presencia en el eje de la zaga (1,85 metros le amparan), Diego Godín combina su físico con una buena técnica, auspiciada en su habilidad para jugar el balón desde atrás. Garrido retoma la palabra: "Es completo. Posee agresividad y contundencia, velocidad y buen manejo del balón. Es ideal para la salida del balón".

"Mi mejor cualidad es la velocidad. Soy un jugador rápido e intuitivo para anticipar y salir al cruce. También voy bien en el juego aéreo", indica el propio Godín de sí mismo, que cada temporada sorprende en alguna ocasión a un portero por sus irrupciones en el área contraria. Pero su meta es defender, y es en ese ámbito donde se encontraba su principal referente dentro del fútbol: Paolo Montero, ex central del Juventus, también de sangre charrúa.

Sobriedad y decisión

Con sobriedad y decisión, Godín se desenvuelve en la última línea del campo como pez en el agua. Hasta los 14 años, el flaco, como se le conoce, se hartó de conseguir marcas nacionales en natación en su Rosario natal. Pero el fútbol fue más fuerte y decidió cambiar las piscinas por las canchas. En el Cerro, su primer equipo profesional, comenzó de delantero para acabar retrasando su posición. Poco tardó el Nacional de Montevideo en fijarse en él y nombrarle capitán. El Villarreal le fichó en verano de 2007, después de que Gonzalo Rodríguez, hoy íntimo de Godín, se lesionara en el trofeo Carranza y de que el argentino Roberto Fabián Ayala pegara una espantada hacia Zaragoza. El submarino amarillo recibió seis millones como indemnización y fichó a Godín por tres. Los grandes no le quitan ojo. "Al ser uno de los centrales con mayor proyección del mundo, sabemos que es muy cotizado y que los grandes equipos se fijan en él y tantean su situación", afirma con cierta resignación Garrido.

Su éxito ahora va ligado al de la celeste, con la que no ha tenido demasiada suerte en el Mundial. Tras su debut contra Francia (0-0), una gastroenteritis le impidió disputar el segundo partido y se volvió a perder los cuartos por una lesión en el cuádriceps de su pierna derecha. Recuperado para la causa, volverá a integrarse en la férrea línea dispuesta con Tabárez para, con Lugano, formar una de las parejas de centrales más fiables de Sudamérica.