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OPINIÓN i

La voz de los ausentes

Jordi Solé Tura publicó muchos, varios libros de referencia, y uno puede rastrear su pensamiento expresado en letra escrita a lo largo de tres décadas. Con los líderes actuales no es tan fácil

Jordi Solé Tura con su hijo, en 2007.
Jordi Solé Tura con su hijo, en 2007.

Hace unos días, hablando sin prisas y cordialmente con uno de los llamados “padres de la Constitución” (quedan dos) llegamos a la conclusión de que es lógico que nos embargue de vez en cuanto una sensación de fracaso generacional. De su generación y la mía. ¿Por qué? Porque ni el ni yo habíamos visto venir nada de nada de lo que nos ha llevado a la actual situación. Su desazón era incluso superior a la mía, por dos razones. El, como padre de la Constitución, empleó mucha más energía y pasión a elaborar el texto constitucional, mientras que yo era un simple ciudadano “engagé” como diría Jean Paul Sartre. Pero es duro, hoy, ver como gente que destila una mezcla de arrogancia y simpleza cultural desprecia a personas cuya labor nos ha permitido llegar hasta aquí. Yo no miro nunca nada en el cenagal de las redes, pero según me cuentan causa pavor ver el panorama, no ya en términos de análisis político o expresión cultural, sino desde un punto de vista moral.

Y en esto llegó el cuarenta aniversario de la Constitución. Ha habido pocas celebraciones, muchos comentarios despatarrados en programas de televisión que tampoco pudimos imaginar, y excepcionalmente algunos textos dignos de mención. De entre estos, por su modestia, rigor, y voluntad democrática, cabe destacar un objeto volante poco identificado (le llamaremos OVPI): el Centre d'Estudis per la Democracia Jordi Sole Tura. Cuando Murió Jordi Sole Tura, hace diez años, muchos nos sentimos muy huérfanos. Y el alcalde de Mollet, Josep Monrás, puso todo su empeño en poner en marcha un pequeño centro de estudios para la democracia que, con el empeño de Teresa Eulalia Calzada y el apoyo del pequeño grupo de sospechosos habituales, se ha dedicado a organizar una vez al año unos debates y publicar unos cuadernos para reflexionar sobre la democracia. El volumen 5 de este año, celebra el cuarenta aniversario de la Constitución de una manera inteligente. La idea, empezando por un brillante prólogo de Enric Juliana, era juntar una selección de artículos sobre el tema que nos ocupa, escritos por Jordi Solé Tura entre 1977 y el 2003, con especial atención a cuestiones como federalismo, régimen autonómico o el papel de los comunistas en el proceso constituyente.

Esto permite varias cosas, todas buenas. La primera es sin duda leer a Jordi Sole Tura en sus mismas palabras, esto es, atisbar su pensamiento en su contexto preciso. La segunda, más importante si cabe, es evitar la trampa de “hacer hablar a los muertos”, y esto merece una explicación. Un fenómeno bastante frecuente consiste en hacer decir a los muertos, hoy, lo que opinarían de la situación actual, con el ventajismo de que los interesados (ausentes) no están en posición de replicar, defenderse o reaccionar. Hemos visto algún caso clamoroso por parte de alguien que sigue en Waterloo, en su viaje a ninguna parte… Alguno puede invocar un vínculo muy especial con el que ya no está, tanto que considera que es de su propiedad exclusiva. Pero los muertos no son de nadie y son de mucha gente. Lo mismo pasó hace dos días con una señora del PP que hizo una comparación obscena entre los tiempos de ETA y la actualidad. De inmediato le replicaron dos personas mucho más legitimadas que la tal Cayetana, familiares de asesinados, pero en su sus comentarios nos reconocimos muchos.

Apunta Enric Juliana en la introducción mencionada algunas cosas que producen una gran incomodidad. Sole Tura publicó muchos, varios libros de referencia, y uno puede rastrear su pensamiento expresado en letra escrita a lo largo de tres décadas. Con los líderes actuales no es tan fácil. Pedro Sánchez publica un libro de título heroico, pero se lo ha escrito otra persona. A Pablo Iglesias el libro “se lo ha entrevistado” (perdonen el barbarismo) otra persona. A Pablo Casado… bueno, uno ya se pierde en los arcanos de másteres y posgrados “en la nube”, Torra o Puigdemont son ágrafos, más conocidos por lo que no han escrito, excepto en twitter, que por otra cosa. En efecto, por volver al ensayo de Juliana, ¿puede alguien imaginar que un debate que empieza en 1959 y se precipita —con expulsiones dramáticas de por medio— en 1965, tuviera que ver con la teoría de la estética, el fracaso de la Huelga General Pacífica y Picasso contra el “socialismo realista” de Zhdanov? Ya se, parece que no se entiende gran cosa, pero es para que se animen a contactar en el Centre d'Estudis Per la Democracia y pidan algunas copias de tan interesan lectura.

Pere Vilanova es Catedrático de Ciencia Política (UB)

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