_
_
_
_
OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Maravillados

En los entierros todo el mundo llora por televisión tras deshacerse en elogios, porque de alguna manera está compensando no tener otros espacios más racionales para expresar el respeto

David Trueba
El cardenal Rouco Varela en el funeral por Adolfo Suárez
El cardenal Rouco Varela en el funeral por Adolfo Suárez

Nunca deja de maravillarnos el mecanismo de la sociedad. Una de las cosas divertidas de ser español es comprobar un día tras otro la devoción necrófila del país. Este es un lugar donde se adora a los muertos pero los vivos incordian. Por eso a los entierros acude todo el mundo y guarda cola y llora por televisión tras deshacerse en elogios, porque de alguna manera está compensando no tener otros espacios más racionales para expresar el respeto, la admiración y la justicia. Hay que esperar a que se muera alguien para saciar ese otro lado que llevamos oculto, no sea que nos tomen por blandos, manipulados o bobos. Y, claro, el peligro de tanta necesidad de entierro y elegía, es que nos lleva casi siempre a la exageración y la desmesura.

La muerte de Suárez ha tenido todos los componentes necesarios. Pero no debemos insistir sobre algo que es tradicional. Lo que es gracioso es comprobar que el luto tiene sus jornadas y luego llega la insidia, con la puntualidad de siempre. Por eso convendría declararse en contra de los entierros. Incluso con las personas sin relevancia, el entierro obliga a un gasto económico notable incluso para los menos convencidos de la resurrección. El entierro contiene además ese grado de mentira exhibicionista que solo es superado en las bodas, cuando dos tipos cargados de instintos animales se juran amor eterno delante de amigos y familiares. Las religiones vampirizan la muerte en su favor como hacen con todas las estaciones de paso obligatorio para el ser humano.

La intervención de Rouco Varela durante los funerales de Suárez ha despertado recelos. Pero la verdad es que cuando uno va a misa se expone al discurso del sacerdote, que goza de una libertad absoluta para llevarlo por donde prefiera, y puede hacer uso de esa concesión. También respetamos el modo en que un actor encara el personaje de Hamlet, aunque no sea nuestra idea del personaje. Lo esclarecedor es que nos pasamos la semana de luto recordando que ya no quedan políticos como Suárez pero olvidábamos que tampoco quedan cardenales como Tarancón. Lo que hay, eso sí, son misas y entierros como los de siempre.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_