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REPORTAJE / DOCUMENTAL

El documental se crece

Menos encorsetado y rígido, más libre y económico, la producción de este género de cine avanza, al igual que su impulso creativo. Su gran problema es la distribución

Elías León Siminiai, José Luis López Linares y Sonia Tercero, en la sede de la Cineteca de Madrid.
Elías León Siminiai, José Luis López Linares y Sonia Tercero, en la sede de la Cineteca de Madrid.

Con la que está cayendo en la industria audiovisual, presupuestos cada vez más bajos y dificultades financieras angustiosas y muchas veces insalvables, el documental se ha convertido o se puede convertir en el refugio creativo de cineastas. Lo que está claro es que con el abaratamiento de costes y la introducción del digital, con cámaras pequeñas y manejables al alcance de muchos, el género documental en España está viviendo una verdadera explosión. A ello contribuye no solo la existencia de festivales específicos, por ejemplo DocumentaMadrid, cuya XII edición ha comenzado el pasado jueves en la Cineteca, un espacio mágico que dirige desde octubre de 2012 el que fuera director del Festival de Cine de San Sebastián Mikel Olaciregui, y la formación específica académica en distintas universidades, sino el auge de una nueva generación de realizadores que no buscan en el documental el camino para hacer cine de ficción, sino que su objetivo es claramente ese género de lo real donde encuentran una libertad que no les da la ficción. Una producción que avanza lentamente, pero con paso decidido. Según datos de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales de España (FAPAE), el número de documentales realizados en 2014 alcanzó la cifra de 98 de un total de 217 películas, un 45% frente al 39% de 2013 (92 documentales de un total de 232 películas) y el 36% de 2012 (67 de 182).

“Vive un momento culminante que, en mi opinión, está relacionado con la fragilidad que atraviesa nuestra industria cinematográfica. La crisis y la falta de ayudas han propiciado el florecimiento de un género apto para los francotiradores, para los supervivientes capaces de encontrar una vía de salida a su creatividad sin tener que pasar por la horma de los grandes presupuestos”. Arantxa Aguirre (Madrid, 1965), exbailarina y directora de exquisitos trabajos relacionados con la música y el baile (El esfuerzo y el ánimo o Béjart Ballet Lausanne au Palais Garnier), es una francotiradora más de un género que quiere expresar, con voz alta y decidida, un mundo en proceso de transformación.

Josetxo Cerdán: "Ante el encarecimiento de la producción de ficción, mucho cine de autor se ha movido al documental"

Josetxo Cerdán, pamplonés de 47 años, es una de las autoridades en el documental en España. Director del festival Punto de Vista desde 2010 hasta 2013, imparte un máster sobre este género en la Universidad Carlos III de Madrid. “Vivimos un momento fascinante, hay mucho movimiento. Ante el encarecimiento de la producción de ficción, mucho cine de autor se ha movido al documental, que es menos rígido y encorsetado, y por ello surgen impulsos creativos quizá más potentes”, asegura Cerdán, para quien esta eclosión actual viene madurando desde hace tiempo. Fue Asaltar los cielos, de José Luis López Linares y Javier Rioyo, sobre el asesinato de Trotski, el documental que redescubrió el género en nuestro país y que supuso un punto de inflexión en la manera de abordar la realidad a través de la utilización de elementos dramáticos. Un camino hasta entonces poco trillado, con alguna excepción como Basilio Martín Patino o Víctor Erice. A ese título le siguió el documental de José Luis Guerín En construcción, el primero de este género que concursó en la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián y que se alzó con el Premio Especial del Jurado en 2001. Algo insólito hasta entonces. El documental dejaba de ser ese producto solo para la televisión.

Han pasado casi 20 años desde Asaltar los cielos y el que sigue en la brecha es José Luis López Linares (Madrid, 1955). Es una especie de maestro para muchos de los documentalistas de ahora. Sabe bien de las dificultades, pero también de la grandeza de dejarse llevar por la sorpresa que depara el documental frente al cine de ficción. “Nunca se sabe cómo se va a empezar y cómo acabará. Es un descubrimiento continuo. Con la ficción uno está sujeto a un guion y busca aproximarse de alguna manera a aquellas imágenes que ha soñado. Al documental tienes que ir abierto a lo que puede pasar cuando se rueda y decidir en el momento que van apareciendo las cosas”. Tiempo y paciencia son los dos requisitos que López Linares, conocido como López Li, cree que necesita un buen documental. “Hay otros que son más rápidos que yo, pero para mí este trabajo se hace sobre todo en el montaje, es el trabajo ideal para los montadores, y para eso hace falta tiempo, porque montar y encontrar el ritmo es lo más difícil”, defiende este realizador, que presentó en el último Festival de Berlín su trabajo Jerez y el misterio del palo cortado, en el que indaga en los secretos del gran tesoro del vino de Jerez, y está ultimando El maestro de Altamira, sobre las pinturas rupestres de la caverna.

Arantxa Aguirre: "Es un género apto para los francotiradores, capaces de encontrar una salida a su creatividad"

Pero ¿cuál es la vida del documental? ¿Hay público para ello? Todos coinciden en que el problema mayor es el de la distribución, en llegar al espectador. “Todas aquellas obras que no son pensadas solo como productos, que no tienen un apoyo comercial y de marketing, encuentran más problemas de visibilidad, de espacio en las salas. Son los festivales y las salas alternativas que están surgiendo los que muestran este otro tipo de cine. El problema es que sea condenado a un circuito cerrado”, asegura Mercedes Álvarez, de 48 años, realizadora soriana afincada en Barcelona de la órbita de José Luis Guerín, y cuyas dos películas, El cielo gira (2004) y Mercado de futuros (2011), asombraron por sus propuestas delicadas y contundentes. El cielo gira estuvo cuatro meses en salas de cine porque la distribuidora la cuidó especialmente. “Hoy día ese estreno en España hubiera sido imposible”, lamenta Álvarez.

A golpe de azada y sin ayudas, como dice Josetxo Cerdán, se está asomando un circuito alternativo, como son las cinetecas, filmotecas y museos (el Reina Sofía, por ejemplo), que han advertido del “prestigio” del documental y lo programan de manera continua. “Esos espacios son hoy lo que eran los cineclubes en los años sesenta”, explica Cerdán, para quien lo más urgente es tratar de ubicar este género en la industria, que ha quedado en lo que él llama la “economía informal del cine”. “Sólo muy pocos proyectos hacen vida comercial y casi ninguno es español”, añade.

Mercedes Álvarez: "Las obras que no son pensadas como productos comerciales encuentran problemas de visibilidad"

Elías León Siminiani ha llegado a la Cineteca de Madrid convocado para un encuentro y una foto junto a López Linares y Sonia Tercero. Con su primer largometraje, Mapa, Siminiani (Santander, 1971) ya ha logrado que suenen las campanas a su alrededor. Es el perfecto ejemplo de trabajo íntimo y artesanal. Solo, Siminiani con una cámara y protagonizando él mismo este relato real sobre sus desvaríos amorosos en el que trabajó cinco años. “Fue la vida la que me fue llevando por ahí, la realidad estaba ahí y yo soy únicamente un catalizador”, asegura Siminiani, que defiende el género documental porque ofrece unos espacios de libertad y unas posibilidades de investigar que no tiene la ficción. “Es el hijo pobre de la industria. Hay público para estas historias, pero no hay apoyo institucional y las dificultades de distribución son elevadas. La falta de pedagogía y de educación audiovisual está en la raíz de muchos de los problemas que atraviesa este sector”.

A pesar de todas las dificultades, Siminiani, que prepara su segundo trabajo en torno a una banda de atracadores de Madrid, no se queja. Tampoco Sonia Tercero (Madrid, 1966), que con su cuarto documental, Robles, duelo al sol, ha estado presente en el reciente Festival de Málaga y también en Documenta. Robles, duelo al sol indaga en imágenes en la misteriosa desaparición en plena guerra civil española de José Robles, amigo del novelista norteamericano John Dos Passos, del que tradujo su obra Man­hattan Transfer. Con apenas 130.00 euros de presupuesto y dos años y medio de trabajo, Tercero ha levantado un filme que se verá como todos con serias dificultades para llegar al espectador. “El momento creativo en el que vivimos no tiene la salida que se merece. Solo cuando hay posibilidades de coproducir con televisiones tienes cierta garantía de que tu trabajo se vea aunque sea en televisión”. Robles, duelo al sol ha tenido esa suerte, pues ha contado con la participación de TVE, algo que no es fácil de conseguir.

Clara Astudillo: "Nuestro trabajo lo hacemos desde los márgenes, pero lo que no podemos hacer es paralizarnos y esperar"

Está claro que el victimismo no forma parte del lenguaje de estos profesionales. Ni de los más bregados, ni de los que se intentan abrir camino. Mercedes Álvarez asegura que no es difícil hacer una primera película, incluso una segunda —“se puede incluso prescindir de la figura del productor, de modo que la obra está más cercana a la escritura de autor”—, pero lo que ya es menos habitual es mantener un trabajo continuado, una trayectoria, como ocurre con grandes autores internacionales. La que acaba de empezar y de qué manera es Carolina Astudillo, chilena de 39 años, que llegó a Barcelona a realizar un máster de nueve meses en 2007 y se quedó. Su primer largometraje, El gran vuelo, acaba de conseguir el premio al mejor documental en el Festival de Cine de Málaga y el Feroz Puerta Oscura, que concede la Asociación de Informadores Cinematográficos de España en el mismo certamen. Excepto los 9.000 euros que consiguió para la producción del filme, una historia en torno a Clara Pueyo, militante del Partido Comunista que escapó en los primeros años de la dictadura franquista de la prisión de Les Corts de Barcelona por la puerta principal y de la que nunca más se supo, todo el resto de la financiación ha salido de su bolsillo. No se queja y sigue adelante, como muchos otros de sus compañeros. “Nuestro trabajo lo hacemos desde los márgenes, porque lo que no podemos hacer es esperar a las ayudas. Si vienen, bienvenidas sean, pero si no, tenemos que seguir adelante. No debemos paralizarnos ante las situaciones adversas”.

Y así, desde las trincheras, explorando nuevas formas de contar, rompiendo moldes y convenciones, formatos y lenguajes, los documentales huyen del ruido y del espectáculo para mostrar el mundo real. Contra viento y marea y mucho orgullo.

Propuestas estrella de DocumentaMadrid

Dedicado en exclusiva al cine documental internacional, DocumentaMadrid aborda este año (del 30 de abril al 10 de mayo) su XII edición, la tercera que dirige Mikel Olaciregui, con sede en la Cineteca de Matadero Madrid (www.documentamadrid.com). El cine de lo real con toda su complejidad forma parte de la suculenta programación de este año, en cuya sección oficial compiten un total de 14 largometrajes, todos ellos inéditos en España.

Lo real y la ficción

El ciclo Una doble mirada indaga en un mismo hecho a través de un documental y de un filme de ficción. Andrés Rabadán, el loco de la ballesta; la historia de Harvey Milk, el primer homosexual que accedió a un cargo público en EE UU, o la fuga de un piloto prisionero del Vietcong son algunas de estas propuestas.

La España del cambio

José Ribas, un estudiante barcelonés de Derecho, fue el impulsor de Ajoblanco, la revista que se convirtió en el espejo de la contracultura en España a finales de los setenta. Ajoblanco, crónica en blanco y negro, dirigida por David Fernández de Castro, es el retrato de la transformación de la sociedad española.

Dos músicos cara a cara

La retrospectiva de este año está dedicada a la productora española Carmen Cobos, de la que se ofrece una selección de 12 títulos. Entre ellos, Imperfect Harmony, dirigido también por ella, y en el que se indaga en el dominio de la música a través de dos maestros: Louis Andriessen y Mariss Jansons.

Vuelta a las raíces

La única coproducción con participación española a concurso es Desde que el mundo es mundo, dirigida por Günter Schwaiger, realizador austriaco afincado en nuestro país. El retrato de un agricultor y su familia, en lucha en tiempos de crisis, es también un homenaje a la naturaleza y la vuelta a las raíces.

Afroamericanos en la Guerra Civil

Muy poco se sabe de los afroamericanos que vinieron a luchar a España a favor de la República en la Guerra Civil. Héroes invisibles, de Alfonso Domingo y Jordi Torrent, se centra en la historia de James Yates, un voluntario cuya vida cambió por completo tras su paso por nuestro país.

El horror indonesio

Sin duda, una de las joyas de esta edición de Documenta es La mirada del silencio, el filme de Joshua Oppenheimer, Oscar por The Act of Killing, en el que los responsables del genocidio indonesio se ponían delante de la cámara. Ahora Oppenheimer ha dado la voz a los supervivientes de aquella tragedia.

Merienda de amigas

Durante los últimos 60 años, un grupo de cinco amigas maduras se reúne una vez al mes para compartir una suculenta merienda y recordar sus últimos años sin pensar en el futuro. Maite Alberdi ha metido la cámara en esos encuentros en La once, el filme chileno que concursa en la sección oficial.

Regreso a Afganistán

Michael McEvoy fue un soldado británico destinado en Afganistán como miembro de la delegación de la OTAN para adiestrar al ejército de aquel país. Ahora, junto a Saeed Taji Farouky, codirige Tell Spring not to Come this Year (a concurso en la sección oficial) y regresa y cuenta sus impresiones sobre la situación actual.

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