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arte / proyectos

Galería cooperativa

No Place es un proyecto entre galerías que busca en la exposición colaborativa conquistar al nuevo público, entre ellos el coleccionista

Obras de Mateo Maté en Wu Gallery, Lima, como parte de No Place 2017.
Obras de Mateo Maté en Wu Gallery, Lima, como parte de No Place 2017.

El momento que viven las galerías es complicado. Qué duda cabe. No hay mal fario ahí, sino un alud de realidad con la que todas se pelean a diario. ¿Por qué? La generación de coleccionistas que adquiría años atrás, cuando funcionaban con brío las grandes galerías en Madrid, ha dejado de comprar y, lo peor, de sentir ese entusiasmo por descubrir cosas nuevas. Y en ese vacío, se espera a una nueva generación de coleccionistas que parece llegar pero que se resiste a aterrizar del todo. Un agujero que ha afectado mucho a la generación que hoy tiene cuarenta, la que lidera esa nueva generación que aglutina el mapa de galerías en Madrid. El problema es económico, sí, pero no sólo. Justo hace diez años ya de la caída global y del Lehman Brothers, que ha bajado no sólo los ingresos sino también el pulso de la ciudad. El disentimiento y el desapego con lo institucional es más que latente, también en el arte. Algo hay ahí de crisis de representación democrática, de sentir el futuro tan a contrapelo y tan pegado al desinterés. No es extraño que varias instituciones artísticas (centros, museos, ferias...) miren ese tiempo por venir arrojando una mirada crítica. Y todo eso en un momento en que el debate del papel de las galerías en ese corpus institucional está más abierto y cuestionado que nunca.

Con este panorama, no es extraño que la galería media busque maneras de aliarse, entre similares y con el público, con inauguraciones conjuntas, el desayuno expandido o los conocidos Gallery Weekends. Hay quien da un paso más y entabla colaboraciones internacionales buscando otro tipo de posición. Ahí está Condo, por ejemplo, un proyecto basado en el intercambio: una galería en un determinado país acoge a otra de origen distinto. Después de celebrarse en Sâo Paulo, Londres y Nueva York, estos días llega a México con 22 espacios compartiendo exposiciones con 49 galerías internacionales. No es mala idea y, además, renueva un poco la escena artística en cuestión. Aunque tiene algo en el formato que recuerda a una feria, ellos la llaman “exposición colaborativa”.

La idea es entender las dinámicas de la cultura comunitaria y experimental, algo parecido a lo que busca No Place, un proyecto similar que tiene un punto de arraigo en España. La cabeza pensante está formada por Nerea e Idoia Fernández, N/F desde que Nieves Fernández, su madre, dejara su galería en manos de sus hijas. Del cambio generacional hace ya dos años, y 40 desde que este mítico espacio abriera en Murcia bajo el nombre de Yerba. En aquellos años, se editaba, se hacían debates y se huía de la idea de galería como mero espacio comercial. Su virtud fue recuperar a los nombres que silenció la dictadura, por aquel entonces los jóvenes Alexanco, Albacete, Teixidor, Equipo Crónica... Y el debate continúa hoy buscando respuestas fuera.

Desde ahí hay que entender No Place, que definen como “una plataforma experimental para la exhibición de arte contemporáneo”. El nombre está vinculado al concepto de utopía de Tomas Moro, que desde su raíz morfológica presenta una contradicción entre la traducción habitual que se ha hecho desde el latín: ou-topos que significa no lugar, y la tradición realizada por Quevedo: eu-topos, que significa buen lugar. En ese vaivén, el proyecto persigue un espacio ideal imposible, visto casi como el deseo inalcanzable. Nació el año pasado en Lima y a finales de abril, el 24, llegará a Berlín, a Glinkastrasse 17. Se trata de un proyecto que N/F firma junto a otras tres galerías, Nueveochenta de Bogotá, Arróniz de México y Michael Sturm de Stuttgart. En el caso de Lima, fue Wu Gallery la que acogió la propuesta de diez de sus artistas, en una colectiva celebrada los mismos días de la feria ArtLima. La intención es generar nuevos acercamientos al arte a través de un modo de producción alternativo. Lo que venden lo comparten a partes iguales y comparten, también, su lista de contactos. Todas tienen claro que el tamaño, la velocidad y la forma del mercado del arte ha cambiado mucho y que es hora de replantearse qué es el mundo del arte y lo que estaría bien que fuera. Así que empezamos por ahí, por el meollo de la cuestión para desgranar, con Nerea Fernández, gran parte de los tics de la creación contemporánea.

¿Sabemos qué es el mundo del arte?

El conjunto de personas involucradas en el fenómeno del arte: artistas, galeristas, coleccionistas, críticos, instituciones y comisarios. Todos los que participamos de una manea u otra en la creación, producción y difusión de la creación artística.

'Bananadog' (2014), obra de Esteban Peña, uno de los artistas de la galería Nueveochenta de Bogotá.
'Bananadog' (2014), obra de Esteban Peña, uno de los artistas de la galería Nueveochenta de Bogotá.

¿Funciona ese sistema tal y como está montado?

En general sí, pero hay grandes fallos de base. Aunque el arte contemporáneo se ha popularizado mucho a través de las ferias y las bienales, en muchos sentidos e ha reducido el número de personas que sienten la necesidad de adquirir obras de arte para que formen parte de sus vidas. Se ha perdido la visión del arte como motor de cambio social, algo necesario a lo que pertenecer para comprender y formar parte de nuestro entorno. En cambio, ahora se asocia más a un producto de lujo. Esto nos afecta directamente a las galerías. El mercado parece centrarse cada vez más en grandes galerías y grandes coleccionistas, y las pequeñas y medianas nos enfrentamos a una crisis de modelo de negocio.

¿El cambio de modelo pasa por reformular las exposiciones en la galería?

En muchos aspectos, la exposición en una galería ha dejado de ser el evento central y eso, además de crear dificultades para el galerista, crea una falta de profundización y comprensión del trabajo de los artistas. A la vez, es necesario ver una exposición para comprender el discurso de un artista. Las galerías permiten, además, abarcar un espectro en ese sentido que a través de las instituciones nunca sería posible. A más a más, la conversación en los últimos tiempos se ha centrado casi exclusivamente en las cifras del mercado del arte y ya apenas hay crítica y los artistas casi ni figuran siendo la base de la pirámide. En definitiva, el sistema funciona, pero creo que está llegando a un punto muerto y que es necesario un plan de cara al futuro. Un plan que pasa por la simbiosis entre profesionales, entre las grandes y las pequeñas galerías.

No Place busca ser una alternativa a ese lado expositivo. ¿Pasa el futuro de las galerías por una descolonización? ¿Hay un no lugar para el galerismo?

No Place es fruto de la globalización y, en cierto modo, de la deslocalización pero, sobre todo, un lugar en el que los artistas puedan desarrollar un proyecto en condiciones de espacio y concentración. A veces, además, en lugares donde su obra no es conocida. La falta de audiencia hizo que nos planteásemos qué sentido tiene hacer exposiciones en la galería que nadie ve. Es una cuestión compleja y desilusionante, pese a que la galería como espacio expositivo es necesaria. Lo que puede ser es que no necesite una sede fija como antes, y el espacio pueda ser cambiante dependiendo de las necesidades de cada momento. Un espacio donde los artistas puedan mostrar la totalidad de sus propuestas, algo que nunca suplantará una feria.

No Place es, por naturaleza, un proyecto nómada. De hecho, se habla ya de la nueva figura del artist advisor, galeristas que cierran sus espacios físicos y trabajan de otro modo y en otros lugares. ¿Tiene sentido?

Un buen galerista es un artist advisor desde mi punto de vista. No Place es nómada en tanto que cada edición se lleva a cabo en una ciudad diferente, buscando además espacios con una identidad concreta con la que los artistas puedan dialogar. Este nomadismo puede parecerse a otras iniciativas como Condo o Ruberta, aunque la diferencia fundamental es que No Place funciona como una cooperativa, de tal manera que la herramientas, los equipos de trabajo y los recursos de cada miembro está a disposición de los demás, en un esfuerzo colectivo por producir y financiar un evento donde el foco se traslade al trabajo de los artistas. Digamos que, cuando entras en No Place, los nombres de las galerías no figuran, sólo los de los artistas, y tanto la producción como las ventas se comparten por igual entre todos los socios. Por eso es, y esto es muy importante, una colaboración en el sentido más amplio. En No Place, los recursos y los ingresos benefician a todo el grupo.

El hecho de aliarse con galerías como Nueveochenta de Bogotá o Arróniz de México, ¿busca poner un pie en Latinoamérica?

No es su finalidad. No Place se arma con dos galerías latinoamericanas por afinidad, confianza, admiración profesional y por una buenísima relación personal. No seleccionamos los países a priori como una estrategia predefinida. Pero es innegable que el hecho de tener un pie fuera te cambia la perspectiva.

¿Tenemos éxito fuera?

No, a pesar de la buena programación que llevamos a cabo las galerías españolas y de la fantástica calidad de nuestros artistas.

Pero ¿estaríamos preparados para el éxito llegado el caso?

Preparados creo que sí. Honestamente creo que la calidad y profesionalidad de los artistas y las galerías en España es muy alta, aunque España sea un mercado muy pequeño y eso hace que ese buen nivel no acabe de profesionalizarse. Con un mayor apoyo interior podríamos tener mucho más éxito exterior, pero es un error buscar el reconocimiento sólo fuera.

¿Qué hacer con el escaso público que asiste a las galerías?

La educación es la clave. Las galerías son una actividad cultural gratuita y la gente debe saberlo. Somos lugares de encuentro entre el artista y el público, espacios para el conocimiento. Hay que recuperar esa idea de la galería como centro de los debates, en los que se refleja lo que sucede en la sociedad, y hacer comprender a la gente que el arte contemporáneo forma parte de la vida, y que es un motor social. Acercar el arte a la gente sigue siendo el reto fundamental.

Sabemos que el artista no vive del arte. ¿Y los galeristas?

Sí, pero con recursos mínimos en la mayoría de los casos. Gran parte de las galerías no tenemos suficiente personal para realizar la cantidad de trabajo que hacemos. Creo que todos somos capaces de vivir de esto a pesar de las dificultades, porque le dedicamos una enorme parte de nuestra vida personal o porque directamente, no hay una línea que separe ambas.

¿Cuál es la parte buena de este futuro incierto?

Que cada vez más decimos lo que realmente pensamos. Ahora mismo hay una conversación permanente acerca de la difícil situación en la que nos encontramos y un replanteamiento de casi todo.

Replantee: ¿cómo sería el sistema del arte ideal?

Pensando en España, me gustaría que se prestase más atención a los artistas españoles, y que las instituciones y la política tuvieran en mente el deber de promocionar el arte español fuera de nuestras fronteras. Pensando en general, que el arte fuese un elemento cotidiano, presente, y que se pudiera vivir de ello de forma justa. Que dedicarse al mundo del arte no suponga una renuncia.