Argentina vence a Nigeria con disciplina de club

No pasó nada en el estadio de Ibaraki ayer para poner en duda la condición de favorita para ganar la Copa del Mundo que hace tiempo ostenta la selección argentina. El marcador, 1 a 0 contra Nigeria, fue engañoso. No reflejó la superioridad de los argentinos, cuya gran virtud , y cuyo mensaje amenazador a sus rivales, fue haber jugado el primer partido de un Mundial como un equipo de club, como si jugaran juntos todos los fines de semana.

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Las empresas inglesas de apuestas se vieron obligadas anoche a recalcular urgentemente sus números. Ahora dan casi por descontada la posibilidad de que Inglaterra venza a Argentina en el gran clásico intercontinental que se disputa en Sapporo el viernes.

Consideran, además, que los argentinos tienen cuatro veces más posibilidades de ganar el Mundial que los ingleses, que en el empate ayer contra Suecia jugaron como si se acabaran de conocer.

Lo que debe de causar aún más alarma entre los rivales serios de Argentina -como Italia, Brasil, Francia y, quizá, España- es ver que Marcelo Bielsa no parece haber decidido todavía cual es su once ideal. ¿Piojo o Kily por la izquierda? ¿Batistuta o Crespo de delantero centro? ¿Verón o Aimar, o Verón y Aimar? Y en la portería, Cavallero, que hizo dos grandes paradas ayer pero también un par de serios errores con balones aéreos, no tiene segura la titularidad.

A pesar de estas incertidumbres tal es la nitidez del esquema y el estilo de juego de Bielsa, y tan bien lo han digerido los jugadores, que cuando sale uno y entra otro la sensación que se tiene es que se ha reemplazado una pieza de un coche por otra idéntica, aunque quizás más nueva y mejor engrasada. Por eso el cambio forzado a última hora de Diego Placente por el capitán Ayala, que se dañó el muslo izquierdo en el calentamiento 15 minutos antes del comienzo, no incidió en la calma y solidez con la que la defensa argentina supo contener, durante la mayor parte del partido, a la nada desdeñable delantera nigeriana.

45 minutos fueron lo justo para que la selección argentina hiciera su rodaje en tierra japonesa. Durante la segunda parte se la vio a funcionar a toda máquina. La introducción de Kily por Claudio López en el descanso ayudó. El Piojo ha perdido aquella electricidad en el área rival que demostraba hace dos años en el Valencia, mientras que González es un jugador todo terreno, más al estilo de Bielsa, que exige a sus jugadores un alto voltaje de compromiso: que todos ataquen y que todos defiendan, que no dejen por un instante de presionar el balón.

Alentados por los pocos argentinos que pudieron pagar el viaje, pero por casi un estadio entero de japoneses vestidos de albiceleste, los de Bielsa salieron como un torbellino tras el descanso y crearon cinco claras ocasiones de gol en un cuarto de hora, cuatro de ellas a balón parado. Los nigerianos, por más físicamente imponentes que fueran, se mostraron casi tan endebles como Arabia Saudí cada vez que le llegaba un centro al área, con lo cual no causó mayor sorpresa que el gol argentino, un cabezazo de Batistuta, procediera directamente de un córner de Verón.

A pesar del dominio argentino, Nigeria tuvo dos o tres ocasiones de gol. Los centrales Samuel y Pochettino tuvieron que estar en máximo estado de alerta ante Aghahowa, un delantero de 20 años rápido como una moto. Pero al final, Argentina se impuso con comodidad, dando la impresión de que si realmente hubiera sido necesario volver a anotar, le habría bastado un apretón del acelerador.

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