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Entrenar frente al cáncer

La Asociación Española Contra el Cáncer ha lanzado un programa de ejercicio físico oncológico para pacientes en su sede en la capital

De izquierda a derecha, Merche Villar, Óscar Vela, Susana González y Lucía Gil.
De izquierda a derecha, Merche Villar, Óscar Vela, Susana González y Lucía Gil.

A Merche Villar le quitaron seis tumores del pecho y pasó un mes con los brazos doblados hacia los hombros. Así lo indicó el médico. Cuando cuenta que la dejaron “limpita” y que los brazos se le quedaron “muertos”, se emociona. Pero enseguida sonríe, mueve las manos hacia arriba y grita: “¡Mira ahora cómo levanto los brazos!”. Incluso ha vuelto a salir a correr. Sus compañeros de batalla, Óscar Vela y Susana González, también supervivientes de cáncer, se ríen con ella. Los tres han participado en un programa de ejercicio físico oncológico pionero para pacientes en la sede madrileña de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Este sábado, en la Plaza de la Luna, culminan su andadura en la competición de crossfit de Battle Cancer, una entidad que organiza eventos para recaudar fondos contra esta enfermedad. Lo recaudado en Madrid será donado a AECC. La Unidad de Ejercicio Físico de la esta asociación en la capital llegó de la mano de Lucía Gil y Soraya Casla, doctoras en Ciencias del Deporte. Hace un año, iniciaron un programa de tres meses para pacientes que han acabado el tratamiento. Es el primero en España.

“El campo del deporte físico oncológico está llegando ahora aquí,pero en otros países como Australia o Canadá se ha hecho y hay evidencias científicas de los beneficios que tiene”, cuenta Gil. Las sesiones se centran en el ejercicio cardiovascular y en el levantamiento de peso, cada vez con mayor intensidad hasta que los pacientes recuperan su capacidad física.

Los tres pacientes coinciden en los beneficios del programa. Cuando les quitaron el tumor, aseguran, nadie les avisó de los efectos secundarios. Nadie les daba respuestas a por qué ya no tenían fuerzas para nada. Llegaron escépticos a la asociación, aseguran, porque no querían ver a más enfermos contando su enfermedad. Vela, que ha superado un cáncer de recto, se vio solo después de la operación y probó porque ya no tenía “nada que perder”. “Cuando te quitan el tumor el cirujano ya ha hecho su labor: estás vivo”, explica. “Pero de repente ves que te has quedado impedido. Yo no me podía mover, no podía ir a ver a mis amigos porque no llegaba”.

Vela, antes de la entrevista, ha ido a ver a su médico y éste le ha anunciado que no tiene que someterse a la operación para colocar una bolsa que supla sus problemas digestivos. Sus compañeros y su monitora le aplauden y le felicitan. González, quien tuvo cáncer de mama, habla de la diferencia entre la cura clínica y la cura tras la operación: “En el hospital te dicen: tu tratamiento es de quimio, de radio, etcétera. Y te lo dan, te curan y ya está. Luego tienes una serie de cosas en el cuerpo con las que nadie te ha enseñado a lidiar. Aquí te dan herramientas para paliar la pérdida de fuerza, de atención o de memoria”.

Han creado un grupo de apoyo, “una pequeña familia que se entiende”, en palabras de Vela. “Sin hablar de la enfermedad, sabemos lo que nos pasa. Hablamos de lo mismo sin tener que hablar”. Para Villar, lo que hacen en la Unidad Física es ayudar a los pacientes a vivir bien. Reconoce que cuando le quitaron los pechos y se quedó en cama sin poder moverse sola, pensó que para vivir así prefería estar muerta: “Me dieron el alta y vi que tenía que tener los brazos así [los levanta], que no me valía por mí misma. Genial que me den el alta, pero dame también calidad de vida. En la asociación te ayudan a tenerla”.

El sábado, en el campeonato de crossfit, los pacientes realizarán pruebas adaptadas a su estado físico. Su participación es “honorífica y testimonial” para visibilizar la importancia del ejercicio físico oncológico. Entre los competidores, ya hay 66 equipos inscritos que donarán 200 euros cada uno. Gil, que atiende con orgullo cómo sus alumnos hablan de su recuperación, asegura que aquí ha encontrado su trabajo perfecto pero reconoce que al principio no fue fácil. “Hubo un período en el que, al ver a tantos pacientes, pensaba que a mí también me iban a diagnosticar cáncer. Luego se me pasó y ahora pienso que lo que hago es ayudarles a que su vida sea mejor".

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