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FÚTBOL | RACING SANTANDER 1-OSASUNA 0

Todos felices

El Racing alcanza por vez primera la Copa de la UEFA y Osasuna se salva del descenso gracias al Mallorca

A Osasuna no le sienta mal perder en El Sardinero. Hace dos años, en otro dramático partido, con los papeles cambiados, fue derrotado por el Racing, pero jugó la Liga de Campeones. Otros resultados le salvaron. Ayer, una nueva derrota contra el equipo cántabro le dejó en Primera mientras el Racing accedía a la Copa de la UEFA gracias a su único remate entre los tres palos, en el minuto 85, cuando a Osasuna se le habían encogido los pulmones. Es lo que tienen los finales de Liga, que dos equipos celebren la victoria y la derrota como si fuera el mismo triunfo. Botaba el Racing por Europa y Osasuna por una permanencia que sólo vio amenazada por la incertidumbre. El Racing vivió el partido de forma ciclotímica, a los impulsos que llegaban radiofónicamente de Mallorca que lo mismo le sacaban de Europa que le metían, encogiendo el ánimo de un abarrotado Sardinero que vociferaba y enmudecía al ritmo de Son Moix. Es lo malo de jugar muchos partidos al mismo tiempo, que te sueles olvidar del tuyo. Y eso le pasó al Racing durante muchísimos minutos.

Había mucha diferencia entre el premio y el castigo. La UEFA no es un premio menor, ciertamente, para un club como el Racing que nunca ha jugado en Europa. Pero nada comparable con el castigo que supone para cualquier club el descenso de categoría. Pues bien, con objetivos tan distintos, el Osasuna controló mejor el pulsómetro que un Racing nerviosísimo, seco de fútbol y roto desde el principio en sus líneas. Y eso no fue porque el equipo navarro esbozara su mejor sonrisa al enterarse del gol del Mallorca que le acercaba muchísimo a la permanencia. Ya antes, Osasuna se había colocado mejor en el campo, manejaba el balón con soltura, manejaba el ritmo del partido mientras el Racing, quien lo diría jugaba hacia atrás o a pelotazos, toda una delicia para tipos como Cruchaga y Josetxo que adoran el fuego frontal, el fútbol directo. Bien es verdad que Osasuna sólo conseguía poner nervioso al Racing porque le quitaba el balón y le rascaba la moral. En el área no existió. Toño no tuvo que intervenir ni una sola vez en todo el encuentro. Ricardo tampoco. Los porteros estaban de más. Era como si el retraso horario hubiera hecho olvidar a los futbolistas la lección aprendida en la pizarra.

El Racing jugaba descosido, con Colsa y Duscher a veinte metros de dos delanteros en línea, un laborioso Tchité y un desafortunadísimo Smolarek. En esos veinte metros robó siempre el balón Osasuna que, sin embargo, también dejó abandonado a su suerte al delantero Dady que se hartó de peinar balones a ninguna parte, porque su presunto ayudante Hugo Viana estaba siempre más atrasado que él. Hasta el minuto 45 no llegó el primer asomo de disparo a portería, de Smolarek, que pegó en un defensa y se fue a córner. Fue un tirito. Osasuna, ni eso. Ni siquiera cuando empató el Zaragoza, que le dejaba con un pie en el alambre, se atisbó una mínima reacción. Por miedo, o por lo que fuera, Osasuna siguió manejando la pelota, como desgastando al Racing, llevándole a la ofuscación. No costaba mucho, porque era un equipo romo y roto al que empezaba a pesarle más el miedo al fracaso que la cercanía del éxito.

Tardó Marcelino en reaccionar, es decir, en dar frescura y atrevimiento al equipo con la entrada de Iván Bolado y Jonatan Valle, dos futbolistas zascandiles que querían iniciar su historia pasando a la historia. Su salida coincidió con el bajón físico de Osasuna, que se encerró en su campo y permitió al Racing jugar más junto, con más insistencia, con un poco más de fe. Una jugada ensayada de Jorge López dejó solo a Moratón, que disparó contra el cuerpo de Ricardo. Habían pasado 82 minutos y el público se levantó por primera vez de sus asientos. Tres minutos después llegó el gol. Osasuna, muy reventado, dejó suelto a Tchité por la banda derecha, que corrió, paró y templó para que Bolado se anticipara a la defensa y cabeceara a la red. Fue el éxtasis, el fin del miedo, el final de una agonía. Y el principio del éxito para un Racing europeo y un Osasuna de Primera. Del partido, futbolísticamente hablando, sólo se acordará Iván Bolado.