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La risa se ha vuelto amarga

Series como ‘Girls’, ‘Louie’ o ‘Transparent’ encabezan el auge de la tragicomedia

Lena Dunham, en una imagen de la cuarta temporada de 'Girls'.
Lena Dunham, en una imagen de la cuarta temporada de 'Girls'.

Quien se acerque a comedias como Girls, Louie o Transparent con ganas de hacer unas risas se llevará una gran decepción. Aunque se traten de series etiquetadas como comedias, en realidad tienen mucho de drama. Como la vida misma. Frente al formato habitual de las comedias de situación, donde en cada nuevo capítulo se vuelve a la casilla de salida, sin apenas evolución de los personajes ni de la historia, destaca el auge de las tragicomedias, comedias trágicas o dramedias, ficciones en las que nada es blanco o negro, sino que se mueven en el mundo de grises en el que se sitúan los dramas televisivos más recientes.

Creadores como Louis C.K., Ricky Gervais, Larry David o Lena Dunham sobresalen por explorar cuestiones dolorosas que van más allá del chiste puro y duro, consiguiendo que se difumine la frontera entre el drama y las comedia. Es un mundo que conocen bien en el canal Showtime, casa de ficciones como Nurse Jackie o la versión estadounidense de Shameless.

Las historias reflejan el mundo personal de sus creadores

“Las sitcoms tradicionales, en lo que respecta a guion, son absolutamente esquemáticas, enclaustradas en una fórmula. Hay una manera muy concreta de escribirlas que el tiempo y la industrialización del proceso han hecho que sea un género que pierda frescura”, opina Natxo López, guionista de series como 7 Vidas o Con el culo al aire. “Las nuevas tragicomedias se han desprendido de la necesidad de hacer reír cada 20 segundos y se preocupan más por la narración”, añade.

Es una de las características de Transparent, la ficción que se alzó recientemente con el Globo de Oro a la mejor comedia televisiva del año y que, valiéndose de esa mezcla de humor y drama, presta atención al terremoto emocional en el que se sumerge una familia cuando el padre comunica su transexualidad. Es una historia a la que le encaja tan bien la etiqueta de un género que de otro. Lo mismo que a Orange is the New Black, que ya ha acudido a galas de premios para competir tanto en las categorías dramáticas como en las de comedia. “Son series en las que, continuamente, no sabes si reír o llorar”, dice Jorge Carrión, autor del ensayo Teleshakespeare (Errata Naturae).

Muchas de estas comedias dramáticas tienen en común reflejar en la pequeña pantalla el mundo de sus creadores: el de Lena Dunham en Girls, el de Louis C.K. en Louie, el de Jill Soloway en Transparent… “Es un elemento que antes estaba casi vetado en comedia y que esta nueva ola de creadores han conseguido introducir”, asevera Natxo López, quien considera que la comedia necesitaba “reencontrarse, parar un poco y tomar otra dirección, porque empezaba a dar síntomas de agotamiento”.

En este nuevo panorama, ¿qué espacio queda para las comedias al uso? ¿Está agotada la fórmula de las sitcoms? “Es una manera de hacer que ha funcionado, y muy bien, durante 50 años. El problema no es tanto el formato, sino una cuestión de tono y contenidos. La sitcom tradicional se ha quedado estancada en el humor blando y familiar”, remata López. Para Carrión, “esa hibridación, casi al 50%, de comedia y drama es nueva dentro de la serialidad estadounidense, porque ya no es algo aislado; es una auténtica corriente cada vez más importante”. A pesar de ello, este ensayista también recuerda que “las series comerciales siempre han tenido su contrapunto humorístico, aunque fueran dramas”.

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