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Crónica:FÚTBOL | 23ª jornada de Liga

Decepción en Pamplona

Los dos equipos revelación de la temporada, Osasuna y Zaragoza, empatan en un encuentro plomizo

Los dos conjuntos revelación en la Liga y en la Copa decepcionaron en su choque. El partido no guardó ni un ápice de la espectacularidad que se podía esperar y se convirtió en lo que es, un partido más entre Osasuna y Zaragoza. Y eso que los fogonazos del inicio habían ayudado a levantar las expectativas. El partido ya había comenzado y la defensa maña se afanaba más en estirar y calentarse, mirarse los cordones y evaluar el frío en la capital navarra. Pero los jugadores de Osasuna, bastante más enchufados, saltaron chirriando rueda. Clavero, en una incursión desde la izquierda, consiguió sacar un centro demasiado bombeado y sin tino. En el área pequeña de los zaragocistas, tres defensas y César observan el descenso del cuero. Milito se llegó a abrir, dejando un hueco aún más grande para que Milosevic saltase sin que nadie le incomodase y cruzase el cuero, que entró después de tocar el palo.

El Zaragoza despertó del coma en el que se hallaba sumido. Los de Víctor Fernández se estiraron por la izquierda, la de Cani, y el conjunto se parecía al que humilló al Madrid hace cuatro días. Eso sí, con la ausencia de Ewerthon, que veía desde del banquillo las posibilidades que podía crear una apuesta basada en el contragolpe.

El choque resultaba muy abierto y rápido, con una progresiva pérdida de manejo. Raúl García, que cubría la mediapunta, se perdía entre la densidad defensiva visitante, con Gabi Milito y Álvaro ya entonados. Cani avisó desde larga distancia del peligro del Zaragoza, aunque Ricardo respondió bloqueando en dos tiempos. Apenas tres minutos después, Ponzio sacó petróleo de una falta escorada y a unos metros del área grande. El lateral diestro, en una falta más apropiada para un zurdo, colocó el balón en la escuadra.

Osasuna purgaba su exceso de confianza y su incapacidad para sujetar un partido que había comenzado de forma arrolladora. Sin embargo, Aguirre es diestro en el manejo de vestuarios. Mantuvo el mismo once, les apretó un poco las tuercas. Milosevic, quince segundos después de la reanudación, le respondió con un remate que Ponzio sacó bajo los palos. Muñoz, a renglón seguido, empalmó otros dos remates que también toparon con defensas blancos.

Víctor Fernández, por su parte, actuó de una forma más artera. Dosificó a Cani y Diego Milito mandándoles al banco y tiró de Lafita y Ewerthon en una apuesta menor por el ataque, con el partido de vuelta de Copa en la mente. El Zaragoza había perdido el norte. A pesar de esta ausencia cada vez más alarmante, los navarros no llegaban con facilidad. Las líneas aragonesas se plegaron y esta situación no benefició a Raúl García, discreto, aunque dejó su señal en un cabezazo que se escapó alto.

El entrenador zaragocista, ante la impotencia de su equipo, decidió encomendarse ya definitivamente al contragolpe y a Ewerthon. Además, nutrió el centro del campo con Celades, en sustitución del delantero Sergio García.

El choque se fundía como el plomo. Las dos sorpresas de Liga y Copa defraudaban. Los locales porque, a pesar del dominio, no llegaban a rematar y el segundo por su absoluto desapego al encuentro de la segunda mitad. Ya casi a la desesperada, Osasuna actuaba como el mar contra un rompeolas. La maraña tejida por Víctor Muñoz y por el propio miedo a perder convertía a los aragoneses en imbatibles. Sólo Milosevic pudo mostrar su clase, con un intento de vaselina a la media vuelta que César atajó con muchos problemas. Sin embargo, no fue suficiente para romper la igualada, que mantiene a Osasuna sin vencer en su estadio desde diciembre, precisamente cuando cambió de nombre.

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