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Crónica:FÚTBOL | 11ª jornada de Liga

Dos fogonazos en mitad de la nada

El Atlético de Madrid y el Mallorca empatan un encuentro nefasto en sendos lanzamientos a balón parado

Terrible partido entre el Atlético de Madrid revolucionado, víctima de un ataque de ansiedad y sin los aperos mentales necesarios para trenzar algo de fútbol, y un Mallorca al que Hector Cuper pretende sacar de las catacumbas. Que el encuentro terminase con empate no es raro: que acabara con dos goles sólo se explica por dos fogonazos a balón parado.

Quizá lo mejor que se pueda hacer por el Atlético de la primera parte de Son Moix es tener piedad. Piedad, primero, por un uniforme infame, que desvirtúa la imagen de cualquier equipo. Y piedad, después, por el presunto juego desplegado por el conjunto madrileño. Fue el Atlético cualquier cosa menos un equipo de fútbol. Fue un conjunto de jugadores aislados, sin conexión, sostenido por un par de centrales de tronío, mal dirigido por un centro del campo sin bandas en el que Sosa no se entera y Jorge no ha llegado, y con Torres que no está para muchas fiestas solitarias.

Fue el Atlético un presunto equipo que no sólo no tiró a puerta en 45 minutos sino que no creó nada que pudiera ser anotado en las libretas como peligro. Fue el Atlético un equipo destruido frente a otro que trata de construirse, el Mallorca, que sin dar nada, al menos supo aprovechar un libre directo ejecutado de forma magistral por el venezolano Arango. Un golazo por la escuadra para desnudar un poco más a los rojiblancos, que ya no se pudieron amparar ni en el resultado. El Mallorca, que hasta ahora sumaba seis puntos en diez jornadas y era antepenúltimo, comenzaba a sonreir.

Pero vista su situación, y teniendo en cuenta que su entrenador es de nuevo el mariscal Cúper, no se podía esperar que el Mallorca se fuera arriba a rematar al Atlético, a finiquitar el partido. La segunda parte deparó así lo que se presumía. El cuadro balear abandonó definitivamente el balón y se lo dio por entero al Atlético. Sin saber que hacer con él, los rojiblancos dominaban la posesión, aunque el control del partido era de los de Cúper.

Todo hasta que comparecieron en el campo Ibagaza y Colsa. Hicieron poquito, aunque lo suficiente como para dar aire a su equipo. El argentino recogió el balón que le brindó su ex equipo y le dio más sentido al ataque rojiblanco en media hora que el que Jorge le pueda dar en tres años. Con su exquisito toque, puso una falta lateral en el corazón del área pequeña para que Colsa peinara el resultado con el empate. El ex mallorquinista no lo celebró. Tampoco hubiera sido honesto festejar el empate después del juego desplegado.

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