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Sudáfrica 2010 | España

"Niño, pórtate bien"

Cesc es íntimo amigo del suizo Senderos, con quien compartió casa por orden de Wenger en sus dos primeros años en Londres

La historia empieza en Barnet, al norte de Londres, en casa de la señora Noreen en septiembre de 2003 y habla de sueños, muchas risas y de una amistad para toda la vida. La que une a Philippe Senderos (1985) y Francesc Fábregas (1987) desde que Arsène Wenger decidió ficharlos para el Arsenal cuando apenas eran unos críos y les mandó a vivir juntos. La vida, que da muchas vueltas, les permitirá abrazarse el miércoles en Durban, donde España se enfrentará a Suiza.

"Si hablo de Philippe hablo de un amigo", sostiene Cesc, al que le hacen chispas los ojos al recordar los dos años que vivió con el central, hijo de padre español, de Santiuste (Guadalajara). Fue el primero en darle la mano cuando el centrocampista español aterrizó en Londres cargado de ilusiones y temores. "Fue fantástico para mí encontrarme con Philippe porque habla castellano y me ayudó mucho con el inglés", reconocía ayer Cesc antes de explicar cómo fue su encuentro: "Él llegó a la casa de Brenton un mes antes porque yo estaba en Finlandia jugando el Mundial sub 17. Así que él escogió habitación". La del suizo era enorme: "Yo vivía en dos metros cuadrados y él tenía una suite. Así que cada vez que se iba, ocupaba su habitación". El problema surgió el día que a Cesc le visitó un amigo de Barcelona: "Salimos a cenar y por la noche se sintió indispuesto. No le dio tiempo a llegar al lavabo. Así que vomitó sobre la moqueta", se ríe; "no hubo manera de limpiarla, por lo que, cuando regresó, casi me mata. La verdad es que le hice mil... Pero él a mí también, no crea".

Cesc y Senderos fueron inseparables durante mucho tiempo. Compartían casa y las sopas que la abuela del catalán le preparaba para que se llevara a Londres cada vez que pasaba por Barcelona. Compartían el coche de la señora Noreen, que cada mañana les llevaba al campo de entrenamiento y les recogía; compartían también paseos interminables por el centro de Londres.

"Fueron unos años maravillosos y se fraguó una amistad que perdura. Nos conocíamos las tiendas de Oxford Street de memoria", dice. Solo lamenta Cesc haberse perdido la boda de su amigo, hace un año: "Estaba concentrado en Sudáfrica, durante la Copa Confederaciones. Así que no pude ir", confiesa con inequívoco pesar.

Diríase que a ninguno le ha ido mal. Para los dos, este será el segundo Mundial. Si Cesc es capitán del Arsenal -ha jugado 267 partidos- y campeón de Europa en Viena, Senderos acaba de fichar por el Fulham. Al suizo no le han respetado las lesiones y, tras jugar 117 partidos con los gunners, terminó cedido, primero al Milan y después al Everton. Pero el miércoles seguramente sea titular, lo que no puede decir Cesc, que a los 23 años es el español más joven en haber cumplido 50 partidos con la selección, pero en la que le cuesta encontrar el sitio por muy brillante que sea.

"Hay jugadores de una calidad increíble en este equipo, de los que aprendo cada día. Voy a seguir trabajando con la máxima humildad. Respetaré las decisiones del entrenador y seguiré compitiendo con mis compañeros para, cuando tenga la oportunidad, darlo todo y aprovecharla", dijo ayer Cesc; "estar en la Copa del Mundo es una ilusión que vivo intensamente. Lo hice cuando llegué, lo hago ahora con 23 años y lo haré con 30 si tengo ocasión de disfrutar de un acontecimiento como este. Solo tengo palabras de agradecimiento por estar aquí. Juegue o no juegue, no me faltarán las ganas de darlo todo".

Tras asegurar que está tranquilo y contento, Cesc quitó la etiqueta de favorita a España -"en Austria nadie nos daba por favoritos; si ganamos fue por ir paso a paso"- y recordó que su lesión en el peroné de la pierna derecha está olvidada. Lo que no olvida es lo que siempre, un día tras otro, durante dos años inolvidables, le decía su amigo suizo Philippe Senderos: "Niño, pórtate bien".

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