Modorra
Pocos cumplen el propósito de irse a la cama cuando les invade la somnolencia viendo la televisión


La impresionante escena de gente roncando a campanilla batiente frente a una pantalla de televisión no debiera espantarnos pues es prueba fehaciente de que la condición humana tiende al incumplimiento del propósito de la enmienda. Uno de los empeños fallidos es acostarse cuando empieza el cabeceo, antes de que comiencen los codazos y se denuncie la interferencia de sonidos guturales parecidos al gruñido.
La posibilidad de grabar programas o rebobinar en los canales de pago hasta encontrar los apetecidos facilita el visionado de series, películas, documentales, basura y derivados que no hemos podido ver en su día por haber sido emitidos en horarios incompatibles con la jornada laboral o familiar. Los problemas entre padres e hijos, amigos, parejas o inquilinos comienzan después de cenar, durante la elección del programa almacenado en la despensa de grabaciones. “¡Siempre tenemos que ver lo que quieres tú!”.
La conciliación es posible cuando alguna de las partes renuncia a sus preferencias y se sumerge bufando en la tableta, el móvil y el cabreo. El resto pulsa el programa acordado y se acomoda. A ojo de buen cubero, alrededor de la hora sobreviene la modorra y alguien cierra los ojos, los abre y acaba bajando definitivamente la persiana. “No cambiéis de canal que lo estoy viendo”, farfulla el zombi. Poco a poco se suceden las bajas con la eventual resurrección de los traspuestos gracias a las inflexiones acústicas y gritos de las películas y concursos en emisión.
Pocos cumplen el propósito de irse a la cama cuando les invade la somnolencia aunque durante el desayuno deban enfrentarse a filmaciones caseras donde aparecen resoplando grotescamente abrazados a Morfeo.
La siesta frente a la pantalla es algo más serio, un bien de raigambre ibérica, que el populismo debiera incluir en su oferta programática con cargo a los presupuestos generales del Estado. La televisión es cooperadora necesaria en su desarrollo, que será más gozoso si se acompaña con documentales sobre fauna y flora.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Archivado En
Últimas noticias
El Gobierno de Milei estrena un nuevo esquema cambiario, mientras busca recursos para pagar vencimientos de deuda
El Barça da un golpe sobre la mesa en el clásico ante el Madrid
Condenado a un año de cárcel un ultraderechista por el ciberataque a la web del PSOE en plena ola de protestas ante Ferraz
Los demócratas critican en bloque la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela
Lo más visto
- Así le hemos contado la última hora del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la detención de Nicolás Maduro
- La Delta Force, la unidad de élite del ejército estadounidense que ha capturado a Maduro
- El ataque de Estados Unidos a Venezuela amenaza con provocar una nueva subida del precio del petróleo
- La lotería perdida y hallada de Villamanín
- El ataque de EE UU en Venezuela abre una nueva época de intervenciones en América Latina




























































