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Muere el futbolista del Benfica Miklos Feher tras sufrir una embolia durante un partido

El jugador se desplomó en el encuentro de Liga que su equipo disputaba ante el Vitoria de Guimaraes

El jugador húngaro del Benfica de Lisboa Miklos Feher, de 24 años, ha fallecido hoy tras la embolia que sufrió ayer por la tarde en el partido que su equipo, entrenado por José Antonio Camacho, disputaba contra el Vitoria de Guimaraes correspondiente a la decimonovena jornada de la Liga portuguesa.

Las imágenes de televisión del partido muestran que Feher pugnó por un balón en la banda derecha de su ataque y el árbitro pitó fuera de banda a favor del Vitoria. El delantero húngaro, sonriente, anduvo unos metros, dio media vuelta y, de repente, fatigado, se sintió mal. Se agachó unos instantes y se desplomó sobre el césped. Sus compañeros rápidamente se dieron cuenta de la gravedad del hecho. Uno de ellos le puso de lado y otro le abrió la boca y le intentó sujetar la lengua por si se la había tragado.

Tras comprobarse la gravedad de lo ocurrido, una ambulancia entró en el campo para atender al futbolista, pero no pudo utilizar un desfibrilador para reanimarlo debido a la peligrosidad que suponía por la lluvia, por lo que se le practicó un masaje cardiaco. De inmediato fue trasladado al hospital de Guimaraes, donde ha fallecido alrededor de las 00.23 de hoy lunes.

Sufrió una embolia

Fuentes del Benfica han señalado que Feher sufrió una embolia en pleno juego, muy cerca ya del final del encuentro, y ni la asistencia sobre el terreno de juego ni su traslado al hospital lograron que recuperase la consciencia.

Un portavoz médico del hospital ha explicado que Feher ingresó ya en situación de parada cardiorrespiratoria y que los intentos de recuperación fracasaron. El cuerpo sin vida permanecerá esta noche en el tanatorio del centro a la espera de la autopsia, que se practicará hoy.

Los jugadores del Benfica fueron un mar de lágrimas. Algunos, desconsolados, se tiraron al suelo y Camacho, muy afectado, abandonó el campo llorando amargamente, temiéndose lo peor, que finalmente ha ocurrido.

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