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¿Podéis?

Si Manhattan y Berlín siempre serán invulnerables, no está tan claro que Bárcenas no pueda joder un poquito más al partido de su alma

Alexis Tsipras y Pablo Iglesias
Alexis Tsipras y Pablo Iglesias

Leonard Cohen afirmó con voz hipnótica y sensual en medio de himnos de amor, su recuerdo, su final o su desolación, cosas tan visionarias como: “Cristo fue marinero mientras caminó sobre las aguas y supo con certeza que solo podrían verle aquellos hombres que se estaban ahogando”. También: “Me condenaron a 20 años de aburrimiento por intentar cambiar el sistema desde dentro, pero ahora he vuelto para cobrármelo. Primero conquistaremos Manhattan y después Berlín”. Escucho a Pablo Iglesias cerrar un mitin acompañando al líder de Syriza haciendo suyos los deseos de Cohen sobre la toma de esos bastiones que parecen inexpugnables. Y me digo: bendito seas en tu ignorancia, joven airado y volcánico, si sigues creyendo que Wall Street y los banqueros de Angela Merkel no te van a borrar del mapa con un despectivo suspiro si de verdad llegaras a representar un peligro serio para sus intereses. No llegarías ni a divisar de lejos ni Manhattan ni Berlín.

No digo que fueran a suicidarte como al fiscal argentino. Hay otras formas menos sanguinolentas para acorralarte, neutralizarte, corromperte, hacerte pagar caro tus osados sueños de invasión de lo intocable. Como mucho, puedes inspirar cierto miedo entre los aplicados sirvientes del poder. No es normal que todo dios (se supone que aquellos que tienen algo goloso que perder) intenten convencer a los votantes de que Podemos posee rabo y cuernos detrás de su apariencia humana, que el Apocalipsis es inminente si ganan en las urnas. Solo les falta acusarlos de pedofilia, zoofilia, necrofilia, incesto, de desviadas tentaciones de la carne. Tal vez sea más eficaz y menos cómico que afirmar que son coreanos del norte, etarras, estalinistas, fascistas, bakuninistas, indefinidos, castristas, chavistas, evomoralistas, ladrones, guillotineros, satanistas y no sé cuántos pecados más.

Si Manhattan y Berlín siempre serán invulnerables, no está tan claro que Bárcenas no pueda joder un poquito más al partido de su alma y de su fortuna si le cargan a él solo el mochuelo de que en su negocio estaba pringado hasta el más lerdo. Se siente demasiado rocoso, demasiado seguro. Fantástico su agradecimiento al solidario consejo de Rajoy de que fuese fuerte. Lo ha seguido. Y está como siempre, como una rosa pepera.