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CONVERSACIONES A LA CONTRA

Ada Colau: “Yo siento a España como algo propio”

Ayuntamiento de Barcelona. Frescor y sombras góticas bajo el horno húmedo de la ciudad. Recibe la alcaldesa en blusa y sandalias

Usted estudió Filosofía, ¿no?

Sí.

Jürgen Habermas pidió en este diario: “¡Por favor, nada de gobernantes filósofos!”.

Discrepo. Necesitamos mucha filosofía, en general. A mí me ha servido a la hora de gobernar. Te hace ver que no hay verdades absolutas. Y eso es imprescindible.

Pues cuando se habla de “saberes útiles”, no se suele aludir a la filosofía precisamente… ¿Corremos el riesgo de acabar todos robotizados por el artilugio de turno?

Es que el peligro ya no es acabar robotizados, sino idiotizados. Los saberes parciales sin conexión entre sí no nos hacen mejores como sociedad. Al revés.

¿Qué queda de aquella niña del Guinardó?

Pues todo. Tengo la suerte de vivir en Barcelona, una ciudad diversa y cosmopolita y a la vez una ciudad de barrios, y el Guinardó es eso, un barrio con mucha inmigración, como la de mis padres, que vinieron de Almazán (Soria) y de Güel, un pueblo de pastores de Huesca, y estoy orgullosísima.

Usted siempre fue una activista social. Los activistas suelen ir contra el poder. Ahora ostenta el poder. ¿Sigue siendo activista?

Estoy en política por los mismos objetivos tanto si soy activista como si soy alcaldesa: hacer que las instituciones estén al servicio de la gente. Pero el papel que tengo ahora es diferente y lo dije el primer día: al pasar a ser alcaldesa ya no soy activista. Soy alcaldesa.

¿Teme haber podido defraudar a su familia política?

Siempre puedes defraudar a alguien. No. Siempre defraudas a alguien.

Yo le digo tres frases y usted me dice con cual identifica más su experiencia como alcaldesa. “Si lo sé no vengo”. “Que me quiten lo bailao”. “P’abernos matao”.

(Risas) ¡Entre la dos y la tres, ahí estoy!

¿Algún día se ha arrepentido?

No. Pero hay momentos duros y tienen que ver con la política partidista.

O sea, más que la política el politiqueo, ¿no?

Exacto. Las rencillas, las zancadillas, esa actitud miserable del corto plazo…

Ya, bueno, pero el corto plazo es una forma de vida de este país. Nada puede hacerse.

Pues hay que cambiar, hay que hacer política de más alto vuelo.

Se presentará otra vez, ¿no?

Siempre pensé en dos mandatos. Así que me presentaré al segundo. Muchos cambios necesitan dos mandatos.

¿Puede entender a la gente que se ha hartado de los políticos?

Se ha caído en una crítica generalizada de lo político que nos hace daño. Poner a todo el mundo en el mismo saco no tiene sentido, no todos los políticos son corruptos. Pero es evidente que el politiqueo ha generado muchos monstruos.

La llamaron populista y pescadera. ¿Le hirió? [el escritor y columnista de EL PAÍS Félix de Azúa dijo que Colau debería estar “en un puesto de pescaderas”]...

¡Vivan las pescaderas! Lo que molesta de ese comentario es el machismo y el clasismo de ciertas élites políticas, económicas e intelectuales del país. Una de las cosas más divertidas en mis primeros meses de gobierno fue ver la cara de incomodidad de gente que siempre había mandado en esta ciudad y que nunca me había visto y se preguntaban: “¿Y ahora cómo hablo yo con esta extraña que no estaba prevista?”.

Si Spain is different… ¿Cataluña qué es? Por cierto, échele un piropo a España.

¡Pero vamos, si yo a España… la siento como algo propio! Y no hace falta echar piropos a algo que sientes como propio.

¿Cataluña tiene remedio?

Evidentemente. Se llama democracia. Que haya independentistas y no independentistas no puede ser el problema. Hasta ahora hemos tenido represión y autoritarismo por un lado y opción independentista unilateral por el otro. Un error. Hay que hablar. Ceder. Y votar. Yo defiendo el referéndum, pese a no ser independentista.

Se fue Rajoy y viene Pablo Casado. Ese chico. Anímese.

No quiero bromear. Necesitamos una derecha moderna, pero Pablo Casado es cercano a la extrema derecha. Banaliza el fascismo, se ríe de la memoria histórica…

¿Qué tal se lleva con un señor que se llama Felipe?

Hay muchos felipes.

Sexto.

¡Ah! Lo he saludado y hemos intercambiado algunas palabras. Es de trato muy correcto. Pero este año con Felipe ha sido difícil, como jefe del Estado no estuvo a la altura con Cataluña. Bueno, y yo soy republicana, lo sabe todo el mundo. La monarquía es un sistema que ya no tiene justificación.

Usted se reconoció en televisión como bisexual. Yo me dije, con perdón, “¡olé sus c…!”.

(Risas). ¡Me salió de natural! ¿Qué iba a hacer, callármelo? He tenido relaciones importantes con varias mujeres y en concreto con una, y lo conté y ya está. Sorprende que la gente no se crea que fue algo natural. Síntoma de cómo nos va…