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Dovlátov por Dovlátov

Extractos de cartas y textos inéditos en los que el escritor ruso se retrata y define a sí mismo

Serguèi Dovlátov.
Serguèi Dovlátov.

Maestros. “Puede uno postrarse ante la inteligencia de Tolstói. Sentirse admirado por la elegancia de Pushkin. Valorar las búsquedas morales de Dostoievski. El humor de Gógol. Y así sucesivamente. Y no obstante, al único a quien quisiera parecerme es a Chéjov” (Cuaderno de notas).

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Carcelero. “Solzhenitsin describe los campos de los políticos; yo, los de los comunes. Solzhenitsin fue un preso; yo, un vigilante. Según Solzhenitsin, el campo es un infierno; yo, en cambio, creo que el infierno somos nosotros mismos” (Zona).

Retrete. “Con la vivienda las cosas siguen, como siempre, mal: paso la noche en un cuarto de calderas. Pero es un problema que, en principio, tiene solución. Un periódico me ofrece 9 metros; otro, un apartamento de un cuarto, pero por alguna razón sin baño. Esto me asusta, porque todos mis argumentos los he inventado justamente en el retrete. No exagero, pues de hecho la gente lo pasa mal en el váter; corren las ideas, el intelecto se relaja. En una palabra, pronto tendré casa. Aunque me he pasado dos noches en la estación. Aquí los escritores son estonios. Cuesta tratar con ellos, son muy mustios. El temperamento de un estonio medio está a la altura de un judío muerto. Pero son más limpios, más naturales (no que los judíos, sino en general)” (Carta desde Tallin —Estonia— a una amiga de Leningrado).

Estados Unidos. “Estamos en Nueva York. Todo va bien. Lo principal en la vida americana es su variedad, su diversidad. Aquí hay de todo, desde lo más maravilloso hasta las cosas más repugnantes. Pero decididamente, de todo. Hay bragas de mujer comestibles. Camisetas con retratos de Jruschov. Un negro vecino va con un gorro de la Caballería roja. En Broadway he visto a una mujer completamente desnuda con una gabardina de celofán…” (Carta desde EE UU, años setenta).

Libertad. “En América hay, claro está, muchas cosas buenas, lo mejor tiene que ver con las tradiciones: la libertad, la buena disposición, el humor, pero nosotros hemos crecido en un país por completo diferente y nos acostumbramos a estas condiciones con enorme dificultad. Aquí la idea de la libertad se defiende con pasión, hasta patológicamente. Mi vecino puertorriqueño pone una música alta hasta el delirio, pero si yo le hiciera alguna observación, ni siquiera me soltaría una fresca en respuesta; sencillamente no entendería lo que le quiero decir, pues mi acto sería un atentado contra su libertad, contra su privacy. Privacy es su palabra mágica, significa ‘el campo de lo privado’ y se defiende con una fuerza titánica. Te puedes tirar a una tía, pero no le puedes preguntar: ‘¿Qué hiciste ayer’, sería transgredir su privacy. Katia [su hija] se ve con un chico, pero yo no sé absolutamente nada de él, es la privacy de ella…” (Carta desde EE UU).

Emigración. “Quiero y respeto América, pero nosotros no vivimos en América, sino en la emigración” (Carta desde EE UU).

Escritor profesional. “Hace tiempo que ya no existe aquel escritor que daba sus primeros pasos, al asalto de redacciones y editoriales. He escrito doce libros, cuatro de ellos se han traducido a varias lenguas, tengo contratos para otros tres en varios países, etcétera. Por supuesto, no me he convertido en Shakespeare ni en Brodsky, pero hace tiempo que soy un escritor profesional; pobre, como la mayoría de los escritores serios en Occidente, pero del todo respetado, y el volumen de lo escrito sobre mí triplica ya lo que yo mismo he logrado escribir” (Carta desde EE UU en enero de 1989; Dovlátov moriría en agosto de 1990).

Selección y traducción de Ricardo San Vicente.

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