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CAMPO MINADO CRÍTICA i

Las Malvinas, a pie de trinchera

La función dirigida por Lola Arias cautiva por la llana humanidad de sus intérpretes, excombatientes de ambos bandos

Lou Armour, con los brazos en alto, y Marcelo Vallejo en una escena de ‘Campo minado’.
Lou Armour, con los brazos en alto, y Marcelo Vallejo en una escena de ‘Campo minado’.

Un documental conciso, expresivo, didáctico y emocionante. Campo minado rememora la Guerra de las Malvinas desde la perspectiva de dos exmarines ingleses, un fusilero gurja al servicio de Isabel II, dos argentinos llamados a filas al poco de acabar el servicio militar y otro que se presentó voluntario, deseoso de recuperar las islas que el Reino Unido le arrebató a su patria en 1833. Cuando desembarcaron, los argentinos tenían 19 años de edad. Los británicos rondaban los 23.

La presencia escénica de todos ellos y la certeza que transmiten sus testimonios, pespunteados con aguja de oro por Lola Arias, mantienen al público prendido desde el prólogo hasta el fin del espectáculo. La verdad les asiste y lo que cuentan no tiene desperdicio. Se explican hasta donde su pudor les permite, lo cual basta para que el espectador salga de la función con mayor conocimiento de lo sucedido del que le proporcionaron en su día los telediarios.

Campo minado

Escritura y dirección: Lola Arias, con los intérpretes Lour Armour, David Jackson, Rubén Otero, Sukrim Rai, Gabriel Sagastume, Marcelo Vallejo. Investigación y producción: Sofía Medici, Luz Algranti. Escenografía: Mariana Tirante. Música: Ulises Conti. Luz: David Seldes. Vestuario: Andrea Piffer. Vídeo: Martín Borini. Sonido: Ernesto Fara. Madrid. Teatros del Canal, hasta el 25 de noviembre.

Los seis actores sobrevenidos hablan de quienes eran entonces, cómo llegaron al frente, lo que una vez allí pensaron y temieron, y lo que pasó después, de vuelta cada uno a su tierra: la desconexión con los amigos y la familia, la rabia acumulada, la depresión inevitable, las estrategias que utilizaron para superar el estrés postraumático y la falta de reconocimiento por los servicios prestados. En su relato no caben gestas ni gesticulación. Alguno de ellos sufrió calamidades que no le desearía a nadie. Otros se vieron obligados a causar un dolor irreparable. Sus vidas quedaron partidas en dos.

Marcelo Vallejo, Gabriel Sagastume, Sukrim Rai, Rubén Otero, David Jackson y Lou Armour calan hondo. Su verdad es universal. En la noche del estreno, el público compartió lágrimas y esa exaltación alegre que despierta el teatro necesario. Vale la verdad llana de estos hombres más que mil discursos: los de Margaret Thatcher y Leopoldo Fortunato Galtieri los pone Lola Arias en boca de sendas máscaras.

Todo está afinado, pulido y tratado con mimo por la directora y autora argentina. También la música: los seis excombatientes cantan admirablemente o tocan algún instrumento, con virtuosismo incluso: estremece el solo de batería con el cual Rubén Otero opina sin palabras del hundimiento del crucero General Belgrano, al que sobrevivió de milagro. Redondean la puesta en escena el uso medido de la imagen proyectada y de recursos de sonorización en vivo propios del teatro radiofónico.

En escena, David Jackson, que ejerce de psicólogo desde que dejó el Ejército, se lamenta de que se hayan suicidado más veteranos británicos de las Malvinas que soldados murieron en combate. A la salida, Gabriel Sagastume le cuenta a un espectador que ayer se suicidó otro veterano argentino: las guerras nunca acaban del todo para quienes participaron en ellas.

Aunque la razón me dice que en Campo minado falta contexto geoestratégico (pues nada se cuenta de que la toma de las islas echó por tierra una oferta negociadora similar a la que el Reino Unido le hizo a China sobre Hong Kong, ni sobre el papel jugado por Chile en la derrota argentina, ni sobre la reivindicación británica del sector de la Antártida más próximo a las Malvinas, a cuenta de su soberanía sobre estas), el corazón manda. Tal y como es, la funcíón enamora, acaricia y deja ganas de más.