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LIGA DE CAMPEONES | SEVILLA 3 - ARSENAL 1

Al Sevilla no se le había olvidado

El cuadro de Jiménez recupera la actitud y el convencimiento para remontar frente al Arsenal

El Sevilla hizo ayer historia en su centenario camino por el fútbol tras lograr la clasificación para los octavos de la Champions tras imponerse al Arsenal en un partido a cara de perro, en un lance en el que partía con la lanza más corta, pero en el que logró acordarse de que su fútbol se basó en el conjuro, en la fe en su propias posibilidades, en negarse la posibilidad de perder. El partido de ayer no fue bueno, pero fue maravilloso. Un alegrón que el Sevilla se merecía.

La salida del Arsenal fue tan buena que llegó hasta a amenazar con causar parálisis entre los sevillistas. No sólo por aquello tan famoso que dicen de Maradona, cuyos compañeros sentían envidia de los espectadores que disfrutaban de sus indescriptibles maniobras, sino porque era imposible competir con su velocidad de pensamiento y ejecución. Cesc flotaba y tocaba, flotaba y pensaba, flotaba y encontraba huecos. El joven jugador catalán ofrece a la visión un fútbol sencillo, evidente, lógico, porque todas las dificultades que se le puedan presentar las ha resuelto previamente en su cabeza. En esos primeros minutos el Arsenal trenzó combinaciones de todos los colores. A los diez minutos, el gigante Bendtner dejó de incordiar a los centrales y se fue a la banda, donde no le molestaba nadie. Eduardo ocupó su lugar. El ariete desplazado a la zona del interior pasó hacia el interior que se había colocado como ariete. Y gol. Lo peor fue que los sevillistas sólo pudieron asistir a la bella acción de los londinenses. Lo mejor es que en ese momento decidieron que no podían permitirse perder, que de estar pachuchos podían pasar a estar muertos, y se fueron a por el encuentro.

No le dio al principio al Sevilla el juego para manejar el encuentro. Pero el arrojo sí. Con mucho más corazón que pies y, por supuesto, que cabeza, los sevillistas fueron robándole aire a los de Wenger. A las ganas de los anfitriones se les sumó una cierta indolencia de los de Wenger. Y, sobre todo, la desaparición de Cesc, al que se le vieron acciones notables, como arrebatarle en carrera un balón a Alves, pero que ya desplegaba su juego demasiado alejado de donde resulta letal. En esto llegó un fallo defensivo. Navas, que ayer tuvo el descaro que no se la había visto en meses, centro mal al área pero un defensor despejo aún peor. El balón lo remató cuando salía del área Keita, que marcó un golazo impresionante. Poco después, otro regalo de la zaga londinense la desaprovechó Luis Fabiano. El brasileño es un jugador que enamora tanto como enerva. Su trote eternamente cansino y su aire desastrado tan sólo se ganan el perdón cuando marca. Y no falló en eso. El delantero brasileño remató espléndidamente un saque de falta desde la derecha y rentabilizó todo el esfuerzo del equipo.

Con el Sevilla por delante, hasta Wenger demostraba lo que le escocía hablando a voces con el cuarto árbitro y hasta pegándole algún empujoncillo. El ofendido se la guardó y, poco antes del final, el árbitro envió al vestuario al entrenador francés. El Arsenal salió en la segunda parte enrabietado, pero poco inteligente. El partido volvió a ser del Sevilla en cuanto pasó este amago de estampida de los ingleses. Luis Fabiano volvió a fallar un gol cantado que, junto al que ya errara en la primera mitad y un tiro de Kanouté que se fue incomprensiblemente fuera, podían haberle traído al Sevilla una holgada victoria. Por supuesto que hubiera sido mucho mejor, obviamente habría puesto las cadenas a algunos fantasmas más, pero con ganar y trabajar como trabajaron ya habían hecho más que suficiente. Además, a Navas aún le quedaba una carrera en sus piernas. A dos minutos del final, el joven sevillano corrió como si fuera el inicio del encuentro y centró por donde se colaba Kanouté. Al africano le escoltaban dos defensores, que pusieron tanto empeño que acabaron estrujándole. Penalti y gol del propio Kanouté.

El Sevilla se clasificó ayer para octavos de final de la Champions y se jugará el 12 de diciembre ser primero de grupo ante el Slavia de Praga. Pero lo mejor fue cómo lo hizo. Contra pronóstico, contra la lógica. Ganó porque no estaba dispuesto a perder. No se le ha olvidado.

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