FÚTBOL | JORNADA 30

Iniesta nunca se toma el día libre

El volante internacional resuelve para el Barça un partido desbravado y mal jugado

Al Camp Nou hay que llegar a la hora, comido, bebido y servido, nada de perder el tiempo en discusiones banales, ya sea en el bar o en el servicio, como que no para de llover, o que ya se sabe que la Semana Santa es tiempo de turistas, aficionados accidentales o visitas de parientes y amigos, más que de militantes del fútbol, obligados a enfilar la carretera por imperativo familiar. Ayer había que acelerar el paso porque al Barcelona le alcanzaron 45 segundos para desequilibrar el partido. No es el gol más rápido del campeonato -el sportinguista Bilic tardó 30 segundos en batir a Diego López del Villarreal- ni tampoco obviamente de la Liga. A algún barcelonista, sin embargo, le pilló en fuera de juego. La gent blaugrana, de todas maneras, acostumbra a ser puntual, especialmente el sábado, día en que por lo general no hay empleo que ejercer ni negocio que guardar. Otra cosa es que se cuenten muchos seguidores que se retiran antes de tiempo, cuando queda partido, porque prefieren llegar antes al coche que ver el último gol de la noche.

Ayer, en cualquier caso, el riesgo de distracción era extremo y afectaba por igual al seguidor que al equipo. Abatido en el calentamiento Riesgo, la contienda dejó de ser un partido de fútbol para convertirse en una función de circo durante largo tiempo. Aunque Iniesta, siempre fiable, funcionaba como solista extraordinario, no había manera de que sus compañeros le siguieran el juego, especialmente Márquez, que habilitó por dos veces a los delanteros del Recreativo y obligó a Valdés a un par de intervenciones muy exigentes. No había tensión ni precisión en el bando azulgrana, muy desbravado. Muy rebajado en la alineación, el Barcelona se dejó llevar por la torrija del día y la resaca europea del miércoles, convencido de que le podía valer con un gol para firmar el triunfo.

Al Barça no le van los partidos aparentemente fáciles y menos con equipos como el Recreativo, que cargaba con once goles por ninguno a favor en sus cuatro últimas visitas al Camp Nou. La estadística asegura, por lo demás, que los adversarios que le han descontado puntos son cuatro de los cinco últimos y, en medio, como tercero por la cola, quedaba el Recreativo. Así que el partido tenía trampa, y el plantel de Alcaraz estuvo en el ajo, apuntando más que ningún otro al portero del Barça, forzando algún que otro disparo. No le afectó tomar un gol al empezar sino que siguió jugando como si no hubiera pasado nada.

A los azulgrana les faltaba agresividad y muy especialmente colmillo desde que Iniesta empujó a la red un centro de Henry, que se había ganado la banda y puesto la pelota al primer palo para que fuera atacada por Bojan. El ariete porfió con el central, el balón quedó suelto e Iniesta marcó con la misma discreción que un pajarito. El equipo azulgrana no juntaba bien las líneas, concedía demasiados espacios y no atinaba a cerrar el encuentro antes de que se pusiera más tonto y peligroso. Hasta Messi se había desenchufado y prefería el pase al tiro. La cosa se puso tan fea para el Barça que el árbitro pudo muy bien pitar un penalti de Valdés por carga a Sisi. No le quedó más remedio a Guardiola que recurrir al banquillo para cambiar el tono del equipo, aplatanado, desincronizado, expuesto al empate. La salida de Xavi por un insustancial Gudjohnsen y de Keita por el desacertado Bojan le dio más de gobierno y cuajo al tiempo que permitía a Iniesta alcanzar el área.

Arrimado a la banda, en calidad de extremo, forzó el segundo gol después de un centro que dio en Morris y despistó al portero. Y sanseacabó la función. Desde el punto de vista futbolístico, el partido había sido un monólogo de Iniesta y, una vez asegurada la victoria, Guardiola le sustituyó para que la hinchada pudiera ovacionarle y, por una vez, abandonar después el campo con tiempo porque ya no quedaba nada más por ver ni por vender. Bueno sí, como de costumbre cada vez que uno deja el estadio, hay un gol o una jugada imposible. Ayer, Messi falló un penalti que pitó un linier por manos de Casado y hubo un gol mal anulado al Recre por el otro auxiliar. Iniesta, para suerte del Barcelona, nunca se toma un día libre.

El internacional celebra su gol con Henry, autor de la asistencia
El internacional celebra su gol con Henry, autor de la asistenciaEFE

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