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San Isidro: El Juli auxilia a Simón Casas, al borde de un ataque de nervios

La rodilla lesionada de Ponce rompe los planes de la feria más abierta de los últimos años

juli
Julián López El Juli, en la plaza de Las Ventas, el pasado San Isidro.

Las vueltas que da la vida: ¿quién le iba a decir a Simón Casas, el empresario de Las Ventas, el productor cultural, el inventor del bombo light, que un toro de Matilla lo iba a colocar al borde de un ataque de nervios?

Lo que son las cosas…

‘El hombre propone, Dios dispone y el toro descompone’, reza el famoso axioma; y en verdad que no estaba en el guion que un toro elegido para la gloria de Enrique Ponce, en el patio de su casa valenciana, le levantara los pies del suelo y, en la caída, el torero se rompiera en mil pedazos la rodilla izquierda, y, de paso, trastocara dos de los carteles más rematados de la feria madrileña.

Despreciar Madrid (Manzanares y Morante) es un puntillazo a los aficionados

Y más aún: también es casualidad que ese toro fuera propiedad del apoderado de Manzanares y Morante, toreros que se opusieron frontalmente al bombo de Casas y decidieron no participar en la feria. ¿Tanto poder tiene Matilla como para hipnotizar a un toro para que lesione a Ponce y rompa San Isidro?

Es una broma, claro está, pero una imaginación calenturienta no hubiera parido un argumento más sicodélico.

El asunto es que, a pesar del surrealista comunicado de Ponce en el que parecía dispuesto a despreciar las leyes del sentido común médico, Simón Casas se encontró a pocos días de la presentación de los carteles con un serio problema: una de las grandes figuras, Ponce, no se podría enfundar el traje de luces, y dos corridas de primer nivel -Juan Pedro Domecq y Núñez del Cuvillo- quedaban descabalgadas.

¿Qué hacer, entonces? He aquí la gran cuestión.

Simón Casas -a la izquierda- y Rafael García Garrido, socios en la gestión de Las Ventas.
Simón Casas -a la izquierda- y Rafael García Garrido, socios en la gestión de Las Ventas.

Si el empresario fuera un revolucionario de verdad, habría vuelto a apostar por el bombo, y hubiera sorteado los dos puestos de Ponce. Pero, al parecer, le asaltaron las dudas, aparecieron los nervios, y concluyó que habría que mandar a paseo la dichosa idea innovadora, llamar a un salvador y asunto terminado.

Y llamó a El Juli, que había rechazado el nuevo sistema y, por tanto, quedaba excluido de lidiar las corridas que entraban en sorteo. Pero al empresario no le importó saltarse su propia norma. Parece que antes, según cuenta ABC, le ofreció a Roca Rey una de las dos corridas y la respuesta fue que no. Y se desconoce si habló con Matilla; lo cierto es que Julián se encontró con el premio gordo de la lotería sin haber comprado un décimo.

¿Qué no habrá pedido Julián para estar en la feria y aplacar la desazón del empresario?

Todos los carteles son interesantes; ver toros en Las Ventas es un espectáculo único.

Pues se equivoca Simón Casas. Hace mal cuando decide repudiar el bombo y llama a quien despreció el nuevo sistema. Y yerra porque El Juli, -figura del toreo por méritos propios, sin duda alguna-, no está hoy en condiciones de revolucionar la taquilla, y porque, otra vez, ha optado por el camino más cómodo.

Como alguien ha comentado en las redes sociales, la ‘bomba’ hubiera sido que El Juli se anunciara mano a mano con Roca Rey en la corrida de Adolfo Martín, pero volver a las andadas de Domecq y Cuvillo no interesa más que a los partidarios acérrimos del torero.

Para ese viaje no se necesitaban alforjas; dicho en román paladino: El Juli no merece que se le llame como salvavidas mientras mantenga su papel de torero acomodado.

Argumentan otros que El Juli puede elegir las ganaderías que le apetezca, que es lo han hecho las figuras en todas las épocas. Sí, pero los tiempos han cambiado, y la tauromaquia moderna exige un mayor compromiso para expulsar la monotonía y atraer la emoción.

Sea como fuere, El Juli le ha salvado los muebles a Simón Casas, quien, al final, ha decidido matar el bombo y presentarse como un empresario más y no como el revolucionario que dice ser. Allá él.

En la feria de San Isidro no estarán Manzanares ni Morante, y su decisión los define muy negativamente como personajes de la torería. Despreciar Madrid es un puntillazo a los aficionados. Ni Talavante, retirado y se le echará de menos; ni Ponce ni Fortes, en el lecho del dolor; ni Cayetano (¿le interesa ser figura?, ni Toñete, demasiado verde y escaso misterio.

No están otros que bien merecen una oportunidad en un ciclo tan largo: Varea, Castaño, Lamelas, Bolívar, Jesús Enrique Colombo, Javier y Borja Jiménez, Rafa Serna, Alfonso Cadaval, Lama de Góngora, Oliva Soto…

Se anuncian 48 matadores y la mayoría de ellos pisará la arena con el corazón a tope, consciente de que se juega el ser y el no ser en la profesión. Por esa razón, todos los carteles son interesantes, todos merecen la pena, y porque ver toros en Las Ventas -como en la Maestranza- es un espectáculo único, diferente y cargado de una tensión que no se palpa en las demás grandes ferias.

Se ha dicho que San Isidro recaía sobre las espaldas de Roca Rey. No. El torero peruano ha estado donde debe estar, sí, pero él y sus circunstancias son los dueños de su destino. El peso de la feria recae sobre las espaldas de todos y cada uno de los toreros, ganaderos y el empresario.

En fin que la suerte está echada. Ahora es el público el que tiene la palabra; el juez implacable que procesa la gestión del empresario, la opción de los toreros y la labor de los ganaderos.

Mientras tanto, quede constancia de que la ruleta de la vida le ha hecho una mala faena a Enrique Ponce, y ha permitido descubrir que el empresario de Madrid no cree en sí mismo. El bombo no merecía morir tan pronto.

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