Columna
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Matar como en un videojuego: ¿quiénes somos nosotros?

Una matanza se ha retransmitido en directo por Live 4 y, por primera vez, las imágenes de que disponen las teles no son recursos en bucle filmados tras un cordón policial

¿Qué editor de informativos puede resistirse a algo así? Sobre todo, cuando ya es viral y tu responsabilidad puede diluirse en el morbo colectivo. Algunos salvan la honra difuminando el fondo o recurriendo al pixelado, que es el jabón digital que lava cualquier escrupulillo, pero casi todos pican. ¿Cómo ignorar el gancho, cómo descolgarse de la corriente?

Una matanza se ha retransmitido en directo por Live 4 y, por primera vez, las imágenes de que disponen las teles no son recursos en bucle filmados tras un cordón policial, con ambulancias y sirenas de policía que señalan que algo terrible (que no podemos ver) ha sucedido. Además, hace tiempo que las cadenas perdieron la capacidad de ocultar nada: si no lo emite un informativo, está en Youtube. Por tanto, la decisión de emitirlo o no afecta solo a quien decide, pero no tiene impacto sobre el público.

Se ha hablado de que parece un videojuego, y se ha comentado que esa estética de juego tal vez engrasó los dedos de los asesinos al apretar los gatillos: entre sus víctimas y ellos había una puesta en escena que deshumanizaba a estos últimos. Por la historia y la psicología, sabemos que matar no es sencillo y que, para ejecutar su plan, un criminal debe adormecer parte de su cerebro y entrar en una especie de trance. Si es demasiado consciente de lo que hace, no lo hará. Eso lo sabían muy bien los nazis, que inventaron métodos para que los SS mataran en los campos sin pararse a pensar en lo que estaban haciendo realmente.

¿Somos los espectadores parte de ese método? Esas imágenes de las cámaras insertadas en las armas, ¿aumentan el asco, el miedo y la compasión por las víctimas o nos identifican, por su plano subjetivo, con los asesinos? Al margen de que su difusión sierva a la causa del terrorismo (que sólo quiere propagar su terror), la pregunta que no sabemos responder al ver la matanza es: ¿quiénes somos nosotros?

 

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Sobre la firma

Sergio del Molino

Es autor, entre otros, de los ensayos 'La España vacía' (2016) y 'Contra la España vacía' (2021). Ha ganado los premios Ojo Crítico y Tigre Juan por 'La hora violeta' (2013) y el Espasa por 'Lugares fuera de sitio' (2018). Entre sus novelas destacan 'La piel' (2020) o 'Lo que a nadie le importa' (2014). Su último libro es 'Un tal González' (2022).

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