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Un bar de San Vicente del Raspeig regala el Gordo de la lotería de Navidad

Un lotero de Alcoi reparte 60 millones de euros entre trabajadores y jubilados de Telefónica

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Clientes del bar de Pepe, en Sant Vicente del Raspeig (Alicante) celebran con sidra que les ha tocado el Gordo de la Lotería de Navidad. EFE/Morell

Hace 40 años, un bar de San Vicente del Raspeig, una localidad situada a unos 10 kilómetros de Alicante, se abonó al número 26590, agraciado este año con el Gordo de la Lotería de Navidad. El propietario acabó jubilándose sin haber repartido nunca un solo premio y el abono pasó al bar Pepe, del mismo municipio, regentado por Basilio Flores. Este año, como todos, Basilio repartió seis series del número premiado entre sus clientes y amigos, “la mayor parte de los décimos, regalados”, dice su hijo. Y, a punto de jubilarse, por fin ha podido celebrar una lluvia de millones.

“Nada más llegar, mi hijo me ha contado que nos había tocado el Gordo”, explica Fuentes, en la abarrotada entrada de su bar, con el suelo pegajoso de tanto champán descorchado y derramado. “Lo he repartido entre gente conocida, incluso a una empleada que lleva aquí tan solo un mes trabajando”, asegura. Mientras atiende a EL PAÍS, sigue llamando a todos los clientes que habían reservado mesa para hoy. “No voy a poder dar de comer”, dice, desbordado por la situación, “esto está invadido”.

Flores cuenta que de los dos décimos que jugaba, regaló uno ayer a una peña de quince clientes, porque ya no le quedaban décimos, y se quedó con el otro. 400.000 euros de premio que servirán para “pagar lo que debo y jubilarme”, declara. “Iba a aguantar tres años más, los que le quedan a mi mujer para retirarse”, cuenta, “pero ahora ya no voy a esperar más”. En realidad, sí lo va a hacer. Hasta el día 6 de enero. “Tengo reservas hasta ese día, después, me iré”.

Su hijo, también llamado Basilio, tenía un décimo y le regaló otro a la suegra. Solamente lleva “cuatro meses” con su nueva pareja, “así que he entrado por la puerta grande”, bromea. Avanza que aún no sabe qué va a hacer con el dinero, “disfrutarlo con cabeza”, manifiesta. Asegura también que no había podido conseguir que le dieran una hipoteca, a pesar de negociar durante tres semanas con los bancos. “Tenía un problema con los bancos, ahora lo tienen ellos conmigo”, sentencia.

El bar Pepe sigue lleno de clientes y periodistas. El dueño del local, José Sánchez, arrendador de Flores y ya jubilado, también lleva un décimo. Como casi todos los premiados, tenía acceso a un número que no se ponía a la venta, sino que estaba reservado a miembros de una peña y a clientes habituales. Junto a él está Emeri, una cliente de siempre que celebra junto a su hija Eva y sus nietos que le ha tocado un décimo. Pagarán “cosas pendientes” y el resto lo dedicará a “disfrutar, viajar y comer”.

El 26590 de San Vicente, ciudad dormitorio de muchos trabajadores de Alicante, dedicada principalmente a la industria y que alberga la Universidad de Alicante, ha caído, sobre todo, en la administración número 1, situada en la calle Manuel de Falla. Su propietario, Manuel Soto Terrés, señala que ha repartido 19 series del Gordo “y otra serie más que ha vendido la competencia”, una administración que se encuentra a pocos metros de la suya. “Es un abono de más de 35 años”, prácticamente desde que abrió su despacho de lotería, en 1981. En su historial con el Sorteo de Navidad, nunca había pasado del cuarto premio.

De esta forma, el número agraciado lo han comprado, principalmente, “gente mayor, que llevaba comprándolo desde el principio y nunca le había tocado”. En total, 76 millones de euros repartidos entre clientes que se llevaban “uno o dos décimos cada uno”. El bar Pepe adquirió seis series, “las otras trece, se han vendido en décimos semanales”, señala. También cuenta Soto que un abono fijo de tanto tiempo puede llegar a “heredarse de padres a hijos”. “Uno de los clientes fijos que lo compraban”, relata, “murió hace tres meses, y su hijo ha seguido comprándolo. Y ahora, le ha tocado”.

Moros y cristianos por todo lo alto

Silvia y Pepa, de frente, agraciadas con un décimo de la lotería de Navidad, con Mercedes Guerrero, de espaldas, otra de las afortunadas por el lotero de Alcoi. ampliar foto
Silvia y Pepa, de frente, agraciadas con un décimo de la lotería de Navidad, con Mercedes Guerrero, de espaldas, otra de las afortunadas por el lotero de Alcoi.

Al otro lado de la provincia, en Alcoi, localidad de casi 60.000 habitantes, todo es fiesta a las puertas de la Administración número 3 de Loteria, regentada por Pepe Vitoria, que acaba de entregar el premio grande por primera vez en la historia del establecimiento. "Qué dos horas tan intensas", exclama emocionado. Por su establecimiento ha pasado Pepa y Silvia, madre e hija, poseedoras de un décimo premiado con el Gordo. Un pellizco de 400.000 euros que garantizarán la celebración de unas fiestas de Moros y Cristianos por todo lo alto.

Mercedes Guerrero, una jubilada de 80 años, se une al jolgorio y muestra contenta un cartel con el número 26590. Esta exempleada de Telefónica -el grueso de las 15 series vendidas en Alcoi han ido a parar a un grupo de trabajadores y jubilados de la compañía-, se encargaba de la limpieza de las oficinas y lleva años abonada al número afortunado en este sorteo. Su nieta, Virginia Martínez, le ha acompañado. Con una gran sonrisa en la boca cuenta esta joven, de 30 años, que su abuela está preocupada ahora por cómo repartirá el premio entre una familia tan numerosa, pues tiene seis hijos, once nietos y dos bisnietos.

El lotero, que se ha enterado de que había despachado el número de la suerte mientras hacía su paseo matutino, mira una y otra vez su teléfono móvil. No paran de llamarle. "No me lo puedo creer, estoy muy, contento, muy contento", mientras abraza al resto de empleados del establecimiento que hoy, por fin, acabado el sorteo, celebrarán su comida de Navidad. "Nos lo hemos ganado", exclama. 

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