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Crónica:

La ley de Drogba

Magnífica actuación del delantero africano. Joe Cole logró el único gol

Hay partidos que son un homenaje al fútbol y otros que son una prueba de fidelidad a este deporte. El Manchester United-Milan, también de semifinales de la Liga de Campeones, pertenece a la primera categoría. El Chelsea-Liverpool, con el centro del campo convertido en un páramo por el que no rodaba el balón, a la segunda. Con dos técnicos como José Mourinho y Rafa Benítez en los banquillos esta eliminatoria estaba destinada a decidirse en la pizarra, por un movimiento táctico de estos dos estrategas. Lo que sucede es que cuando todos sus peones están sobre el césped, que uno de ellos sea Didier Drogba no es un detalle banal. Pocos delanteros hay ahora mismo en el mundo que estén al nivel de Drogba. Quizá ninguno. Es rápido, técnico, fortísimo físicamente, va bien por alto, dispara con potencia y precisión y no necesita a sus compañeros para inventarse una jugada de gol.

El partido se jugó bajo la ley impuesta por el delantero marfileño. El juego directo, sin adornos, más físico que técnico, que propuso, y propone habitualmente, el Chelsea estuvo justificado por la presencia de Drogba en el ataque. Todos los balones largos, ya nacieran de los pies de los defensas o de los centrocampistas, tenían como único objetivo alcanzar la cabeza del jugador africano, que se cansó de ganar sus duelos con cuanto futbolista del Liverpool osara cruzarse en su camino. Agger, Carragher, Arbeloa, muy desacertado, o Riise fueron puestos en evidencia por el gran Drogba, dominador absoluto del espacio aéreo en Stamford Bridge.

Y cuando alguno de sus compañeros se atrevió a combinar con él al pie, Drogba se inventó una jugada que terminó en el gol de Joe Cole. El central portugués Carvalho salió con el balón controlado desde la cueva, jugó con Drogba y éste, convertido en un falso extremo derecho, después de superar con facilidad a Agger buscó en el punto de penalti a Cole, que se aprovechó de la lenta reacción de Arbeloa para batir a Reina. Un Reina que a los ocho minutos había efectuado una parada imposible a un tiro de Lampard.

El Liverpool, con Xabi Alonso y Mascherano en el eje central y Gerrard y Zenden ocupando las bandas, apenas existió en ataque, donde Kuyt y Bellamy se perdieron en una lucha sin sentido contra sus marcadores. El planteamiento de Benítez no sirvió para controlar al Chelsea, que dominó con autoridad la primera parte, apoyado en ese fútbol directo que siempre terminó en Drogba. Mourinho dispuso un centro del campo con Makelele, Obi Mikel y Lampard, que sufrió para encontrar su sitio. Sin el balón Lampard sufre y apenas lo vio. Joe Cole y Shevchenko, negado toda la noche, escoltaron a Drogba desde las bandas.

Crouch y Xabi lo cambian todo

Sin tirar a la portería de Cech se marchó el Liverpool a los vestuarios. No mucho menos de lo que hizo el Chelsea, que aprovechó su oportunidad para tomar ventaja en una eliminatoria en la que los goles se cotizan muy caros. El camino por el que se movía el Liverpool sólo podía finalizar en una derrota. Benítez lo vio claro y se decidió a jugar las mismas cartas que Mourinho. Retiró a Bellamy y situó al altísimo Crouch como referencia ofensiva. Crouch no es Drogba, pero su sola presencia sirvió para que los centrales del Chelsea tuvieran un problema del que preocuparse y el ataque del Liverpool se vio revitalizado de tal manera, que el equipo tímido de la primera parte dio paso a otro que se fue decidido a por el empate. Xabi Alonso pasó a dominar el juego, Riise comenzó a subir la banda y Gerrard apareció por donde más daño hace, cerca del área y no perdido en la banda derecha. Pudo igualar Gerrard al poco de reanudarse el choque y si no lo hizo fue porque Cech sacó una mano al alcance sólo de los más grandes.

Se metió de forma definitiva en el partido el Liverpool, sin grandes alardes, pero poniendo la intensidad que requería la ocasión y apoyado en las ideas de Alonso. Respondió Mourinho en este duelo de entrenadores sacando del campo a Shevchenko, ausente desde el pitido inicial, para situar en la banda derecha al rápido Kalou, que aportó trabajo al centro del campo y mayor profundidad que el ucraniano. Le llegó la ocasión al Chelsea en una volea de Lampard a la que respondió Reina de forma excelente.

Pero el duelo de verdad, el más atractivo, dado el pobre fútbol que fueron capaces de ofrecer los dos equipos, continuó en el banquillo. Añadió un hombre ofensivo más Benítez, Jermaine Pennant, pero retiró de forma sorprendente a Alonso y todo lo que pretendía ganar en ataque se le fue por el desagüe del centro del campo, que se quedó sin referente, sin alma. No tardó en responder Mourinho, que dio descanso al agotado Joe Cole y recurrió a la velocidad sin control de Wright-Phillips. Y así se terminó de consumir el choque, en un movimiento de piezas sobre un tablero que tuvo como único rey a Drogba.

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