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OPINIÓN

Culebrón en los Hamptons

'Revenge' ha sabido sacar brillo al concepto de culebrón y lo lleva hasta el extremo con orgullo

Culebrón en los Hamptons

Amanda Clarke tenía un plan. Cuando arranca la cuarta temporada de Revenge (el miércoles 21 Fox Life empieza a emitirla en versión dual), ese plan ya se ha cumplido tras haber dado muchas vueltas. Ha provocado caídas en desgracia, muertes, desapariciones misteriosas, reapariciones más misteriosas todavía... Ha dejado muchas frases, miradas y sonrisas falsas convertidas en dardos envenenados. En eso, la retorcida Victoria Grayson (Madeleine Stowe) es maestra. Cual reina de los lujosos Hamptons, su principal preocupación era organizar y presidir fiesta tras fiesta. Eso hasta que apareció en su vida Emily Thorne (la identidad que adoptó Amanda Clarke para acercarse a los Grayson). Pero mejor no entremos ahora en detalles en el enmarañado argumento de Revenge o no terminaríamos nunca.

Culebrón en los Hamptons

Revenge no tiene límite. O bien quema tramas a una velocidad alocada o las estira hasta la saciedad (mejor olvidar la segunda temporada, lastrada por la historia de una conspiración que ni fue a ningún lugar ni volvió a ser recordada en los siguientes capítulos). Y, a la vez, engancha sin remedio a base de cliffhangers (esos finales de capítulo que te dejan con el alma en vilo pendiente del siguiente) y con la grandeza del personaje de Victoria Grayson, una mala de las de antes, que sabe renacer de sus cenizas y a la que nada ni nadie se le pone por delante. "Cada vez que te sonría desde el otro lado de una sala o nos encontremos en un restaurante o te dé la bienvenida a mi casa, que mi sonrisa te recuerde lo mucho que te desprecio", dijo como solo ella sabe hacer a una de sus enemigas.

Ahora, cuando parecía que ya nada más podía pasar, cuando los secretos iban saliendo a la luz, resulta que quien creíamos muerto, estaba de parranda. Y que hay más venganzas preparándose. Revenge ha sabido sacar brillo al concepto de culebrón y lo lleva hasta el extremo con orgullo. No aspira a pasar a la historia de la tercera edad dorada de la televisión, pero en lo suyo se maneja estupendamente... cuando quiere. Claro que hay tramas que sobran y personajes inservibles, pero Revenge es así. Si la abrazas, es con todas las consecuencias.