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Inquietudes en torno al alarmante y polémico bombo taurino de San Isidro

Simón Casas, empresario de Las Ventas, ha renunciado a ser un revolucionario del toreo

Bolas del sorteo de la Feria de Otoño de 2018.
Bolas del sorteo de la Feria de Otoño de 2018.

Simón Casas, el empresario de Las Ventas, merece un encendido elogio. Es el único taurino que, ante las circunstancias dificilísimas que sufre la fiesta de los toros, ha sido capaz de plantear una iniciativa innovadora, moderna, y diferente. El sorteo mediante un bombo de los carteles de la pasada Feria de Otoño fue toda una agradable sorpresa y, al parecer, con consecuencias positivas y beneficiosas para la fiesta y la empresa.

Prometió el gestor francés que habría bombo en San Isidro y ha cumplido su palabra, pero a su manera o al modo que las circunstancias del sector le han permitido. Habrá bombo, pero en versión light, como con ánimo de molestar lo menos posible: diez corridas para diez toreros y la obligatoriedad de completar esos carteles con los nombres que se apunten al sorteo.

Simón Casas merece, también, un serio correctivo. La iniciativa isidril ha resultado fallida, incompleta y decepcionante.

A pesar de todo, en la balanza del halago y la reprobación pesa más lo primero porque no debe ser nada fácil innovar en un mundo tan opaco, cerrado, inmovilista, conservador y rancio como el taurino.

No debe ser fácil innovar  en un mundo tan opaco y rancio como el taurino

Así las cosas, el bombo para la feria más larga e importante del mundo ofrece un terreno propicio el análisis, los interrogantes, las preocupaciones, las curiosidades…

¿Por qué esta propuesta capitidisminuida y no otra más ambiciosa que suponga una ruptura total con el pasado y abra un nuevo escenario a la tauromaquia del siglo XXI?

Será, sin duda, la fuerza del sistema, la presión y la amenaza de las figuras, que son las que mandan; será el miedo lógico a que un cambio radical se vuelva contra su promotor… Será lo que sea, pero lo cierto es que Simón Casas ha tenido la oportunidad de pasar a la historia como el gran revolucionario del toreo moderno y se va a quedar en un simple aspirante con buenas ideas.

Diego Urdiales, triunfador de la Feria de Otoño de 2018.
Diego Urdiales, triunfador de la Feria de Otoño de 2018.

Es imposible -argumentan algunos compañeros periodistas- plantear un bombo para toda la feria de San Isidro. ¿Por qué? Porque las figuras, dicen, están en la cima por sus méritos y exigen justamente contraprestaciones en caché, toros, compañeros, fechas, y horas.

Eso podría ser admitido si la fiesta viviera momentos de gloria, las figuras se mostraran comprometidas y colgaran cada tarde el cartel de ‘no hay billetes’. Pero no es así. Por el contrario, son protagonistas de una película muy vista y aburrida; el espectáculo taurino está moribundo y requiere los cuidados de un revulsivo que le devuelva la vida. Si se admiten las condiciones de las figuras, todo seguirá igual y la fiesta pronto desaparecerá.

Es más: San Isidro ni les preocupa ni les interesa en caso de desacuerdo. Tal y como está montado el negocio taurino actual, las figuras podrían hacer su temporada sin necesidad de pasar por Madrid; pero es lógico que al empresario le preocupe. No puede montar una feria con toreros de segundo nivel.

El sorteo no tendría sentido si las figuras exhibieran compromiso con la fiesta

Quizá, por eso, quién sabe, el bombo no es lo que cualquier aficionado podría soñar.

Casas ha elegido diez ganaderías: Jandilla/Vegahermosa, Garcigrande/Domingo Hernández, El Puerto de San Lorenzo/Ventana del Puerto, Juan Pedro Domecq, Alcurrucén (dos tardes), Montalvo, Fuente Ymbro, Parladé y Adolfo Martín.

¿Por qué solo diez de las previsibles 27 corridas de la feria de San Isidro? ¿Y por qué estas diez y no otras? ¿Por qué solo diez toreros por sorteo y el resto a dedo? ¿Ha tomado el empresario ambas decisiones por sí mismo o son el resultado de las conversaciones previas con el ‘sistema’?

En el atardecer del pasado viernes, cuando se escribían estas líneas, solo cinco toreros, pertenecientes todos ellos a la consideración de figuras, se habían apuntado al sorteo, según había comunicado la empresa: Ureña, Urdiales, Ginés Marín, Castella y Ponce. (Por cierto, Diego Urdiales dijo el 8 de noviembre en la Asociación El Toro de Madrid que ya tenía contratada su participación en la feria de San Isidro y elegidos los toros, y que nadie le había hablado de bombo. ¿Mintió o lo engañaron?)

Inexplicable asunto a primera vista es que el elenco de las figuras no bloqueara al minuto siguiente el teléfono de Casas, pues los hierros ganaderos elegidos están entre sus preferidos en todas las ferias. ¿Qué querrán? ¿De qué mala pasta están hechos estos toreros?

Otra cuestión: ¿cómo es posible, además, que no haya acudido a la llamada el escalafón entero, sobre todo los muchos aspirantes con méritos para tener un hueco con ciertas garantías en la feria? Un poco raro parece que desde el sábado 9 de febrero, cuando se hizo pública la noticia, hasta el viernes 15, solo cinco hombres dieran un paso al frente. ¿O es que, por alguna extraña razón, la empresa ha ocultado los nombres de aquellos otros que sueñan con un cartel de gloria en San Isidro?

Por otra parte, Fran Pérez, codirector de ElMuletazo.com, apuntaba en Twiter, que debería haber otro sorteo con otras diez ganaderías: Victorino Martín, Valdellán, Dolores Aguirre, Saltillo, Baltasar Ibán, José Escolar, Cuadri, Pallarés, La Quinta y Torrestrella.

Pues no es mala idea.

Y otro aficionado señalaba que sería este el momento para que Roca Rey diera un puñetazo en la mesa y pidiera al empresario matar las corridas de Baltasar Ibán y Escolar, por ejemplo. La verdad es que sería la señal inequívoca de que el torero peruano quiere mandar en el toreo moderno.

Pero, a la vista de los acontecimientos, no será así.

En fin, bombo para San Isidro; light, pero novedoso. Un empresario que quiere ser revolucionario, pero que no se atreve o no se lo permiten. Una fiesta enferma en unas amenazantes arenas movedizas, y una afición, cada vez más alicaída y desesperada ante el egoísmo y el desinterés de los taurinos.

San Isidro hablará en mayo. La taquilla, quiere decirse…

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