Sopa de Cabra: “No hay peor maldición que triunfar con aquello en lo que no crees”

El grupo publica este viernes “La gran onada”, un disco que refunda el sonido del grupo y lo abre al futuro

Josep Thió, a la izquierda, y Gerard Quintana, los Sopa de Cabra, que sacan disco hoy.
Josep Thió, a la izquierda, y Gerard Quintana, los Sopa de Cabra, que sacan disco hoy.Juan Barbosa

Sopa de Cabra publican este viernes La Gran Onada, segundo disco tras su reunificación en 2011. Es un disco muy Sopa de Cabra, pero a la vez abre las puertas a lo que podrían ser los Sopa de Cabra del futuro. Gerard Quintana (voz y letras, 55 años) admite que se trata “de una obra que hemos pensado bastante, respondiendo a la pregunta inicial de si teníamos que editar un elepé, publicar sencillos independientes o buscar nuevas fórmulas”, afirma. El resultado ha sido un álbum grabado en seis estudios, macerado por el tiempo y con notables cambios entre los dibujos iniciales de las piezas y su resultado final. Por debajo de todo ello un cambio controlado que suena al mismo tiempo a refundación, que Gerard defiende con una sentencia categórica “no hay peor maldición que triunfar con algo en lo que no crees. Sería una impostura, lo encuentro dramático”.

Los cambios: hay una tenue base de ritmo digital en Farem que surti el sol y en otras piezas la voz de Gerard suena tratada, ¿herejías?: “En Farem probamos baterías acústicas, pero la pieza no funcionaba. Teníamos dudas, porque el ritmo podría deslizarse hacia lo bailable, y no sabíamos si queríamos eso. Al final pensamos en cómo suena José González y nos decidimos. La canté contenido, como lo hace en ocasiones Paul Simon”. ¿Y la voz? “Me costó escucharme así, pero hoy nadie canta con voz sin tratar. Y simplemente no hemos renunciado a estos recursos. Artistas como Bon Iver también nos han marcado un referente en este campo. La cuestión es que las primeras veces no me podía oír, y a la cuarta no me podía escuchar sin los efectos”, reconoce.

Para Josep Thió (compositor y guitarra, 55 años) todo ello se traduce en un disco ambivalente: “Denota una cierta maestría en lo que sabemos hacer, aunque también hemos probado cosas que no sabemos hacer. Lo cierto es que tiene una personalidad marcadamente Sopa, y además de la mejor Sopa, tiene cosas de los nuevos Sopa y a la vez es el disco más Sopa de toda la carrera”. Otro elemento que indica cómo madura la banda es la aplastante mayoría de baladas y medios tiempos, con apenas canciones trepidantes. Interviene Cuco Lisicic (bajo, 59 años): “Lo extraño sería continuar como si tuviésemos 20 años. Creo que es fruto de una evolución paulatina, por lo que no nos ha costado aceptarlo”, dice antes de que Gerard remate el pensamiento: “No intentamos ser los más roqueros, yo en casa cada vez escucho más música clásica y jazz y menos música con letra y cantante”. Cuco remata el hilo argumental: “Es que el rock ya no nos sale como antes, no es que nos salga y nos reprimamos, es que no nos sale igual”. Dinosaurios, entonces. "No, el Enterprise”, responde Gerard tras una sonrisa.

En el apartado de las letras parece que el amor tiene un peso notable, incluso podría pensarse en la noción de amor romántico. Gerard lo desmiente rotundamente: “El amor romántico me queda lejos, pero el amor tiene muchas acepciones, y una de ellas es la empatía. Ser capaz de ponerte en el lugar del otro, de construir. Amor implica confraternizar. No es un amor adolescente del que hablo. Según cómo hasta los valores republicanos son amor”. ¿Y qué acepción le damos a libertad, una palabra cada vez más maleada? Gerard responde: “Me gusta la definición de Nina Simone, ‘ser libre es no tener miedo’. Hay algo de esto en La llibertat, no mirar hacia atrás, no ser esclavo del miedo, de lo que digas o hagas. No tener miedo es el comienzo de los cambios que creo necesita una sociedad como la nuestra, no tener miedo al de fuera, no tener miedo al de al lado”. Y hablando de temas sociales, ¿les siguen preguntando por temas políticos? “Cada vez menos”, dice Gerard, “creo que se debe a que no militamos en ningún partido, y parece que hoy es tiempo de cerrar filas”. En otras palabras, si Woody Allen en una guerra solo serviría de prisionero, Gerard en los partidos sólo serviría para ser expedientado.

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