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El hechizo oriental, de los harenes a la descolonización

Dos exposiciones en Valencia y Sevilla revisan, a partir de las enseñanzas de Edward W. Said, los estereotipos ligados a Oriente Próximo, de los harenes y odaliscas del siglo XIX al fin de ese imaginario en la era poscolonial

El óleo 'Fumador de kif' (1872), de Emilio Sala Francés.
El óleo 'Fumador de kif' (1872), de Emilio Sala Francés.

La experiencia del turismo contemporáneo no se diferencia mucho del viaje que emprendieron Henri Matisse y Francisco Iturrino en 1911. Los dos pintores fueron a Tánger en busca de lo que esperaban encontrar y volvieron reforzados en sus ideas preconcebidas. Sus obras posteriores alimentaron el imaginario sobre un Oriente de odaliscas sensuales y harenes prohibidos. Tampoco los vanguardistas Paul Klee y August Macke cuestionaron el discurso imperante cuando visitaron Túnez poco después. De un modo u otro, todos ellos perpetuaron la moda orientalista que inauguró la expedición napoleónica a Egipto entre finales del XVIII y principios del XIX. Y todos ellos están representados en la exposición Orientalismos. La construcción del imaginario de Oriente Próximo y del Norte de África (1800-1958), que revisa, a través de 600 obras, la construcción de ese imaginario en las salas del IVAM.

No en vano, el orientalismo “es una disciplina inventada por Occidente para poder hablar de su opuesto, de lo que denomina oriental”, explica Sergio Rubira, comisario de la muestra junto a Rogelio López Cuenca. “Si Occidente es racional, Oriente es irracional. Si Occidente es controlado, Oriente, descontrolado. Si el primero es activo, el segundo es pasivo”, añade en su descripción de una serie de estereotipos y clichés de lo que entonces se presentaba como una fuente de conocimiento y que hoy aún perviven. “Lo que se pone en evidencia, como describiría Edward W. Said en su célebre Orientalismo, es que las producciones culturales van acompañando las operaciones militares y la geopolíticas”, señala Rogelio López Cuenca, artista que ha trabajado sobre el harén como símbolo de la sexualidad reprimida de los europeos.

La exposición no habla de la visión del otro, sino del enfoque etnocéntrico que vehiculan las obsesiones, fantasías y miedos que proyecta Occidente sobre Oriente, sobre el otro. Y lo hace mediante un recorrido básicamente cronológico, que empieza en 1800 con Napoleón y acaba en 1958 con el fin del protectorado español de Marruecos y la independencia de Túnez. Una segunda muestra en el CAAC de Sevilla, Desorientalismos, abarca la etapa posterior, entre finales de los cincuenta y la actualidad. Aborda la misma cuestión, también a partir del libro de 1978 de Said, pero desde las aportaciones más recientes de creadores del norte de África y Oriente Próximo, como Amina Agueznay, Kamrooz Aram o Ariella Aïsha Azoulay. Comisariada por Juan Antonio Álvarez, indaga en una geografía producida por el colonialismo y caracterizada por el propósito de “orientalizar lo oriental”. A pesar de las conversaciones iniciales entre el IVAM y el CAAC para pergeñar un proyecto expositivo conjunto, al final cada espacio se ha centrado en sus exposiciones con planteamientos de diferente alcance.

La disposición abigarrada y recargada de las obras, como remitiendo a los gabinetes decimonónicos, caracteriza el recorrido en el IVAM con la idea de circular entre arabescos. Las pinturas del XIX dan paso a la propaganda soviética de los planes quinquenales (1928-1932) destinada a las repúblicas islámicas o a las postales de aliento pornográfico que sexualizaban a los habitantes de Egipto, Túnez o Argelia. El cuadro de un árabe traspuesto por haber fumado kif exhibe esa pasividad revelada como un tópico que de manera irracional se convierte en fiereza. “Se describe el mundo árabe e islámico preso de un fatalismo, una pasividad y una indolencia que se explotan sin explicación. Ese es un factor fundamental para las políticas coloniales”, señala López Cuenca.

'Ibn Sina' (2019), del iraní Kamrooz Aram, en la muestra del CAAC en Sevilla.
'Ibn Sina' (2019), del iraní Kamrooz Aram, en la muestra del CAAC en Sevilla.

Los neones que reproducen términos conocidos entre el público, como hiyab, puntúan todo el itinerario, que se detiene en los diseños de los ballets rusos de Diáguilev, reintroductores en el París vanguardista de la moda orientalista, o en la obsesión de Picasso por la artista argelina Baya como estereotipo exótico. La proyección de películas permite constatar cómo las pirámides “se convierten en un decorado perfecto para el cine comercial”, apunta Rubira. “Las películas de los años cincuenta de Hollywood coinciden con la revolución de Nasser en Egipto, que se convierte en un sujeto político protagonista de la escena mundial, rompiendo con la idea del mundo islámico atrasado. Justo en ese momento, la cultura de masas, el cine, contrarresta esa imagen con una vuelta a Simbad el Marino y Las mil y una noches, en un ejemplo de la instrumentalización política de la cultura para fijar un imaginario”, sostiene López Cuenca.

Cine, fotografía, dibujos, esculturas, carteles publicitarios y, sobre todo, pintura conforman la ambiciosa exposición Orientalismos, que ha recibido préstamos de numerosas colecciones públicas y privadas. Hay también mucha presencia de la fotografía, cuyo nacimiento y auge es paralelo a la consolidación del concepto de orientalismo. Las imágenes de surrealistas como Man Ray o Lee Miller comparten espacio con las del realismo (pese a la persistencia de los tópicos) de los fotógrafos soviéticos.

Ya en la última sala vuelve la referencia intelectual a Edward W. Said, pero esta vez por algunas de sus lagunas, como la perspectiva de género, según apunta Rubira, o la ausencia en su análisis de las experiencias fronterizas, como la rusa o la española, según apostilla López Cuenca. Al calor del regeneracionismo de 1898, España propone a la organización de la Exposición Universal de París de 1900 representar la identidad del país con la sobriedad castellana. “Pero eso no interesó a nadie. La organización quería espectáculo, flamenco, la Alhambra…”, señala el artista, mientras apunta a las fotografías e imágenes parisienses, enfrentadas en la sala a los tradicionales carteles de las fiestas de moros y cristianos, donde los segundos, claro está, nunca pierden.

Orientalismos. Instituto Valenciano de Arte Moderno. Valencia. Hasta el 21 de junio.

Desorientalismos. Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Sevilla. Hasta el 5 julio.