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Doña Manolita reinventa su cola

Además de la fila tradicional, se ofrece una cola virtual: se saca un ticket y se avisa al comprador por sms 15 minutos antes de que llegue el turno

Administracion de Loteria Doña Manolita
La máquina que estrena Doña Manolita, administración de las tradicionales colas para comprar Lotería de Navidad en el centro de Madrid.

Ya no hace falta hacer cola para comprar en Doña Manolita. La famosa administración de Lotería de la calle del Carmen ha instalado una pantalla en la que, por diez céntimos, el comprador introduce su número de teléfono, recibe un ticket con un turno y se puede marcha hasta que le avisan con un mensaje en su móvil 15 minutos antes de que le toque comprar.

Pero las colas —por tradición o por evitar relacionarse con una máquina— no desaparecen. Ayer a mediodía la larga fila tradicional convivía con una más pequeña formada alrededor de la máquina. Dentro, las cuatro ventanillas se han dividido: dos para la fila normal y dos para los clientes con ticket.

Mari Agudo, que ha venido con sus amigas desde Getafe para comprar el décimo, “como todos los años”, llega a la puerta y mira la pantalla. “Ella lo vio ayer por televisión”, dice señalando a su acompañante. “¿Cómo se hace?”, pregunta. La escena, tanto en jóvenes como en mayores, se repite cada pocos minutos. Y Rosalía García es la encargada de poner orden y ayudar a los que dudan.

Lo que más preguntan, además de cómo se utiliza, es si la máquina da décimos de lotería directamente. “Entienden que los diez céntimos que cobramos por el sms [de aviso del turno] son para el billete, pero no, se compra dentro y se suma el precio del mensaje”, explica. Un señor incluso pregunta si por poner su número de móvil le van a fastidiar el regalo, porque le ha comprado un décimo por sorpresa a su mujer. “Esto es la primera vez que me lo preguntan”, reconoce la trabajadora. Bosco Castillejo, vendedor de Doña Manolita desde hace ocho años, asegura que nota más agilidad. “Nos han felicitado, hay gente que nos ha dicho que nunca había venido a comprar por no esperar la fila, pero que con el ticket se había animado a comprar”, asegura.

Sin embargo, la fila sigue ahí. García, que va calle arriba y calle abajo explicando a los clientes el nuevo sistema, cree que muchos no lo usan porque desconfían. “¿Y si se coge el ticket y se me pasa el turno?”, teme una señora que aguarda paciente en la fila.“La gente piensa que es un negocio”, continúa García, “pero lo hacemos por facilitarle la vida al cliente y no molestar a los negocios de alrededor. Las máquinas, las cosas nuevas, siempre cuestan mucho”.

En la fila, la gente sigue esperando bien por tradición, bien porque han planificado así su mañana y tienen tiempo. Algunos ni siquiera entienden por qué siguen comprando en Doña Manolita: “Para la fama que tiene, nunca toca”, se queja la misma clienta.

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