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CRÍTICA i

Una planta ‘superstar’

‘La tienda de los horrores’ muestra en el Grec a un arrollador Manu Guix

Un momento de la representación de 'La tienda de los horrores', en el Teatre Grec.
Un momento de la representación de 'La tienda de los horrores', en el Teatre Grec.

La tienda de los horrores, que ha podido verse en el Teatre Grec en el marco del festival homónimo barcelonés, es el nuevo reto del tándem formado por Àngel Llàcer y Manu Guix tras el éxito de La jaula de las locas. Ante un público que llenó el anfiteatro, Llàcer dio el pistoletazo de salida y la voraz planta carnívora de la floristería Mushnik se entregó a la más salvaje y disparatada carnícería de la historia del cine y el teatro musical con el talento y la imparable energía de Guix como motor del espectáculo.

El famoso musical de Alan Menken (1982), con libreto y letras de Howard Ashmann a partir de la mítica película The Little Shop of Horrors (1960) de Roger Corman, con guión de Charles Griffith, es la nueva y ambiciosa producción de Nostromo Live. Tras su paso fugaz por el Grec (dos funciones) se instalará a partir del 12 de septiembre en el Coliseum.

La tienda de los horrores

De Alan Menken y Howard Ashman

Dirección: Àngel Llàcer y Manu Guix

 Marc Pociello, Diana Roig, José Corbacho, Ferran Rañé, The Sey Sisters

Teatre Grec

Barcelona, 18 de julio de 2019

La alocada historia de humor, amor y ciencia-ficción, a ritmo de soul y rock & roll (su estreno en España tuvo lugar en 1987, en un montaje de Dagoll Dagom dirigido por Joan Lluís Bozzo) forma parte de la trayectoria de Guix y Llàcer desde sus años de juventud. Con solo 21 años, el compositor y director musical de Operación Triunfo (OT) firmó la adaptación musical, dirigida por Ricard Reguant en 2000, con un Llàcer de 25 años en el papel de Seymour, el tímido dependiente de la vieja floristería del señor Mushnik que cuida una misteriosa planta venusiana con sed de sangre.

Han transcurrido casi dos décadas y ahora codirigen un espectáculo de gran formato, con tres niveles de escenario y una iluminación de Albert Faura que se probaba por primera vez, y con público de estreno. Todo salió bien en una noche de nervios e ilusión con Guix liderando con arrolladora vitalidad, en riguroso directo, un tour de force al frente de la banda y poniendo voz, con sorna y demoledora mala leche, a Audrey II, la planta que puede convertir los deseos en realidad siempre que se sacie su sed de sangre.

Ver en acción a la planta que crece cada vez que engulle y erupta es todo un espectáculo —su voracidad remite, como contrapunto siniestro, al auge del fascismo y los populismos—, gracias los efectos especiales y la maquinaria de la planta. Un poco verdes como actores, Marc Pociello (Seymour) y Diana Roig (Audrey, su compañera de trabajo) dan buena cuenta de las canciones. Musicalmente, quizá deberían rebajar el exceso de azúcar y cursilería de las ya de por sí almibaradas baladas de Menken, al estilo de sus éxitos para Disney, como La sirenita o La Bella y la Bestia.

Es un placer ver en acción a The Sey Sisters, que cantan con naturalidad y contagioso ritmo. Pero quien se lleva la palma es José Corbacho haciendo de José Corbacho, llevando a su terreno, de forma hilarante, varios papeles, en especial el hoy políticamente inaceptable dentista y maltratador de Audrey. El veterano Ferran Rañé otorga carácter al viejo señor Mushnik y un notable equipo de músicos, cantantes y bailarines derrochan entusiasmo en escena.

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