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Crónica:FÚTBOL | 18ª jornada de Liga

Empate insustancial

Un Madrid sin aristas empata con poco juego ante un Villarreal que acabó agotado

Un Madrid sin aristas, que se defendió moderadamente bien y que atacó moderadamente mal, empató a poco en El Madrigal. A poco ritmo, a poco juego, a poca profundidad. Y lo que es peor: se dio por satisfecho. En los tiempos que corren, casi le sabe a éxito arrancar un punto en su condición de forastero en El Madrigal.

Y salir diciendo que ha jugado ordenado. Así lo expresó la acción de Guti en el minuto 87, alejando a propósito la pelota cuando el árbitro ya había señalado una falta, se entiende que con el objeto de perder tiempo. A pesar de que el Barça ya está a 13 puntos. Y a pesar de que Guti, junto a Zidane, fueron quienes más hicieron por ganar, conquistando en muchas fases un centro del campo en el que el Villarreal acusó la ausencia de Josico, así como su limitada condición física.

El cuadro de López Caro actuó prácticamente sin delantera. O al menos sin nadie que amenazara realmente la meta de Viera. Sólo el vigoroso Soldado, cuando entró en el último cuarto. Porque Baptista siguió sin encontrar el hilo, ni cuando jugó de segundo delantero, ni cuando pasó a primera espada atacante tras la lesión de Ronaldo. Tampoco ayudó Robinho, que se disolvió en los extremos ante la agresiva defensa de dos laterales experimentados: primero lo secó Arruabarrena y más tarde Javi Venta, sin ningún sobresalto. De este tipo de laterales, poco agraciados técnicamente pero muy ajustados en los marcajes, está repleta la Liga española, como ya ha podido advertir el habilidoso brasileño. Por otra parte, el debú de Cicinho, más allá de algunos chisporroteos por el extremo derecho, no escapó de la vulgaridad general.

El Villarreal desaprovechó, por tanto, una magnífica ocasión para ganarle por primera vez al Real Madrid, el único equipo que se le sigue atragantando a pesar del crecimiento del club amarillo. El único que le sigue impresionando. Al grupo de Pellegrini tampoco le llegó la cita en el mejor momento. Con poco equipaje físico, después de que Pellegrini aceptara, a sugerencia de sus jugadores, unas larguísimas vacaciones navideñas de las que han vuelto con algunos pliegues de más en el estómago. Y unas carreras de menos en el campo. Así acabó el partido el Villarreal, con la lengua fuera y sin más idea que la de cazar algún contragolpe.

Eso sí, mientras le acompañaron las fuerzas, Riquelme fue el único con un plan anoche en El Madrigal. Bajar el balón, asociarse con Forlán, trazar diagonales, buscar el hueco definitivo. Su fútbol de salón, al toquecito con Sorín, estuvo varios grados por encima del resto. Y le permitió disimular el descontrol táctico que propicia inevitablemente la falta de Josico. Sin él, el cuadro de Pellegrini pierde el centro del campo, como le sucedió en la primera parte ante el Benfica en El Madrigal. Como le sucedió ayer en la primera parte. Cuando Guti, sin nadie que le atosigara, se sintió el rey del mambo, mandó a su antojo y, espoleado por los abucheos del público, envió un par pases magistrales que dilapidó Baptista. Porque Baptista es un jugador desesperado. Su estado de confusión quedó retratado en ese centro pifiado de Roberto Carlos que lo dejó solo en el área pequeña: un desastroso control envió la pelota por la línea de fondo. La lesión de Ronaldo dejó a Baptista como primer delantero y a Robinho lo cambió al extremo izquierdo. Pero ninguno de los dos, en ningún caso, resultó determinante.

Pellegrini tomó una decisión muy arriesgada en el descanso. Dio entrada a Calleja, un futbolista inédito en las dos últimas temporadas. Y, claro, el chico lo notó. El Villarreal siguió sin entidad en el centro del campo. Y el Madrid, tampoco. Lo mejor del cuadro madridista en este segundo tiempo vino de los botines de Zidane, con un par de pases espléndidos. E incluso un sombrero a Senna, que propició la posterior tarjeta de éste al agarrarlo. Le quedan algunas esencias a Zidane, que irá administrando como pueda, pero, en ningún caso, puede ser el motor que saque a su equipo de la depresión. Ayer estuvo a punto de marcar de no ser porque Gonzalo Rodríguez, impecable toda la noche, dibujó una pirueta en el aire que le birló la pelota justo en el momento de marcar. Justitos como llegaron ambos conjuntos al último cuarto, la entrada de Soldado sirvió para inyectarle algo de profundidad al Madrid: por fin alguien con capacidad para rematar. A la que respondió Viera en su salida para cerrar un empate insustancial.

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