El Athletic pierde musculatura
Igor Gabilondo, en precario, un tanto abandonado en la presente temporada, sacó el DNI, miró la foto y se reconoció. Es decir, sacó la zurda a pasear, golpeó el balón con el exterior y lo clavó en la escuadra del sorprendido Diego López. Gabilondo en estado puro, frío como el temporal, caliente como un disparo en El Madrigal. Era su primer gol en la presente temporada incluidas todas las competiciones. Sólo se le recordaban dos goles en partidos de pretemporada ante equipos de Segunda B y de Regional. Nada más. Su estrella estaba apagada y ayer dio el do de pecho, es decir, un gol de los suyos, inesperado, imprevisible, bello, pero al final inútil. Un gol de esos que demuestra que está, del mismo modo, que cuando no se produce se demuestra que no está.
El problema es que el Athletic pierde peso, musculatura en los desplazamientos y va agotando sus opciones de fraguar su opción europea. Vila-real no es la ciudad donde más disfrute, con sólo dos victorias en el talego. Tuvo su momento y lo perdió. Lo dejó pasar. Le faltó ambición y precisión. Todo no es cuestión de Llorente, entre otras cosas porque no puede rematar sus propias asistencias. El que lo consiga hará de él el mejor delantero del mundo y de la historia. No es el caso actual. Ni el del futuro. La frontera de El Madrigal la atravesó el Villarreal, como local, sin enseñar los papeles. Al Athletic le pidieron de todo y los tenía casi todos olvidados en casa: la defensa, blandita, el medio campo, agotado, y la delantera sin puntería. Y la locura colectiva. Especialmente la de Godin con la acción más antideportiva del futbol: golpear con los tacos de la bota sin balón de por medio. ¡Qué pena!


























































